Por qué no me callo. LOS ESPEJOS DE LAS URNAS

Íñigo Errejón y Pablo Iglesias, cuando eran adolescentes.

Íñigo Errejón y Pablo Iglesias, cuando eran adolescentes.

 

Paseas por Madrid en el puente largo de Mayo, y en la Puerta del Sol hay un equilibrista que finge guardar una postura imposible, suspendido en escorzo en el aire,  con un solo punto de apoyo. El público lo observa incrédulo y deposita unas monedas en su hucha sin conseguir desvelar el misterio de la acrobacia. Por lo visto, en YouTube circula un vídeo que desmantela el número como si colocara espejos que lo delatan: un sólido soporte inmoviliza el cuerpo bajo las ropas y simula el alarde. En el pedestal donde se afianza la mano falsa se lee: “El equilibrio es la base fundamental para dar un salto grandioso al éxito.” Un mensaje muy electoral, por otra parte, que aquí tampoco resulta fiable. Hay un doble sentido en casi todas las facetas de la vida política; unos embustes se consienten más que otros. Por dar una versión y contradecirse ha dimitido un ministro. Alemania es un dechado de políticos en barbecho por meter la gamba en el currículo o fardar de tesis y descubrirse el plagio. Hay otro tic que pertenece al mismo género del simulacro. Un buen ejemplo es el reciente acto de contrición de Pedro Sánchez ante Carlos Herrera (en la Cope), admitiendo que se había equivocado al tachar a Rajoy de “indecente.” Rectificar es de sabios, pero la condenada locuacidad hace del político rehén de sus palabras colgado en el precipicio, y el respetable digiere mal las piruetas temerarias del lenguaje, como si al volatinero de la Puerta del Sol se le saliera debajo de la camisa el artilugio tramposo que lo sostiene en el aire y pidiera perdón. El corro de curiosos daría media vuelta y se largaría murmurando. Zapatero es un ateo de pies a cabeza, pero le contó el otro día Pedro J. Ramírez a Bertín Osborne (en Telecinco) que cuando aquel intervino ante Obama en el Desayuno Nacional de la Oración en Washington –un acto que monta el primer jueves de febrero un poderoso lobby cristiano- llevaba en el bolsillo de la chaqueta una estampita de la Virgen de Candelaria, que le entregó ex profeso el citado Herrera, a quien el azar ha dado entrada hoy aquí dos veces sin doble intención –ya que de esto va la columna-. Los políticos son una mina de dobleces e imposturas. A veces, los políticos se parecen a los políticos. Sánchez decía el domingo en El Mundo que vio cerca el Gobierno hasta que en Podemos se impuso “el ala dura que representan Iglesias y Juan Carlos Monedero a la más moderada de Íñigo Errejón.” Monedero me contaba el jueves, tras el Punto de Encuentro de DIARIO DE AVISOS en el Mencey, que “el radical fue siempre Errejón –su alumno- y el moderado era yo”. Es la carga de la culpa. Metroscopia, sin embargo, se la endosa en El País al propio Sánchez. ¿Qué dirán los espejos de las urnas? Esos no engañarán.

Juan Carlos Monedero, en Punto de Encuentro, de DIARIO DE AVISOS.

Juan Carlos Monedero, en Punto de Encuentro, de DIARIO DE AVISOS en el Hotel Mencey.

 

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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