Por qué no me callo. COLETA Y SOLIDEO

 

Pablo Iglesias. Foto: Efe

Pablo Iglesias, de ‘Podenos’, en una reciente visita a Israel. Foto: Efe

 

La exuberancia irracional. Esto tenemos. Un sistema enloquecido de sacacuartos y cuentacorrentistas en Suiza en el cuarto de hora que llevamos de democracia y cornucopia. Si en medio de esta ruina económica y moral, de crisis y corrupción, alguien pregunta qué jefe de Estado suscita mayor consenso, hay uno con mando en plaza en 44 hectáreas: el papa Francisco. Bergoglio, paisano de Ernesto Guevara, lamenta que su defensa de los pobres lo presuponga comunista. La paradoja del sistema eleva a los altares laicos de la política al mandatario teocrático cuyo país (el Vaticano) es el más pequeño del mundo, y en España encumbra (hay expectación hoy por la encuesta del CIS) a las milicias sarracenas de Podemos, unos tales guerreros del desierto que llevan coleta en tanto el Che barbilampiño se dejaba la perilla y un bigote disparejo. En la pocilga arden hogueras poco convencionales, en una noche de San Juan de los muebles corrompidos de la democracia, y el resultado es este canguelo por si el chavismo cruza el charco en un ten con ten con los Syriza griegos, los Ukip con su escaño en Westminster, los fachas franceses de Marine Le Pen y el decrecentista Beppe Grillo y su ‘vaffanculo’ (“vete a tomar por el culo”), todo ello en el corazón contrito de Europa. Acaso estemos yendo demasiado lejos en las demoscopias y los juicios paralelos, pero los escándalos de corrupción consiguen este efecto ébola en los partidos y las barras de los bares que es donde se cuece la alta política.

Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco.

Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco.

 

Ahora se habla del Papa, de Pablo (Iglesias) y de Pablo (Ruz), esos personajes bíblicos. Las prioridades se las lleva el viento: lo que hasta antes de ayer más influía en el voto era la recuperación económica, hace cinco minutos que es la recuperación ética. A Rajoy y Pedro Sánchez les entra la agonía del año preelectoral, y a Rosa Díez y Cayo Lara el síndrome de Casillas desbancado un buen día por un inédito Adán. Si el Papa se atreve a darle vuelta al solideo de sus cardenales carcas sobre gais y divorciados, ¿por qué los demás estadistas no meten en vereda a sus ovejas negras? Justicia social, acuñó un sacerdote italiano del siglo XIX, Luigi Taparelli.

 

 

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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