Por qué no me callo. AUSENTES INOLVIDABLES Y UNA MENTE MARAVILLOSA

 

Maya Plisetskaya

Maya Plisétskaya

 

Cuando volvamos aquí el próximo lunes, Dios mediante, ya será 2016. Y no se trata de ninguna inocentada propia de este 28 de diciembre, que me trae a la memoria a un tal Muntañola, personaje de ficción de una parodia en Radio Club en los años  en que éramos inocentes. A los postres del año que termina, yo quiero rendirle mi tributo particular. Siempre creí en él, confiaba en que traería en sus alforjas unas cuantas novedades que me harían sonreír. Se daba la circunstancia de que siete años atrás había comenzado la crisis de nuestras vidas, como la llama José Carlos Francisco. Un período inhóspito de guerra y posguerra, en que la calle, fotografiada a vista de pájaro, lucía desierta y algunas casas amenazaban ruina y en los bares estaban de luto, y nadie levantaba la cabeza. Hace poco, comentaba con alguien estas imágenes que no son remotas, sino flashes de antes de ayer, y yo no logro olvidar la tristeza de las caras de la gente por la calle; siempre digo que soy un buen termómetro: no conduzco, voy a pie por la vida. Cuando 2015 apareció en escena yo albergaba, por lo tanto, muchas esperanzas, casi lo idealicé. Mi año talismán. ¿Es cierta esa dudosa taumaturgia que asigno al año más endiabladamente electoral y laberíntico que recuerdo? Yo creo que sí. La válvula es el consumo, me decía esta semana Martín García Garzón, el empresario que cumple 50 años de abajo arriba, un salmantino con más años de canario a las espaldas (medio siglo de adopción natural en la cima de la industria mostrando al mundo sus perniles porcinos, fundador de la marca de jamones ‘Montesano’, que es como decir a 2015, pase, siéntese, quédese con nosotros, hombre, pruebe ese ‘caviar’ y sigamos en buena compañía). Me cuesta decirle adiós al año que trajo el consumo (consumo es trabajo, dice García Garzón), al año que trajo ‘Viva la Radio’ y refundó Diario de Avisos. Me cuesta imaginar que a mediados de semana ya no estará entre nosotros. Le cogí cariño. Hace veinte años murió Grande Covián, que nos dejó este consejo: “comer de todo en plato de postre”. Nos hemos comido el año entero y a mí me supo a poco, en línea con el sabio de la nutrición. Reparo, de paso, en que se nos olvidó Grande Covián: veinte años después apenas nadie lo ha recordado.

Carmen Balcells y Vargas Llosa

Carmen Balcells y Vargas Llosa

Y entonces me he puesto a husmear en la nómina de los que se fueron este 2015 y me he llevado las manos a la cabeza. ¡Cuánta gente fenomenal e inolvidable, que ha sido parte de nuestras vidas, se ha ido, nos ha dejado en este año que, precisamente, yo acabo de designar como un año feliz!  El cantante Demis Roussos (al que Covián habría recomendado una dieta adelgazante para alargar la vida), y un catálogo de artistas: Lina Morgan, Amparo Baró, Marujita Díaz, Ana Diosdado, ‘Saza’ (Sazatornil). Se fueron Daniel Rabinovich (Les Luthiers), Lara, el editor hijo del editor (Planeta); el comandante Spock de ‘Star Trek’ (Leonard Nimoy), Drácula (Chrstopher Lee), Omar Shariff y Laura Antonelli; Moncho Alpuente (el de ‘Las madres del cordero’ y ‘Desde Santurce a Bilbao Blues Band’), Javier Krahe; y cineastas: el portugués Manoel de Oliveira, que traspuso los cien años y parecía inmortal, y el español Vicente Aranda, que hizo en cine ‘La pasión turca’,  de Antonio Gala, para disgusto del autor de la novela, refractario a la versión que protagonizó Ana Belén; los inefables Günter Grass y Eduardo Galeano (ya enfermo fue imposible la entrevista en Guía de Isora); la bailarina del siglo XX Maya Plisétskaya; B.B.King (sinónimo de blues), que tocaba todos los días de todos los años según la leyenda; mi admirado Jesús Hermida, que contradijo el manual de telegenia y en la Luna nos está esperando; Alberto Schommer (el genial fotógrafo no me perdonó el malentendido de la cita frustrada que no se publicó); Carmen Balcells (la mecenas de Vargas Llosa, que apenas sobrevivió unos meses a su otro íntimo autor, García Márquez, como si temiera perderlo porque un ángel se hiciera agente literario de él), Henning Mankell, André Glucksman (que satirizó a la izquierda marxista y lo tachaban de carca); Manuel Molina, el cantante flamenco que hace tanto conocí cuando en tiempos de con Lole; el Nobel que venció a la esquizofrenia, John Nash (‘Una mente maravillosa’), muerto en un taxi en una calle cualquiera con su mujer; Oliver Sacks (el Sherlock Holmes de la mente humana); el canciller Helmut Schmidt (que venía a Las Palmas a tocar el piano), el socialista Txiki Benegas, que llamó  ‘dios’ a Felipe González por el motorola, y el paisano Pedro Zerolo, un adelantado de los derechos sociales del mundo gai, y un político-coraje. Los enumero una y otra vez. Ojalá que nunca los olvidemos, así vengan 2016 años más y nosotros lo veamos, ya junto a todos ellos. Feliz año nuevo.

Pedro Zerolo

Pedro Zerolo

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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