La Entrevista del Domingo de Diario de Avisos/CÉSAR RODRÍGUEZ PLACERES: “Vamos a relanzar el Centro de la Cultura Popular y volver a los barrios”

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Fotos: ANDRÉS GUTIÉRREZ

Por CARMELO RIVERO

No guarda rencor a nadie y está dispuesto a reconciliarse con todo el mundo, “incluso, con Paulino Rivero; las enemistades son miserias humanas”, declara César Rodríguez Placeres. Este hombre, al que persiguen leyendas blancas y negras, ha resucitado a un muerto, el Centro de la Cultura Popular Canaria (CCPC), cuyo relanzamiento anuncia en esta entrevista. Pero no es todo: también se propone desenterrar a Unión del Pueblo Canario (UPC). Las siglas están a su nombre. Cuando menciona a Sagaseta, el diputado de aquella riada nacionalista, hace una pausa y se conmueve. El Centro acaba de iniciar la cuenta atrás de 40 años; es más antiguo que la Autonomía, con cuyos gobiernos ha tenido trifulcas sonadas. Pese a las deudas y el diktat de la Administración al negarle el pan y la sal, se mantiene en pie y en el aire, como promotora y como radio cañera. Hubo una época en que todo eran loas hacia su labor. De hecho, en 1995 estuvo a punto de ganar el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, que reconoció al filósofo José Luis López Aranguren. Pero sus detractores comenzaron a llamarlo “el Centro de César” y le rodeó cierto malditismo.

¿Quién es César? Si esto fuera Chiapas, recordaría al subcomandante Marcos, profesor universitario en México y guerrillero intelectual. César Rodríguez Placeres es un catedrático -jubilado en 2010- de Química-Física de la Universidad de La Laguna. No lleva pasamontañas, sino una gorra que disimula la alopecia de los años -70 en enero- y cubre las ideas de un científico brillante seducido por la cultura popular. En Radio San Borondón se despacha a gusto, a la pata la llana, y a veces recuerda al desparpajo de Cubillo desde Argel.

César se reserva un último deseo para cuando los sueños se agoten o se cumplan: ir a descansar a la montaña de Guenia, en Guatiza (Lanzarote), su pueblo, donde reposan los restos de sus padres.

-¿Han sido 40 años predicando identidad en el desierto?

“Se cumplen el 15 de junio de 2017. Y tengo un hijo con 42 años. Uno quiere pensar que ha valido la pena. Nuestro lema es ‘ser del mundo desde aquí’. Se nos trataba como una colonia y queríamos que se nos respetase la identidad. Nuestra foto de referencia es una gigante de Valentina la de Sabinosa. Yo sé que nos tachan de radicales”.

-Es que el Centro no es de centro, precisamente.

“Radicales tampoco, normales. Lo normal es que todos tengamos igualdad de derecho y deberes. Lo radical es lo otro, ser unos ladrones”.

-¿En qué sociedad le gustaría vivir?

“El lugar normal de alguien como Rajoy sería la cárcel si su partido es una máquina para delinquir. El problema es que el PSOE se ha hecho de derechas. ¿Entonces? Sueño con una sociedad igualitaria, con la riqueza limitada a 4,8 millones. Más es explotación”.

-¿Dónde está el César de los viejos tiempos de UPC?

“En una vía anticapitalista con el Frente Amplio Canario. Quiero que vuelva a presentarse la UPC. Las siglas las tengo registradas yo. El 17 y 18 de septiembre nos reuniremos una serie de movimientos para acordar una dimensión electoral.”

-UPC fue una sorpresa democrática que normalizó el nacionalismo clandestino.

“Habíamos creado el Partido Socialista de Canarias (PSC), con Manolo Bermejo, y confluimos en UPC con Sagaseta y grupos como el PUCC. Sagaseta salió diputado en el 79. Lo echo mucho de menos. Sacamos muchos votos y concejales. ¡Aquella ilusión! Hoy el descerebramiento ciudadano es tremendo. Después del homo sapiens, estamos ante el mono.com, el mono con móvil”.

-¿Esos lazos políticos comprometen la línea del Centro?

“Separaremos las cosas. La apuesta política es personal. Y vamos a relanzar fuertemente el Centro. Vamos a volver a los barrios y sacar muchos libros y discos. Ahora sale una trilogía con los 40 años de Verode”.

-¿Pasó el temporal?

“La situación es durísima, pero logramos aguantar. Yo me prejubilé de catedrático de Universidad. Todo lo que tenemos todos los que estamos implicados está aquí. Nuestro error fue hipotecarnos con una nave cuando el libro se hundía. La sede está casi pagada”.

-¿Sigue el grifo cerrado?

“¿Las subvenciones? Confiamos en cobrar una pendiente de 2007 y que el Gobierno nos compre algunos libros, poca cosa. Ojalá. La última subvención fue hace dos años, con Inés Rojas: 30.000 euros”.

-¿El Gobierno les sigue viendo con ojeriza?

“Claro, pero con cierta lógica. Nosotros somos adversarios. Coalición Canaria (CC) es un partido lleno de corrupción. Cuando vimos que iban a por nosotros, dijimos, pues vamos a abrir una radio para que cuando desaparezcamos todos se enteren por qué”.

-¿El pique es solo con CC?

“El PP es un enemigo natural. El PSOE de Gran Canaria es más auténtico; en Tenerife es casi una franquicia de CC. Con la llegada de Antonio Morales al Cabildo (NC), tenemos la ilusión de trabajar en Gran Canaria. Nos conocen desde tiempos de Camilo Sánchez, exalcalde de Santa Lucía. Estaba enfermo de cáncer y no paraba de trabajar; una vez le dije que por qué no se dosificaba. ‘No quiero ser un trozo de carne con ojos’, me dijo”.

-¿Gran Canaria les da el cariño que les niega Tenerife?

“Pero tengo ganas de hablar con Carlos Alonso y proponerle hacer cosas.”

-¿Cuándo se echaron al monte?, ¿cuando el Puerto de Granadilla?

“En 2004. Una lucha directa desde Asamblea por Tenerife contra la Administración canaria, porque era un pelotazo”.

-¿Qué libros marcaron época en el Centro?

“Son unos 900 títulos. El primero fue un éxito, Endechas del ahogado verde y otros agüeros del son, del poeta Fernando Garciarramos. El de la santiguadora Seña Luguina, de Domingo G. Barbuzano, vendió 100.000 ejemplares, una burrada. El libro más importante del Centro es el de Roque Calero, Los cimientos de un mundo sostenible, y el más polémico, las memorias de Cubillo: Los años verdes y Trópico gris”.

-Félix Casanova de Ayala les apadrinaba en esa faceta.

“Era nuestro asesor literario. Cuando estaba perdiendo la vista, hacía revisiones con una lupa”.

-Y Pedro Lezcano militaba literalmente en el Centro.

“Uno de los mejores poetas del mundo, en mi opinión. Y me permitió conocer a Carlos Pinto Grote”.

-¿Es verdad que en Uruguay se encontraron con Benedetti por la calle?

“Era una gira con Mestisay y Pedro Lezcano. Salí a la calle y me lo tropecé. Fuimos juntos a saludar a Lezcano. Cuando vino a Son Latinos quedé en hacerle una biografía y fui a visitarlo a Uruguay, pero ya estaba pachucho. Es una de mis grandes frustraciones”.

-Usted ha vivido la muerte de varios poetas.

“Maccanti no tenía pensión y el Gobierno le dio la espalda. Le gustaba tomarse sus cafecitos en el Venecia, en la plaza de la Concepción, hasta que dejó de ir porque no podía permitírselo”.

-¿Qué libro le gustaría editar ahora?

“Una biografía actualizada del Che Guevara y lanzarla a nivel estatal”.

-¿Tiene futuro el libro?

“Estamos hablando de potenciar el comercio electrónico, porque se va a imponer.”

-¿Y a emisoras como San Borondón qué les espera?

“Pues estamos tratando de que haya una en cada comunidad. No lo veo tan difícil. Es más difícil que Radio San Borondón haya resistido hasta hoy desde 2003”.

-¿Cuánta audiencia tienen?

“De cada cuatro personas que oyen radio, una está oyendo Radio San Borondón en Tenerife. No estamos en el EGM, porque no tenemos dinero para eso y además se manipula. Yo estoy seguro de que Radio San Borondón es la emisora que más se escucha en Tenerife. Los datos son rigurosos”.

-A la entrada vi un manifiesto contra su cierre.

“Es viejo. Eso se ha parado. A raíz de la sentencia que suspende el reparto de frecuencias, dejamos de pagar la multa (100.001 euros) que nos impuso el Gobierno. ¿Por qué esa condena a nosotros y dos más y no a todos los que emiten sin licencia? Volverán a cocinarlas. Y seguiremos emitiendo. ¿Que nos multan? Algún día cambiará esto”.

-El “papafrita de Rajoy”, le oí decir esta semana y me recordó a Cubillo. ¿Satiriza aposta?

“Lo hago adrede, uso un lenguaje llano para gente sencilla. A las once me pongo allí, en La Trapera, e improviso”.

-El Centro bullía en los barrios. ¿Los echa de menos?

“No había Gobierno de Canarias. Luis Carrasco era el concejal socialista de Cultura de Santa Cruz y le cobrábamos mil pesetitas por un ciclo en todos los barrios. Siempre hemos perdido dinero y nos hemos endrogado. Pero ha valido la pena. Yo iba a buscar a Calero a su casa en un Renault 4 L matrícula 0039D cuando empezaba a actuar en el 79. Era una época maravillosa”.

-Tengo nítida la imagen ambulante del Centro con la Nueva Canción Popular Canaria. Un fenómeno social.

“Lo era. Incorporamos a todos los cantautores. Era algo muy potente. Añoranza, Sabandeños, Taburiente, Caco… Me encontré a Suso Junco y le dije, ‘Suso, coge la guitarra y canta de nuevo’. Me dijo, ‘ya veremos’. Tienen que volver. ¿Dónde están los cantautores?, preguntaba Luis Pastor. En los 80 sacamos con el Parlamento el famoso disco de la Nueva Canción. Ahí estaba ya el Taller Canario”.

-¿Por qué el Taller y el Centro se quitaron el saludo?

“Eran como nuestros hijos; eran cuatro con Marisa Medina. Ella se fue y quedaron Pedro Manuel, Rogelio y Andrés, gente inteligentísima. En la gira del 90 a América ya hubo un distanciamiento. Me encantaría que nos reconciliáramos. Cuando vea a Rogelio Botanz le voy a decir, Rogelio, vamos a aparcar las diferencias. Lo mismo a Andrés. ¿Qué hacemos divididos?”.

-¿Con Paulino Rivero no ha hecho las paces?

“Ahora no tendría problemas. Como con nadie. Es la condición humana. ¿Qué voy a esperar ya? Estoy en una etapa de relativizarlo todo, hasta las enemistades, que, al fin y al cabo, son miserias humanas”.

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-¿San Borondón es una radio rebelde?

“Somos una emisora libre, independiente, no independentista”.

-¿Lo fue el Centro alguna vez?

“Nos han colgado muertos de esos. Partidarios de la autodeterminación, sí. Jamás dijimos ser independentistas. Si esa opción tuviera peso específico, no tendríamos problema. Yo soy nacionalista, autogestionario y universalista”.

-¿Cómo ve el proceso catalán?

“Han sido torpes cuando con menos del 50% siguieron adelante. No entiendo cómo Lluis Llach cayó en ese error. Pero Cataluña tiene buenas cabezas como Ada Colau.”

-¿Persistir en el Che y “el pueblo unido jamás será vencido” no es trastear con nostalgias?

“Quienes nos oyen y conocen saben que no es eso”.

-¿Y añora los orígenes: Guatiza, Lanzarote?

“Todos los días pienso en mi casa, desde donde veo el cementerio de Guenia, con las cenizas de mi madre y mi padre, y yo quiero ir allí, con la familia. Soy hijo único. Mi padre, César, de Santibáñez de Rueda (León), militar, sargento, llegó a la isla y se enamoró de mi madre, Margarita, una campesina. Después me trajeron a Tenerife con tres años. Cuando mi tío Marcial se puso malo, iba todas las semanas. Tengo nostalgia de Guatiza. Estar allí, en el Taiga, jugando a las bolas”.

-¿Cómo terminó de químico y no de director de cine?

“El cine era mi verdadera vocación. Pedí una beca y estudiaba en Madrid en Ingenieros Industriales y en la Escuela de Cinematografía, hasta que la cerraron. Hice dos años, pero vi a mi madre triste y volví. Pensé, acabo Química y vuelvo a hacer cine. Me contrataron en la Universidad de La Laguna (ULL) y estuve 39 años y acabé de catedrático de Química-Física. Nunca dirigí una película”.

-Quienes le conocen académicamente, lo reivindican como investigador.

“La investigación es una de las cosas más felices de mi vida. Estudié unas sustancias químicas denominadas complejos, con muchas aplicaciones, cuyas constantes de estabilidad variaban según en qué medios los disolvías. Lo formulé todo matemáticamente en los 90, y de ahí nadie ha podido pasar. Publiqué un centenar de artículos científicos”.

-¿Qué le distrajo de la ciencia?

“Entré en la dinámica de querer cambiar la sociedad. Y el Centro fue comiéndose todo el tiempo. Ha sido una aventura heroica”.

-Cuando lo conocí, era un profesor activista afín a Tierno.

“En el 71 entré en contacto con el movimiento de Profesores No Numerarios (PNN), con Manuel Medina, Saavedra, Alfredo Mederos… Manolo nos metió en el PSP. Pero duré poquito. Porque conocí a Tierno Galván y era un personalista, el mal que divide a la izquierda. Cada uno quiere ser el líder y da asco. Por eso en el Centro tenemos una dirección colegiada con Remedios Sosa, Carmen Delia Leal, Anabel Leal, Víctor Estévez, Jonay Estévez y muchos colaboradores”.

-El Centro barruntó funerales. ¿Cuál fue el peor momento?

”Tras perseguirnos en la última década, el Gobierno debió de pensar que no iba a poder con nosotros”

-¿Por qué los grandes premios se les atragantan?

“En el Príncipe de Asturias llegamos a la votación final con Aranguren, que lo ganó. Manuel Hermoso me encargó que redactase la convocatoria para el Premio Canarias de Cultura Popular y cuando Juan Manuel García Ramos nos propuso, yo, desde el jurado, dije que, mientras no lo tuvieran Los Sabandeños, nos retirábamos. Se lo dieron. Pero a nosotros nunca más”.

-¿Qué pensó al estallar el 15M?

“Que era una cosa interesante, pero no era mayo del 68. Con 21 años y los primeros ahorros fui a París y quedaba el reflujo. Nuestro mito era Saint-Germain-des-Prés”.

-¿Viajar ahora a América Latina conduce a la melancolía?

“En Nicaragua me gocé la etapa del periódico Barricada, tras la revolución sandinista. Siempre tuve la tentación de implicarme en algún proceso de aquellos. Y luego he tenido la sensación de soledad y fracaso. El acuerdo de Obama acaba con Cuba. Las revoluciones están jodidas. Si acaso se mantendrá Ecuador con Correa. Bolivia, pese al vicepresidente Álvaro García Linera, va para detrás. Venezuela con maduro va mal. Con Chávez sí simpaticé. ¡Aquel reportaje de García Márquez..!”.

-En un vuelo que hicieron juntos a Caracas…

“Me sé de memoria inicios de sus novelas, como Cien años de soledad: ‘Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía…’. Se van sin recambio. Aquí ¿dónde están los Casanova y Lezcano?”.

-¿Cuál es el primer problema dentro y fuera de Canarias?

“La falta de formación y la desigualdad. No leer a Marx. O a Vicenç Navarro, al menos. Antes los jóvenes hacían la revolución. Ahora juegan al Pokémon go”.

-¿El analfabetismo es mayor o menor que antes?

“Mayor. Estamos peor que cuando estábamos contra Franco para ir hacia una sociedad igualitaria. El Natura y Cultura fue posible en aquel escenario.”

-¿Por qué estamos peor tras 40 años de democracia que tras 40 años de dictadura?

“Porque no ha habido democracia y va ganando el sistema capitalista. Nuestra generación se acomodó”.

-¿Le preocupa Donald Trump?

“Lo veo y me llevo las manos a la cabeza. Mira que no me gusta, pero prefiero a Hillary.”

-Ellos votan en noviembre. ¿Nosotros también?

“No sé si va a haber terceras elecciones, y si digo la verdad, no me interesa mucho.”

-¿Sigue dándose atracones de cine?

“Gimferrer decía que los momentos más intensos los había pasado leyendo. Eso me pasa en el cine. La vez que más películas vi, en Madrid, fueron nueve y la última, al llegar al Colegio Mayor, que daban ‘Viva Zapata’. El otro día la pusimos en el Centro, y cuando Marlon Brando pregunta: “¿Ustedes cómo se llaman?”, yo dije: “¡Hernández!” Me acordaba.”

-¿’Coordinación’ todavía es su muletilla favorita?

“Sí, hay que coordinarse.”

-¿Cuál es el estado actual de la cultura popular canaria?

“No está muerta, pero todos nos vamos haciendo viejos y tengo la sensación de que esto ha aflojado”.

-¿Quién es César Rodríguez Placeres?

“Nadie en particular. El que me conoce sabe que soy buena gente. Y es lógico que la gente me tenga manía, porque soy muy duro en la radio, pero respiro afecto, me ven pasar con mi gorrita y me saludan, y me quedo asombrado porque no los conozco”.

 

LOS ZAPATOS

Mercedes Sosa tenía una voz impagable cuando cantaba Gracias a la vida, pero también tenía aristas en el carácter. Se ponía borde en ocasiones. Cuando el Centro la trajo de gira en el 79, como estaba cerrado el Guimerá la llevaron al Cine Tenerife, y le molestó la incomodidad de un camerino improvisado. “Se puso impertinente”, recuerda una de las coordinadoras históricas del CCPC, Meme, Remedios Sosa, que no es familia de la Negra. A la mañana siguiente, cocinó empanadas argentinas para desayunar con la gente del Centro. Era su modo de pedir perdón. Atahualpa Yupanqui -el tótem del folclore latinoamericano- también tenía arranques de mal humor que no casaban con el cantante de aquel arrullo popular, Duerme negrito. Les dijo que no dejaran pasar a mucha gente al camerino tras la actuación en Tenerife, y acudió un cantautor forofo que le dijo: “¿Maestro, usted qué me recomienda?”. Lo miró de arriba abajo y le soltó: “En primer lugar, limpiarse los zapatos”.

 
Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión Comentarios desactivados

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