Por qué no me callo. LA CÁMARA DEL FÓTOGRAFO

Trino Garriga. /Fotos:Sergio Méndez.DA

Trino Garriga. /Fotos:Sergio Méndez.DA

 

Trino Garriga se conserva a los 87 años como un pibe y seguirá igual cuando escuche cien gaitas como 100 Pipers. En la cubeta había buen qüisqui escocés mientras revelaba con la sombra al cuello, mediado el siglo, las  peripecias de Pérez Jiménez, Rómulo Betancourt o Caldera, yendo y viniendo al Palacio de Miraflores en aquella Caracas tumultuaria en blanco y negro, sin embargo, menos bélica que hoy. Dice, “vale” y no recuerdo si también dice “flipa”, pero le pega a su lenguaje jacarandoso de jiribilla octogenario. Tiene casi 90 y lamenta que lo jubilaran hace 20, pues no se ha quitado la cámara de encima y ha pasado del magnesio al digital como un inmortalísimo del oficio secular del reportero gráfico (ni le menciono el mote de fotoperiodista). Si a esas alturas de la vida se llega tan desenvuelto y pizpireta como Trino, el fiel diputado número 62, yo quisiera ser Trino el día de mañana si Dios transige ese plagio. El Parlamento es la segunda casa del  incombustible liqui liqui que he conocido en las dos orillas como si el paso del tiempo se hubiera olvidado de él. El Parlamento es la ‘cámara’ de este fotógrafo con hijo sucesor desde que cambió los presidentes de Venezuela por los de Canarias –“Olarte era un show, vale”- que no cuelga las botas, porque ha sido un correcaminos toda la vida y ha visto morir a su lado a más de uno cámara en ristre de un tiro o una explosión curado de espanto. Él, ‘cámara en ristre’, sigue yendo todos los días al Parlamento, como el asesino que vuelve a la escena del crimen (“¡dispara, Trino!”), porque la foto de Nixon no le cayó del cielo y para la de Fidel se hizo pasar por camarero, como ahora se hace pasar aún por el diputado número 61. La camiseta que nadie se volverá a poner, por respeto al ojo y al visor del padre de las 19 fotos que cuelgan de las paredes de la casa de la espiral hasta final de mes. “¿La foto que no hice? A Julio Iglesias en Caracas patinando sobre las maletas al entrar en el hotel cuando le dijo a Fernando Fernández, “nacionalízame canario”. Julio viene en julio y ese es otro con 73 tacos indemne de los rayos UVA, las malas noches y las miles de mujeres. Gay Talese, el ‘nuevo periodista’ de 84 años, cuenta ahora en un libro cómo espiaba a los amantes desde el falso techo el dueño de un motel de Colorado. Talese y Trino habrían sido un dúo legendario además de longevo en el periodismo americano. Pero Trino no habría fotografiado una felación, que era lo habitual en el motel del voyeur. No cuesta trabajo imaginarse a Julio en esa ‘iglesia’. “La rosa es una rosa es una rosa./Tu rosa es una rosa es una boca”, escribió el último Cervantes, Fernando del Paso, otro ‘drago’ octogenario en boga.

 

Gay Talese.

Gay Talese.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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