Por qué no me callo. El ALMA DE EUROPA

 

Miguel Angel Asturias, Nobel guatemalteco, vino a Tenerife en 1974 a visitar la cueva del hermano Pedro antes de morir.

Miguel Ángel Asturias, Nobel guatemalteco, vino a Tenerife en 1974 a visitar la cueva del hermano Pedro antes de morir. /quepasamerida.com

 

Cuando, hace cuarenta años, Miguel Ángel Asturias arribó a Tenerife para visitar la cueva del Hermano Pedro antes de morir, el proyecto europeo estaba a medio hacer y las islas, como toda España, soñaban con pertenecer algún día a ese club que simbolizaba la libertad y el progreso. En plena dictadura, anhelábamos Europa, y la figura del paisano betlemita combatiendo, en la Guatemala natal de Asturias del siglo XVII, la pobreza, como Anchieta en Brasil un siglo antes, es una manera alegórica de ver a Europa, esta Europa, como la patria de los parias de la crisis, sin rastro de opulencia. ¿Por qué traigo a colación al Nobel guatemalteco, los dos santos canarios y las horas bajas de Europa? Al autor de ‘El señor Presidente’, preterido en su país en el 40º aniversario de su muerte, le guardo un gran respeto; éramos adolescentes Martín, Zenaido y yo, cuando nos regaló su afecto en los días de 1974 que compartimos en Tenerife con él y su esposa, Blanca Mora, sin saber que apenas le quedaban semanas de vida –murió en Madrid en junio del mismo año-. Los dos misioneros isleños americanistas vienen al caso, uno por la Guatemala de Asturias, a la que dedicó la mitad de su corta vida, y el otro por estos días de fútbol y favelas que ponen al descubierto las heridas de Brasil (y de Neymar). En cuanto a Europa, les cuento. Cada vez me recuerda más a la anticuada América perdedora que se fosilizaba entre caciques dinásticos. Europa perdió el alma a finales de 2007, con la gran depresión. 26 millones de parados de balance y una letanía de dramas domésticos no hablan nada bien de las recetas de Merkel, Schäuble, Durao Barroso, Olli Rehn y Jean-Claude Juncker, quien la próxima semana, precisamente, será confirmado al timón del barco que con los otros ha llevado a la deriva, como premio al desastre del Viejo Mundo que gobiernan los ’fantasmas’ como un castillo salido de un cuento de Lovecraft.

Matteo Renzi, primer ministro italiano, de 39 años, llamó a recuperar "el alma de Europa", en su discurso ante el Parlamento Europeo al inicio de la presidencial semestral de la UE por parte de su país.

Matteo Renzi, primer ministro italiano, de 39 años, llamó a recuperar “el alma de Europa”, en su discurso ante el Parlamento Europeo al inicio de la presidencia semestral italiana de la UE.

 

De ahí que, en la sequía de los mensajes estériles de los líderes planos de este sexenio negro de Europa, me agrade el discurso de Renzi, que no es un poeta, sino el primer ministro italiano –recompensado holgadamente en las urnas europeas-, que la semana pasada reivindicó en Estrasburgo la esperanza de su generación, la de Telémaco –el hijo de Ulises que, tras penalidades, regresó a Ítaca– y llamó a “recuperar el alma de Europa”. Imagino al Parlamento Europeo boquiabierto como el Parlamento canario cuando Adán Martín pronunció en 2003 su inolvidable discurso de investidura en pro de la felicidad.  

 

Adán Martín habló en 2003 de la felicidad en su discurso de investidura ante el Parlamento canario. / Diario de Avisos

Adán Martín habló en 2003 de la felicidad en su discurso de investidura ante el Parlamento canario.
Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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