Por qué no me callo. RÉGIS DEBRAY EN LA HABANA

Régis Debray y el Che.

Régis Debray y el Che.

 

En La Habana, al comienzo de los 80, Régis Debray nos recibió en la habitación del hotel a la periodista María del Carmen Machado y al que suscribe. Nos abrió la puerta, era esquivo y taciturno. Se sentó bajo la ventana y nosotros lo hicimos enfrente sin acertar a comprender si aquello iba a ser una entrevista. Habló, antes de que le preguntaran, sobre el Che y la revolución, como un obediente acólito de la ciudad y su tema. Había escrito un libro titulado Revolución en la revolución, hace ahora medio siglo. Y yo recuerdo, entre la borrosa memoria del encuentro, que le pregunté por la lucha armada que apoyó junto al Che en Bolivia y América, donde la romántica guerrilla, y, en cambio, su reformismo socialista de asesor de Miterrand en una Europa donde a aquello se le llamaba terrorismo. Debray cargó la recámara como quien mira con munición y me dio una teórica sobre esa doble vertiente. Tenía motivos para torcer el gesto. Veinte años atrás lo habían detenido los bolivianos, cuando regresaba de su mili guerrillera con Guevara en las selvas y montañas bajo una crisis culposa de pánico a la insurgencia, y en los mentideros de América se dedujo que Debray se fue de la lengua porque a poco cayó el Che. No hizo mención a esa arruga de su biografía -quizá injusta o inevitable-, pero me clavó los ojos y se despachó a gusto: no tendría sentido -a su juicio- empuñar las armas en las democracias asentadas; América era un régimen cuartelario, otra cosa. Ahora reivindica la identidad de los pueblos -nada que ver con el brexit de este jueves-, su cultura acotada, en Elogio de las fronteras, en la Feria del Libro de Madrid, desandando el marxismo en lo que a Marx se le fue la mano: olvidar lo localista cultural fiándose a una concepción económica global. Fidel -en una conversación que al contrario que en Debray se convirtió en entrevista en el Palacio de la Revolución en el 98- desplegó su argumentario a favor de un régimen universal. Entre los líderes del globo leí entre líneas que, exceptuándose él, pensaba en Clinton y gente así. También mencionó al Che en esa ocasión, perseguido por la leyenda negra de haberlo abandonado a su suerte en su escondite boliviano. El miércoles pasado se cumplieron veinte años de la visita a Tenerife del Comandante -hoy nonagenario- que Aznar boicoteó sin éxito, como recordó Juan Carlos Mateu en este periódico. Ahora que las revoluciones de América se podemizan en las urnas al llegar a esta orilla, Debray es una voz anticipatoria con las contradicciones pequeñoburguesas del intelectual beligerante adujado bajo el shock de un tiroteo furtivo. Iglesias es “socialdemócrata”, como Borges se consideraba un “anarquista conservador” y se quedaba tan pancho en su poncho de ginebra.

Debray (derecha), junto con Ernesto Guevara 'el Che' en un campamento de Bolivia.

Debray (derecha), junto con Ernesto Guevara ‘el Che’ en un campamento de Bolivia.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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