Por qué no me callo. LA PATERA DE PEDRO GONZÁLEZ

Pedro González./eldiariodetenerife.com

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A esas edades, frisando los 90, prácticamente el siglo de vida, lo que queda es velar al muerto insigne, al cosmoarte en arte y hueso reposando tras la refriega como el guerrero de Moore. Pedro González era pétreo y contrincante, un valladar; en el PSOE le tenían respeto, daba media vuelta, carretera y lienzo, y decía, ¿qué pinto yo aquí? Socarrón, medio asceta, en Fuente Cañizares tenía debilidad por los cuadros desmesurados, todo llevaba el mismo sello de fábrica. PG: un monograma de ‘figuraciones abstractas’. Pedro era nuestro González de la etapa democrática. Era químico, conjugaba bien los verbos de la paleta, tenía un estilo propio, una majadería inconfundible en la expresión. Es verdad que producía muchos ‘pedrogonzález’, como Picasso; tenía esa incontinencia que los marchantes no perdonan al tasar el género. Y después de muerto toda esa feracidad cotiza alto. El hermano de Pedro era Antonio González, el Premio Príncipe de Asturias, su padre, su hermano mayor, su maestro. Los dos se han ido. Cuando se hizo un hombre, cogió la maleta del otro Pedro (Lezcano) rumbo a donde si no: América. No era esta Venezuela al borde de la guerra civil, sino la del Jesús Soto cinético. Pedro cogió fundamento, se hizo docente y decente como diría ‘Pedro’ Sánchez, expuso, ‘caraqueó’ y sintió cierto vicio por Corot. Los venezolanos llaman ‘corotos’ a los bultos del equipaje, desde que un general llegó fardando con un paisaje del francés y, entre burlas, creó sin querer la muletilla de todas las cosas. Tampoco Tenerife años 60 era esto con nuestra mindundez. A Pedro Tarquis y Antonio Vizcaya los trataba yo en ‘La Prensa’ de mi tío Paco como a dos parroquianos de Castillo y Suárez Guerra en la iglesia de libros. Pedro González fundó el Grupo Nuestro Arte con ellos y Pepe Abad, Enrique Lite, Maribel Nazco, María Belén Morales…, la ‘generación escachada’. Alguna vez los espié en el Sotomayor desde la acera, porque era un niño más cohibido que los personajes solipsistas de Salinger. Después me hice amigo de Pedro y lo entrevisté ‘cienes’ de veces. Era condescendiente y padre de Pedro Zerolo, cuya plaza póstuma de Madrid nace cuando el pintor deja la suya vacante. Pedro alcalde era contestatario en la ‘Venecia’ lagunera, con aquella impronta y aquellos prontos y el ayuno largo por el vertedero. Era un 15-M al óleo mucho antes de esta ira. El compromiso lo traía ya en las venas. Era pura posguerra tras los tantos lances. Había nacido el año de la división provincial. No era solo arte, sino parte. Hizo aquel periodismo a toda plana: la crónica negra de África entrando por las playas. La exposición se tituló ‘La patera’. Él sabía lo que era ser emigrante. Ahora acaba de subirse a la última patera de su vida con Caronte.

'La Patera', de Pedro González.

‘La Patera’, de Pedro González.

 

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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