Por qué no me callo. 2016

LIDERES

 

Sé de un título. ‘2016’. De este gran montaje teatral. Con reminiscencias de Bolaño y Orwell, que nombraron con años dos obras capitales. Esta pieza está escrita. Los personajes interactúan, se repiten, ninguno hace mutis por el foro y falta que les hace. El texto es un sonrojo de país contándose sus penas cortándose las venas. 2016 lo damos por perdido. Un año en blanco -leo en esa representación en tiempo real- que se fue a negro. Se le fundieron los plomos. ¡Plaf! Se fue la luz. Vivimos a oscuras desde el 20-D. Si alguien convoca mañana una manifestación en la Puerta del Sol con el eslogan, “¡tengan vergüenza!”, reúne unos cuantos miles y vende bocadillos y cerveza a los nuevos coletas del descontento último. Esto va deprisa y ya hay un ‘rejo’ contra la fosilización vertiginosa de la nueva política; el sinsabor nos hará anarquistas conservadores a todos como a Borges. Que tire la primera piedra quien esté orgulloso de su mutación política, se haya cambiado de bando o abstenido. Mientras llegan las terceras elecciones y así sucesivamente hasta que el cuerpo aguante, quiero tener un recuerdo para mi antiguo amigo José Monleón, casi eterno con casi 90 años hasta su casi reciente adiós. Viene a colación. Monléon en los 70, cuando lo conocí, era un crítico teatral crítico e influyente en la áspera dictadura, donde se cocía el ‘quinceeme’ blando de entonces: la Transición. Era un tipo recio y convincente; con la timidez provinciana escribíamos en ‘Triunfo’, noveles, donde lo hacían él y otros nobles nobilísimos de un periodismo exhausto de esperar la muerte de Franco. Tenía su corral en la trastienda, la ofensiva cultural y el teatro independiente apuntando al régimen.

José Monleón

José Monleón

 

Monleón era Latinoamérica en España que todavía no era Europa, y Canarias, el caravasar de esa travesía. En el bar del Mencey parloteábamos, era efusivo, grande y generoso. Con José Ángel Ezcurra, otro pedazo de pan, fundó ‘Primer Acto’, esa biblia del teatro en español. Venían Alberti y Nuria Espert por la isla, amigos del gigante Monleón, que dejó el bufete de abogado para ser ‘monleón’, sustantivo: hombre de teatro hasta la muerte. Le habría gustado conocer a Fernando Estévez González, nuestro malogrado antropólogo cultural del guanche y los souvenirs de la tramoya insular, que en los 90 participó de una groupé que puso las momias a hablar como un teatro de sombras. Así volvemos al año bituminoso, que se fue a negro. Hitler volvería a ganar las elecciones. Franco resucitado se frotaría las manos. Mussolini tendría su caldo de cultivo. Como en Estados Unidos, donde un ‘hitfrancolini’ trolea y gusta a sus hordas. Y aquí, sesteando, a la espera de que llegue una ultraderecha del copón.

 

Fernando Estévez González

Fernando Estévez González

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión Comentarios desactivados

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