Por qué no me callo. EL MUNDO SIN ALI

Alí venció a Foreman y urdió su leyenda./youtube.com

Alí venció a Foreman y urdió su leyenda./youtube.com

 

 

Cassius Clay o Muhammad AlI tenía el ego por testigo de sus hazañas (“cuando eres tan grandioso como yo, es difícil ser humilde”) y nunca dio el brazo a torcer, ni cuando dijo no a Vietnam, ni cuando el Parkinson le duró todos los asaltos fuera del ring. De esa proeza extrema de Stephen Hawking con la ELA que lo maniata y no lo mata soñando con precipitarse sobre un agujero negro. Hawking, que viene en junio a su ‘olimpiada’ con los Nobel de Starmust. Nacieron en enero del 42, los dos, de esa pasta de invencibles glorias humanas inmortales; el inglés, con la vena esotérica de Yeats, y el norteamericano (“Soy América”) con la megalomanía ecuménica de Whitman, tal para cual tocando las estrellas, pues todo en la vida –bien mirado- es astrofísica monda y lironda. Sobre la lona –se ha repetido mil y una veces con esta- flotaba como una mariposa y picaba como una abeja, según decía él de sí mismo, que era su mejor exégeta, esteta y atleta. Era un fanfarrón encantador, “negro, seguro de mí mismo.” se le iba todo por la boca risueña lejos de las cuerdas, porque las cámaras y los flashes lo incitaban, y algunas de esas cosas de bocazas racial las vemos en la verborrea de Pablo Iglesias como un alumno principiante de dios que asalta los cielos. Su combate con Foreman en Zaire fue la épica de un hombre mítico sin tregua que soportó la paliza de su vida para ganar la velada de la historia con los guantes en la entrepierna bien puestos. Toca hablar de los números uno que han sobrevivido. El de este periódico, un 6 de junio del 76, en la capital tinerfeña, trasterrado de La Palma, donde era “el periódico de casa”, como nos dijo Blahnik en La Laguna investido con el Premio Taburiente de DA y el doctor honoris causa de la ULL una mañana de mayo. La Palma es la primera en todo lo que se propone: en tener luz eléctrica y teléfono a finales del XIX cuando Canarias todavía estaba a oscuras y se comunicaba de lejos por señas, salvo los gomeros, con su silbato inalámbrico; los palmeros tenían una escuela lancasteriana, única en Canarias, que fue cerrada y dio que hablar. Y tenían al periodista deportivo Álvaro Castañeda, que no podía ver perder al Tenerife y cerraba los ojos en el palco de prensa del estadio. La falta de Ali de este mundo nos deja noqueados; nos queda su hija Laila, pero colgó los guantes y se hizo actriz. Este viernes saltan al ring los cuatro púgiles; se verán las caras en la tele el 13, pero el 26, Dios mediante, sabremos si el que gane a los puntos llegará al pebetero con la antorcha como Ali o se queda compuesto y sin novia al pie del mismísimo altar.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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