Por qué no me callo. Blahnik y el Brexit

Manolo Blahnik./F: fashionweek.mx

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El sueño olvidado. ¿Tiene Europa los pies de barro? La quimérica Europa tenía el ego subido antes de la crisis. Esta que vegeta es el fantasma de aquel sueño olvidado. Si en junio -mes presencial en España tras cuatro meses de ausencia- se consuma el Brexit, este Día de Europa, que celebrábamos ayer, habrá sido una broma pesada. Pero el descalabro de la declaración Schuman -el ministro francés que aglutinó a los estados del carbón y el acero- no se debe en exclusiva a este desafío de Londres, contra el que Cameron disuade como una amenaza de guerra (el temor fundador). Esta crisis política europea tan colosal se expande con el seísmo de la crisis económica. La agonía del credo europeo es como si de una apostasía se tratara. ¿Se cree en Europa hoy como ayer? Alemania es la gran madraza, incluso contra su voluntad. En este contubernio hay más ripio que metáfora, y la UE se ha vuelto una mera transliteración de siglas que se han vaciado de contenido. Unos europeos muy obsecuentes, capital Berlín. La austeridad como diktat, donde el señor de la silla de ruedas se pasea como Ironside por las estancias palaciegas de Bruselas y es dios. No es que Schäuble, impedido por las secuelas de un atentado como Raymond Burr, se mueva como un capo investido del cliché.

También Stephen Hawking lo hace y despierta simpatías. Ya he escrito aquí que nuestra era venera a los científicos y deplora a los políticos. Hemos perdido la libertad, somos menos europeos soberanos, títeres, en el sentido del ensayista inglés John Gray, autor de El alma de las marionetas. Resulta que tengo la edad de la Unión Europea: 59 tacos, dos puretas, puro vintage. Nacimos el mismo año y mes: marzo de 1957. Con los Tratados de Roma. Si los idus lo consienten, en la próxima primavera, Europa y yo, señora, cumpliremos 60 sin pandeo. La democracia española se flagela porque se tambalea con tan solo cuatro décadas (las mismas que El País y casi que Valerón) y se exige cambios, y, en cambio, Europa camina hacia el abismo a inmolarse sin pestañear, consciente de que la está cagando con los refugiados, la recesión, el dislate de Le Pen, el brócoli multicultural y ciertas bombas de racimo. Los ojos de Europa miran a Londres, donde se la juega. Donde el nuevo alcalde se llama Sadiq Khan, hijo de una costurera y un chofer de guaguas, pakistaníes. En ese país vive el canario Manolo Blahnik, nuestro Premio Taburiente y desde mañana doctor honoris causa de La Laguna. ¡Cuánto sinsentido en esta época absurda! El zapatero de Europa puede quedarse con los pies fuera de ella, como la excéntrica Albión, si gana el no en el referéndum del 23 de junio. Y sin Blahnik y con el Brexit, Europa se queda descalza, con los pies de barro.

David Cameron

David Cameron

 

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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