Por qué no me callo. LAS ARRUGAS DE LA DEMOCRACIA

SAAVEDRA SENTADO

Jerónimo Saavedra/agenciabk.net

 

Dos políticos en la reserva abrieron la boca la semana pasada y dieron que hablar, como decía José Hierro, “por dar libertad a  mi demonio”. Mientras la política española está como ese rascacielos de Dubái en llamas en año nuevo, la política canaria vive en estado de hibernación desde las autonómicas, pues ya esa noche se hicieron cábalas interesadas de que el pacto ‘naciosocialista’ nació en falso en ganando el PP. Dependía del 20D. Y de las generales resulta que no depende ni el propio gobierno de la nación, si acabamos abocados a nuevas elecciones –a la pira funeraria de las urnas para más de uno-, al cabo del no de la CUP a Artur Mas. Desde ayer sabemos que Cataluña vuelve a votar en marzo. Y ese viento trae consigo repetirlas en España, salvo un ejercicio funambulesco de responsabilidad de PP y PSOE. El pacto canario está por ahora sujeto con el ataharre de unas Cortes que envidian la mayoría que rige en las islas y ya quisieran para sí nuestra experiencia en materia de alianzas. Si los dos grandes se sientan y ponen orden, paradójicamente viviremos, tras las tarascadas, una etapa inusitada de estabilidad. ¿Han reparado que los tres –con Ciudadanos-sumarían más del 70% del hemiciclo? A tal extremo llega el veredicto popular, que ha ideado la fórmula del mayor consenso posible que rebaje la ‘temperatura país’ –la homeotermia política al poder-, poniendo en ese brete a los actores de este momento político orbital.

Tomás Padrón/Gelmert Finola.

Tomás Padrón/Gelmert Finola.

Si Rajoy, Sánchez y Rivera no resuelven el sudoku, que es de cajón, se merece (aquel que lo impida) irse a casa y un cenotafio. Si se imponen las tesis de coturno de los sénecas mediáticos en las rondas radio-televisivas –excluyentes y sectarios-, significa que este país no tiene remedio. Un tertuliano rayó en la soberbia culpando a los ciudadanos de haberse equivocado la noche del 20D. El error no ha sido de los votantes. El error, si acaso, ha sido votar, si no va a servir para nada. El error, este craso error de las prepotencias jerárquicas de los partidos, es de ellos, de los líderes y cúpulas, y lo pagarán caro. No bajarse del burro y descifrar el mandato palmario que proclaman los votos no es torpeza, sino arrogancia, intransigencia, mala vejez. Jóvenes, pero cascarrabias, algunos chochean y no están para estos trotes. El año 20 nos dejó un paralelismo del 20D. Fue la última vez que se votó en diciembre hasta el otro día; los dos grandes partidos (conservadores y liberales) entraron en barrena; el Parlamento se fragmentó y el país resultó ingobernable bajo múltiples facciones. Se venían sucediendo inútilmente convocatorias electorales a capricho: hasta tres en los tres últimos años. La gente estaba harta y el desencuentro de los jefes políticos jurando en arameo fue el caldo de cultivo de Primo de Rivera. La Gran Guerra trajo consigo una crisis de caballo y los partidos se echaron a la bartola rumbo al tribalismo.

José Ortega y Gasset(filosofia.org

José Ortega y Gasset/filosofia.org

No estamos hoy al final de la restauración ni a las puertas de una dictadura. Pero entre entonces y ahora, algo hay que se parece: la ineptitud de los dirigentes (Ortega ya había conceptualizado la ‘vieja y nueva política’ que algunos creen haber acuñado estos días). La historia no tiene más historia. Pero es implacable con quienes no dan la talla. Jerónimo Saavedra, fiel al rol de oráculo, respondió con apólogos a la llamada de esta casa y soltó lo que soltó. Saavedra no dice lo que dice porque frise los 80 años. Con poco más de 70 me dijo en una entrevista televisiva que el ministro de Justicia Bermejo debía dimitir tras la cacería con GarzónGoogle está lleno de entradas con esa noticia-, y con 50, en El País, que discrepaba de Guerra, y aun de González. Voces insobornables como la suya no son frecuentes. Que el exministro dijera públicamente ahora que se impone un gobierno en minoría popular con la abstención programada –leyes a cambio del voto pasivo- del PSOE y Ciudadanos, y, llegado el caso, una Gran Coalición a la alemana, habrá podido chirriar a algunos instalados en el purismo estético de la alternancia maniquea. Pero ha vuelto a ser certero, al pan, pan y al vino, vino. Unas nuevas elecciones serían una vergüenza nacional. Volver al año 20. Y el PSOE no está para bromas vendiendo la moto de un ‘pentapartito’ ni exponiéndose a segarse la hierba bajo los pies.

Juan Manuel García Ramos/DA

Juan Manuel García Ramos/DA

El ocaso de este ciclo no es el cambio ideológico en las urnas, todavía no –hay un mero revoque de fachada por ahora-, sino la incapacidad innoble de los líderes para hallar fugas imaginativas al laberinto y ahorrarles a los ciudadanos una recaída económica y otro peaje electoral. Este colapso está invocando el voto en blanco de la fábula de Saramago, y ese sí será el cambio, la muerte de un sistema inane de partidos obsoletos, sin cintura, barridos de escena por podemos, ciudadanos y otras fratrías espontáneas en la nueva era fractal. Es la esclerosis de los cíclopes. Como Casandra, políticos bregados en las mudanzas de la democracia, advierten –Saavedra lo ha hecho desde estas páginas con repercusión nacional- del peligro de ceder a los bajos odios del bipartidismo, pero como en el mito griego, nadie cree a los augures. Desde El Hierro, Tomás Padrón –que ayer rompía aquí su silencio- abogaba por la política sin egos, para formar gobierno, y, de paso, envió algunos recados en clave interna, a los suyos –Coalición Canaria- y al propio Gobierno de la Comunidad, para evitar, ante el nuevo pleito, una Canarias “de dos velocidades”, con “islas colaterales y  nodrizas”. Saavedra aventura que corre peligro el socialismo, y Tomás Padrón dice que el nacionalismo se la juega –la improbable sospecha de un pacto PP-PSOE en Madrid ya alimenta la maldad de los cenáculos en las islas: la ‘venganza’ de un pacto clon, que en su día vetó Alfonso Guerra-. Juan Manuel García Ramos (PNC) y Tomás Padrón (AHI) han lanzado el mismo S.O.S. en las últimas horas. El resultado de las elecciones generales de 2015 coloca en 2016 a los partidos delante del espejo. Y algunos se han visto las arrugas. Ahora averiguaremos quién ha sabido envejecer mejor.

Casandra, el mito griego.

Casandra, el mito griego.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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