Por qué no me callo. IL DIVO

 

Giulio Andreotti./epochtimes.it

Giulio Andreotti./epochtimes.it

 

‘Il divo’ fue una película laureada en Cannes sobre el lado oscuro de la política italiana corrompida por los demonios de la tangentópolis y tan cerca de los ángeles vaticanos. El protagonista era un mefistofélico santurrón, Andreotti, su vida, un biopic. A mí me intrigaba en los años 70 la omnipresencia del político alabeado de trajes negros que arrastraba los pies como si caminara descalzo, sigilosamente. Giulio Andreotti era siniestro, un papa jorobado de la democracia cristiana, que permaneció en el poder medio siglo con esa dejadez o en los aledaños de la cosa pública. Cuando lo juzgaron en vano bajo sospecha de ciertos lazos con la Cosa Nostra –en base a un beso ritual al capo Toto Riina-, resistía como un estafermo las embestidas de los medios y enemigos que lo querían mandar al infierno como fuera. “Mi vieja tía Mariannina repetía con frecuencia que al paraíso no se llega en carruaje”, se lamentaba. Pero nada le quitaría el aliento, sino la crisis respiratoria que se lo llevó por delante a los 94 años, hace apenas tres, después de haber sido con reiteración ministro todoterreno y primer ministro, dejando a su paso una estela de cadáveres y la leyenda de que era de hierro bajo un aspecto triste e indefenso. Tenía esa indolencia en la cara de cura y un aire de hombre corriente, que a veces parecía tierno. Al final de sus días de senador vitalicio era apenas un alambre retorcido en un escaño, pero conservaba los ojos nocturnos de búho alertas entre tantas sabandijas.

Mariano Rajoy/publico.es

Mariano Rajoy/publico.es

 

Rajoy es ‘il divo’ español, lleva la procesión por dentro, se enroca como aquel en los cargos, les adorna una infinita paciencia, cierto humor despectivo hacia los que les rodean y los dos han sido muchas veces ministros y han tocado la cabeza del poder, han tenido esa suerte o esa desgracia. Son políticos híbridos. Rajoy, cachazudo y católico taciturno, torea también los escándalos de corrupción muy a la manera desganada de Andreotti, que luego no se iba nunca de los sitios. El cansancio que trasudan todos estos decanos de la porca política, no es nada comparado con la oposición: “el poder desgasta al que no lo tiene”, decía el italiano con media sonrisa de cardenal hipoacúsico. Ambos hicieron Derecho y todo ese afán de perpetuarse tiene mucho de fenotipo, de personajes amorfos, contraídos, gafudos y hasta ciegos, como el eterno Balaguer dominicano de ‘La fiesta del chivo’. Tienen fieles, se hacen querer bajo un palio de odios, y  no le dan a todo el  mundo la mano.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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