Por qué no me callo. CHIRINO

Martin Chirino y detrás, la Lady (junto al Colegio de Arquitectos de Santa Cruz de Tenerife) que aportó a la I Exposición de Esculturas en la Calle.

Martin Chirino y detrás, ‘My Lady’ o ‘Lady Tenerife’ (junto al Colegio de Arquitectos de Santa Cruz), que aportó a la I Exposición Internacional de Esculturas en la Calle, en 1973.

 

Esta semana subsana lo de Chirino, que mantiene con Santa Cruz un viejo idilio ‘encarnado’ (color de fragua) en su Lady del Colegio de Arquitectos, pero un día el Ayuntamiento le mutiló una escultura y quedó la herida. Homenaje al herrero que puso una  espiral de acero corten en el jardín del Rey y otra en el MOMA. Todo él de hierro, Chirino, con casi 90, como los cascos de los barcos que su padre le enseñaba de niño varados en los astilleros natales. Pero lo suyo es el fuego más que el mar, la ‘canción de fuego’, de su amiga Sylvia Plath, que se suicidió. Como el mar, su Laguna Estigia, era extenso y el horizonte no se movía, él se fue y no se fue. A bordo de tantos años, tiene la cabeza en su sitio, las manos corcusidas de martillar en el yunque, y, como isleño, está en boca del origen como Odiseo. Las cabezas negras de Chirino (la Caja tiene la suya) son imponentes. Mañana expone junto a ella una retrospectiva en Santa Cruz y La Laguna, y el jueves lo entrevista Juan Cruz: lo trae con buen criterio la Fundación CajaCanarias (viene de ingresar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando) y hagamos las paces.

Chirino y Juan Cruz

Chirino y Juan Cruz

 

Santa Cruz le debía una disculpa pública. Millares, Padorno, Chirino eran una tripleta atacante hasta que la muerte los separó. Y Chirino, superviviente, sigue a su bola, en ningún tiempo, con el viento a favor y a la espera de un museo en el Castillo de la Luz. Un tipo duro, de una pieza, faro las 24 horas del siglo, un peligroso espíritu libre que decía África detrás de la palabra Canarias cuando era anatema y no existía la Casa África. El Chirino tocapelotas del ‘manifiesto’ herreño y la huella aborigen era el mismo aeróvoro de Nueva York, como si Picasso fuera una amenaza por elegir las máscaras de los curanderos del Congo y la negritud. Ahora es gentilicio, somos chirinos, devotos suyos, en la ciudad que lo recibe con la espiral desagraviada en la Plaza de Europa. Sí, este hombre es de hierro a perpetuidad y esta su tribu que lo quiere.

 

'El sueño de los continentes', en la Plaza de Europa de Santa Cruz, una escultura de Chirino que el Ayuntamiento debió recomponer tras haberla amputado en unos Carnavales alegando razones de seguridad.

‘El sueño de los continentes’, en la Plaza de Europa de Santa Cruz, una escultura de Chirino que el Ayuntamiento debió recomponer tras haberla amputado en unos Carnavales alegando razones de seguridad.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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