Por qué no me callo. KOHL & GORBACHOV

 

El histórico canciller alemán Helmut Kohl, artífice de la caída del muro de Berlín, con  la consiguiente unificación de su país, bromea con la planta tocaya. /Foto: Reuters.

El histórico canciller alemán Helmut Kohl, artífice de la caída del muro de Berlín, hace ahora 25 años, con la consiguiente unificación de su país, bromea con la planta tocaya. Fue huésped de Lanzarote. /Foto: Reuters.

 

La mediocridad política que nos atañe, con la regeneración en mantillas, el 9-N de falsete y la unión europea en cabestrillo, salta a la vista cuando el 25 aniversario –anoche- de la caída del muro de Berlín nos recita a quiénes timonearon los años 80 con envidiable competencia, con qué redaños saltaron las vallas de la historia. Gorbachov, Kohl, Thatcher, Miterrand, Bush padre, Felipe González y Jacques Delors no tenían desperdicio, como a comienzos de los 60, cuando el vientre de Europa se escindió tras la cesárea de la II Guerra Mundial con el costurón berlinés, y en el ‘paddock’ de la ‘Fórmula 1’ coexistían Adenauer, Kruschev y Kennedy; este último con la pulsión rijosa de Monago, cuyos vuelos de amor a Tenerife lo traicionan en maldita la hora menos en Canarias. El muro de la vergüenza –venimos de la patera de la vergüenza, mismo género, la ignominia- cayó de la noche a la mañana, y eran estadistas, no estos subalternos afanados. Pero la avalancha que hoy (supongamos que es noviembre del 89 todavía) tiró abajo definitivamente el muro segmentado entre abrazos y cerveza a discreción, por un malentendido en televisión que precipitó los acontecimientos, fue producto de una jugada maestra entre Kohl y Gorbachov meses antes (bendecida por Bush) paseando delante del Rin. La unificación alemana, dijo el canciller (‘Der Elefant’), “fluye como ese río”, y el padre de la perestroika secundó la metáfora, porque el final del bloque comunista corría, a su vez, parejo bajo la mácula de su cabeza. Kohl, aquel grandullón tragaldabas, objeto de burlas, siempre reía el último. Los dos vinieron a Lanzarote después. Hoy me parece inaudita la ‘amistad’ de semanas que labré con Gorbachov (el ‘comunista mutado’, como lo llamaba Reagan) y Raisa, haciendo footing por la costa de Teguise con varios compañeros, sus abrazos campechanos que me azaraban en público, y una hora de entrevista en La Mareta para El País, con este colofón: “¿Es consciente de haber sido el hombre que cambió el rumbo de la historia?””Sí, lo sé”, respondió con 61 años.

 

Mijail Gorbachov, último presidente de la URSS, consensuó con Kohl la demolición del muro, símbolo de la Guerra Fría.

Mijaíl Gorbachov, último presidente de la URSS, consensuó con Kohl la demolición del muro, símbolo de la Guerra Fría. Disfrutó también en Lanzarote con Raisa, su esposa, de las primeras vacaciones fuera de su país tras dejar el poder.

 

 

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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