La Entrevista del Domingo de Diario de Avisos/ CACO SENANTE: “Me he hartado de llorar. En mi propia tierra han publicado cosas que me han dolido”

 

Foto: ANDRÉS GUTIÉRREZ

Por CARMELO RIVERO

Cuando Caco Senante recibió la noticia de que la Audiencia Nacional archivaba las acusaciones contra él en relación con la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), comprendió que llevaba mucho tiempo desamparado, porque pensó para dentro: “¡Esto es como empezar una nueva vida!”. Y se dio cuenta del alivio que sentía con esas palabras. Recordó que se había obligado “a ir por la calle mirando a la gente a los ojos, para que nadie me viera bajar la vista”.

Un día, el hijo regresó llorando porque en la televisión vio con los amigos en un VIP aquella noticia despiadada de su padre imputado por “apropiación indebida”. Durante la entrevista con DIARIO DE AVISOS se le hace en ocasiones un nudo en la garganta, que es su mejor herramienta. “He pasado por un calvario de pruebas falsas y lo han sufrido mi mujer y mis hijos. ¿Qué podía hacer sino esperar?”.

Confiesa en Madrid que lleva 40 años viviendo en la capital de España como si nunca se hubiera ido de Santa Cruz y que le afectaron algunos titulares de la prensa local. “Jamás me llamaron, me dolió”. Entre los 300 wasaps y correos de felicitación por el sobreseimiento, figuran autoridades y amigos de su tierra y abrazos de cantantes que conoce en todo el mundo. El cubano Pablo Milanés le escribió: “Ya era hora de que se hiciera justicia contigo, hermano”. La causa que le tuvo en vilo se refería a nueve meses de contrato y a la compra de un timple. Una historia que parece salida de una de las películas grotescas de su faceta de actor.

-El caso es que este culebrón con final feliz le chafó el cumpleaños, tras cuatro décadas de carrera artística.
“Ha sido exactamente así. Cumplía 40 años en 2015,empecé en el 75. Tenía previsto celebrarlo y se me cayeron las ganas al suelo”.

-¿Qué hacía antes de ser cantante?
“Daba clases de español en una universidad en EE.UU., vine de vacaciones, y me ofrecen grabar un disco”.

-¿Quién le descubre?
“Torrebruno. De una manera rocambolesca, en las fiestas de San Ginés, en Lanzarote. El Ayuntamiento de Arrecife nos llama a Taburiente y a mí para reforzar la actuación de Paquita Rico, Torrebruno y Los Tamara, que iban en el paqueTE de Raphael, la estrella de otro día. Cuando bajo del escenario, Torrebruno sale corriendo detrás de mí y me ofrece grabar un disco. Devolví a EE.UU. el contrato y los billetes de avión, y me afinqué en Madrid hasta hoy”.

-En ese disco, ‘Entre amigos’, interviene Teddy Bautista. ¿Ahí empieza una amistad que dura 40 años?
“Cuando yo estudiaba Arquitectura en Las Palmas, lo abordé en una discoteca donde actuaban Los Canarios y le conté que cantaba y componía. Sin conocerme se paró y me dio bolilla. Años más tarde, en Madrid, lo fui a ver al teatro donde hacía Jesucristo Superstar, se acordaba de mí y ahí nos hicimos amigos”.

-¿De qué se le acusaba?
“De apropiación indebida, fraude documental y delito societario. La SGAE me había pagado durante nueve meses 3.000 euros mensuales para tratar de resolver problemas en Canarias, y la UCO de la Guardia Civil lo cuestionaba porque solo había dos correos electrónicos que hablaban de ello. La SGAE aportó 28 correos electrónicos que lo acreditaban. Y yo facilité una relación de 36 personas con las que me reuní en ese periodo.El 1 de julio de 2011, al día siguiente de la reelección de Teddy al frente de la SGAE, lo detienen junto a otros directivos. Yo era consejero y asumí un rol de responsabilidad. No podía ni salir huyendo ni mirar para otro lado. Al cabo de tres años, me imputan en algo plagado de irregularidades desde el minuto uno”.

-¿Y cómo se cuela un timple en el caso?
“Lo metieron a última hora, sin opción de defensa. Era un disparate. Totoyo Millares ofreció un timple de su propiedad, ilustrado y firmado por Rafael Alberti, con la idea de que presidiera en una urna la sede canaria de la SGAE en Las Palmas. Hice gestiones, Teddy lo condicionó a que hubiera presupuesto y el director económico financiero lo vio posible. Totoyo puso un precio, 20.000 euros, y se le pagó. El fiscal lo valoró en 3.000 y pico euros, por un peritaje mediante una foto. ¡Una foto! ¡Cuando ha de comprobarse la sonoridad!”.

-¿Qué hay detrás de la ‘operación Saga’ (el caso SGAE)?
“En estas cosas hay que buscar a dónde ha ido el dinero que ya no recauda la SGAE, para poder pensar quién monta esto. La SGAE facturaba lo que facturaba y ahora factura lo que factura: menos de la mitad. Aquí hay intereses económicos, políticos y de adversarios de los derechos de autor. Se propusieron descabezar la SGAE, acabar con ella, y lo consiguieron. Bajo el mandato de Teddy (1995-2011), la SGAE se convirtió en una de las cinco entidades de gestión de derechos de autor más importantes del mundo. Era una mercería y él la transformó en una empresa de esa envergadura. Teddy no se casaba con ningún político. El error fue no medir la fuerza de los enemigos”.

-¿Cuándo está previsto juzgar todo el caso?
“No se sabe. Esto es tan absurdo que empezaron buscando 300 millones, después bajaron a 30, más tarde a 3 millones y por último a los 50.000 euros, que reclamaron tanto a Ramoncín como a mí, sin ninguna consistencia. Siento una alegría con ira, porque te ves humillado. Una vez en la Audiencia Nacional, ante un juez y un fiscal, se me reclamó una factura de 50 euros. ¡Los mismos que iban a juzgar a los de las tarjetas blacks por millones! Y les expliqué que me salía más barato alquilar un coche en el aeropuerto de Gando que pagar un taxi”.

-Alguna lección habrá sacado de este viacrucis.
“Sí, claro, he sacado muchas. Como dice García Márquez, “qué fácil es recordar para quien tiene memoria y qué difícil es olvidar para quien tiene sentimientos”. Y yo tengo las dos cosas”.

-¿Ha llorado?
“Me he hartado de llorar. En mi propia tierra han publicado cosas sin preguntarme que me ha dolido. Un día mi hijo regresó llorando. Estaba con los amigos en un VIP y de pronto en la tele leen: “Caco Senante, imputado por llevarse el dinero de la SGAE”.

-¿Cómo se siente ahora?
“El viernes de la semana pasada, cuando leí el auto del archivo de la Sección Tercera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, lo primero que pensé fue, comienzo una nueva vida. Y me di cuenta lo mal que he estado. Llevo años yendo por la calle poniéndome como obligación mirar a la gente a la cara, a los ojos. Yo no quería que nadie me viera bajar la vista. Ya no lo tengo que hacer”.

-¿Ahora qué plan tiene?
“Resarcir a mi mujer Nuria y mis hijos Arancha (29 años) y Carlos (16). Las redes tienen cosas buenas, pero también son la guarida de los cobardes, y me imagino lo que han debido soportar sobre su padre. Mi mujer ha estado conmigo en todo momento. Te refugias en tu familia, tus hermanos, tus padres que ya no están”.

-Una madre repostera y un padre poeta y militar.
“Mi madre, Rosalba, era una artista haciendo huevos moles, y mi padre, José María Senante, era un militar jurídico que amaba tanto la poesía que dejó el Ejército por ella. Como le obligaban a pedir permiso para dar recitales y a él lo que le gustaban eran los poetas malditos, Lorca, Alberti, Miguel Hernández, renunció a la carrera militar”.

Agustín Millares Sall

Agustín Millares Sall

 

-Explica mucho su afinidad con Agustín Millares Sall.
“Siendo estudiante de Arquitectura en Las Palmas, leo en el periódico un poema suyo, No vale. Me impresionó. Agustín me acogió como un hijo, y yo me iba por las tardes a su casa a escucharlo embobado. Empecé a tocar la guitarra y fui su primer compositor musical. Así salieron Yo poeta declaro, Saludo, Contigo, Canción de la calle…”.

-’Yo poeta declaro’ es una de las mejores canciones de la Transición.
“La compuse entre el 74 y el 75. Cuando regreso de Estados Unidos, Agustín la escuchó y le gustó. Una noche en Denia (Alicante), una chica me reconoció en un bar y me dijo, “yo me sé una canción canaria”, y me cantó Yo poeta declaro”.

-Hizo una canción a los presos del MPAIAC. ¿Se metió en el nacionalismo hasta el cuello?
“Me impactó la huelga de hambre de siete presos del MPAIAC en Salto del Negro y compuse Siete. Estuve muy cerca de Pueblo Canario Unido (PCU). Aquel movimiento nacionalista tenía razón de ser, no nos equivoquemos. En el 77 me llamaron para el primer mitin electoral de PCU en el Estadio Insular de Las Palmas, con Carlos Suárez, el látigo negro, y Fernando Sagaseta. Discutían si decir Canarias libre y socialista. Abría yo y lo primero que dije en el escenario fue, “compañeros, viva Canarias libre y socialista”, y se formó un corre-corre”.

-La Transición se hizo con canciones. ¿Por qué la ‘indignación’, el 15 M, no?
“Es verdad y recurren a las canciones de los 70, a Quilapayún. Ha habido falta de creatividad. La gente joven tenía que haber hecho canciones válidas para el momento. Es un movimiento con compromiso, pero sin canciones”.

-¿Hubo gente que se le rajó?
“Sí. Ha habido quienes fueron amigos y se dedicaron a escribir en los periódicos contra mí. En la vida pasan cosas lamentables. Pero luego hay gestos como el de Alejandro Sanz el otro día de empezar sus conciertos en Canarias con el Mojo Picón, me pareció un detalle y un honor. He recibido más de 300 wasaps que agradezco mucho”.

-Con Milanés, tras introducir la Nueva Trova en España, lo supongo aún amistado.
“Hicimos un disco juntos, Pablo es uno de mis grandes amigos. Me mandó un correo: “Ya era hora de que se hiciera justicia contigo, hermano”. Hace poco comimos en Madrid. También con Silvio pasé una tarde riéndonos mucho y recordando cuando iba a Tenerife y se quedaba en mi casa. Él fue el que me aconsejó que me llamara Caco Senante en lugar de Juan Carlos, porque veía que me llamaban así en las entrevistas”.

-¿Cuándo saca los discos de salsa tuvo una corazonada?
“La salsa no se conocía en España. Todo empezó porque conocí un disco de Rubén Blades y fue el espejo en el que me miré. Después hice un disco con él, pero lo primero fue Chateaubriand, con Una gaviota en Madrid.

-Esa canción parece compuesta con la melancolía de estos años. ¿Cómo nace?
“La escribí caminando por La Habana, pensando en la importancia radical del mar para un canario. Acerté con la frase, “¿qué es lo que haces tú aquí, una gaviota en Madrid?”, caló colectivamente”.

– ‘Mojo picón’, en cambio, tendría más que ver con su estado de ánimo tras el auto.
“La hice para que no gustara. El disco se llamaba Mojo picón, salsa canaria, pero no tenía una canción con ese título y el director de la casa discográfica se empeñó. No me apetecía quitar ninguna. Me metí en un despacho, cogí una guitarra y en diez minutos la hice, con la rima en on, que es la más grosera fonéticamente. Cuando se la canto, me dice, “maravillosa”. No me lo quería creer. Y el equivocado fui yo. Me salió sin querer una canción muy pegadiza que sigue viva después de 35 años. Pero no es mi mejor tema ni de lejos. Hay otros: Loco veneno, Pásame factura, Esta forma de querer, que llevé a la OTI en el 85, o Y ahora que te has ido”.

-Marisol le cantó este último.
“Pepa es una gran amiga, una mujer con un par de narices: cuando dijo se acabó, se acabó, y se retiró. Una de las grandes cantantes y actrices de este país”.

-¿A propósito, su faceta de actor, nada residual, cómo surgió?
“Un día me tropiezo en Madrid a un amigo de la infancia, de cuando veraneábamos en Alicante, y era director de cine. Me metió de extra en Con el culo al aire, pero como no tenía presupuesto terminé haciendo un papel importante. He hecho quince películas. Lo último fue en Óscar, el color del destino, de Lucas Fernández, donde hacía de marchante de arte con Toni Cantó”.

-¿Y cuál es la anécdota del hombre de las mil anécdotas?
“No es una anécdota. Pero un día pensé lo que le habría gustado a mi padre saber que he conocido a tres premios Nobel: Saramago, Vargas Llosa y Arafat”.

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Caco Senante con Arafat en Ramala./cacosenante.com

 

-Vi una foto suya con Arafat, ambos sonrientes.
“Fui a actuar a Palestina. Y nos recibió en su cuartel general de Ramala (Cisjordania). Cuando estuvimos cara a cara, le dije, voy a contar al mundo lo que he visto. Y me respondió, “yo le estaré siempre agradecido”. La foto recoge ese momento. Tengo la certeza de que lo mataron. En aquel encuentro alguien le preguntó si se había llevado dinero para Suiza, y él dijo, “¿para qué quiero dinero en Suiza si no voy a salir nunca vivo de aquí?”.

-¿Cómo entró en contacto con José Saramago?
“Pilar del Río, su mujer, era amiga mía, y un día vino a ‘a Bodeguita, a mi restaurante, y me dijo, “Caco, resérvame una mesa, porque te quiero presentar a mi novio”. Fue al aeropuerto a recibirlo y volvió con él. Era un señor mayor que ella. Comimos juntos, jugamos al billar y nos hicimos amigos. Era una gozada cuando nos veíamos”.

-¿Y Vargas Llosa?
“Por los toros. Nos ha unido nuestra defensa de la fiesta. Hemos coincidido los dos con Sabina. La primera corrida la vi de niño con mi padre en 1956. Por la isla pasaron grandes figuras: Julio Aparicio, Luis Miguel Dominguín, Paco Camino… La sociedad aboga por la conservación de las especies. Si no existieran las corridas, el toro bravo desaparecería. Y está el arte. A mí me enganchó esa suerte de ballet del ser humano con un animal de más de 500 kilos que te puede matar en cualquier momento. Vi la cogida de Víctor Barrio. Enseguida supuse su muerte, he visto muchas cornadas”.

-Cornada la de la imputación por la SGAE.
“Sí, esto ha sido un Mihura que ha habido que lidiar de cualquier manera”.
-En este ‘stand-by’ recibió el año pasado el Premio Taburiente de DIARIO DE AVISOS. ¿Le ayudó?
“Es que yo nunca me he sentido reconocido en mi tierra a nivel oficial. En la calle sí. Pero no había recibido un premio. El único que me ha dado uno ha sido DIARIO DE AVISOS, el Premio Taburiente. Me emocionó. Siempre estaré agradecido a Lucas Fernández y a Plató del Atlántico”.

-Le recuerdo con Ernesto Cardenal en una velada lagunera en el Museo del Cosmos.
“Un alumno me regaló un libro de Cardenal en Estados Unidos y me cautivó. Años después, cené en México con él en casa de un amigo. Cuando se acabó la velada, como en México DF los trayectos son de hora y media, pensé,voy a estar hora y media hablando con el poeta. Pero nos sentamos en el coche y Cardenal apoyó la cabeza en mi hombro y se quedó frito. El día que le propuse ponerle música a su poesía me dijo, “mira, Caco, a mí la música no me interesa nada”. Después, le encantó”.

-¿Tiene proyectos?
“He estado muy bloqueado. Tengo proyectos. Celebrar los 40 años de carrera. El otro día en La Pérgola, de Bilbao, fue de las actuaciones más bonitas de mi vida. Y me ha dado moral. Algunos me quisieron retirar, pero no han podido, y hasta el otro día había interferencias políticas para que no se me contratara. Ahora, con toda la bocanada de aire nuevo, me apetece mucho cantar”.

-¿A los 66 años qué objetivos tiene pendientes?
“El Madison Square Garden, donde presenté a un artista en un festival de Tito Puente, por su disco número 100, y el Viña del Mar,donde Sabina, Isabel Parra y yo salimos a arropar a Pablo Milanés cuando se quedó afónico en una canción. Tengo esas dos cuentas pendientes. Yo soy hombre de escenario”.

-Pues a seguir en el escenario como Aznavour, que continúa cantando con más de 90.
“En Bruselas, en una reunión de sociedades de autores, le dije, ¿me puedo poner de rodillas?, no sé cómo mostrarle mi admiración. ¡Qué grande es!”.

-Y ha sido siempre canijo. ¿Caco y el sobrepeso es un caso de identidad?
“Sí, claro. Ahora estoy en 110 kilos. He llegado a estar en 130. Eso ya va conmigo, tengo una imagen y un físico, que ya no pegaría aparecer de otra manera sobre el escenario”.

-Que se lo digan al del Parque García Sanabria, que se desfondó.
“¡Aquello fue apoteósico! En unas fiestas de mayo, terminé de actuar y la gente pidió otra; volví corriendo al escenario y, al llegar al centro, una tabla cedió y me fui por el agujero. Tuve suerte, la guitarra se destrozó. Al día siguiente sacaron una viñeta en el periódico con el título: “La caída del imperio romano”.

 

HUEVOS MOLES
En los 80 sonó con ímpetu aquella canción salsera, Mojo Picón, y su autor, Caco Senante, se vio abocado a la gastronomía antes del boom de Master Chef. Pero lo llevaba en los genes además de en el peso (110 kilos) y hasta en el apellido.Los huevos moles de Rosalba sentaban cátedra en las pastelerías. El nombre de la repostera tinerfeña quedó asociado al célebre postre. Algunos restaurantes disimulan que lo usan cuando ven entrar a los hermanos. “Pero es un orgullo que de ese modo inmortalicen a nuestra madre”. Doña Rosalba cocinaba en casa unos cabritos en adobo y conejos en salmorejo, que explican que el cantante montara en Madrid La Bodeguita de Caco, de cocina canaria y caribeña, tras el fiasco incomprensible de un disco a dúo con Rubén Blades. Perpetuaba recetas maternas y era una embajada de la papa arrugada con mojo. Hace poco, abrió en la avenida Tres de Mayo Don d’Caco, una tasca musical con delicatesen familiares y reminiscencias de infancia marisqueando en Candelaria. Pero la burocracia no tuvo contemplaciones con ese don que el hijo había heredado de la madre.
 
Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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