Las microalgas, el gato y el ratón

Tan intenso está siendo en su mayor parte este verano informativamente hablando que, antes de que comience a disminuir esta semana su efecto narcotizante, las microalgas, el barco de nitrato de amonio y los vertidos se conjuran en un cóctel endiablado contra la rentrée del Gobierno. Desde ayer puede decirse que las vacaciones políticas que se negaron a interrumpir se han terminado para su desgracia y les espera un chaparrón de realidad. De hecho, en Madrid, Rajoy y compañía se han puesto el mono de faena y cada uno retoma el guion por donde le interesa. En la prolongación continental de este Estado, el referéndum catalán es el bloom de microalgas con el que tiene que lidiar el Gobierno del PP. Rajoy, a diferencia de Clavijo, toma el desafío soberanista como Fraga en Meyba en aquellas aguas de Almería, cuando hace medio siglo se metió en la playa para demostrar que el accidente nuclear de Palomares era inocuo contra todo repelús radiactivo. Clavijo opta por la evasiva como estrategia, cuanto menos se le asocie con la kk de la mancha marrón, mejor, pero en las redes y en Las Vistas el vulgo pide que Clavijo se moje en el tema, que se bañe en compañía de las microalgas y tome un trago para desmentir la toxicidad de la marea. La rueda de prensa de ayer en Las Palmas ha traído a la memoria algunos tics surrealistas de la vieja política que habíamos dejado caer en desuso. Esa táctica infalible de dejar que hablen los técnicos y los cargos de tercer nivel para no mancharse las manos los responsables políticos. Ya contamos aquí que en los demás conflictos que precedieron a estas cianobacterias el debate se hizo público desde el primer instante y compartieron refriega la política y la ciencia hasta que se agotaban las fuerzas y las aguas volvían a su cauce. Esconder la cabeza bajo tierra como el avestruz podrá responder a un instinto primario de conservación -pues consiste en huir de los focos cuando la cosa está que arde-, pero eso antes de Internet, ahora no; toda lógica aconseja coger el toro por los cuernos y dar la cara, aunque te la partan, antes de que te la viralicen de mala manera.

El recurso al ratón del taxónomo Soler ha sido una ocurrencia de manual facilona, pues todo pasa siempre antes por el roedor, cobaya donde los haya. Sin embargo, querer deshacer un feo con un ratón no diluye las sospechas de que aquí hay gato encerrado. Echemos, por tanto, a pelear al gato y al ratón. En el documento que ha saltado a la luz y que el Gobierno guardó en junio en una gaveta, los expertos del Banco Español de Algas se refieren sin ningún lugar a dudas, a “humanos”, dicho lo cual advierten de algo que a todos ha sorprendido. Pues temíamos que la microalga nos pudiera ronchar y vienen y nos avisan de un cáncer hepático. ¿A alguien se le ha ido la olla o es que alguien se ha ido de la lengua? El tema de fondo es el debate científico, que al político de turno le trae sin cuidado. Prefiere eslóganes melifluos que tranquilicen a la llamada opinión pública. “Es más peligroso el Gobierno que las microalgas”, decía ayer en este periódico el diputado del PSOE Gustavo Matos. Pues no hay mejor método de infundir sospechas y psicosis que desinformar y ocultar información.

Seguiremos culturizándonos. Como cuando nos doctoramos en 2004 en volcanología y diez años después en combustibles fósiles. De esta egresamos todos expertos en biología y cianobacterias. No hay mal que por bien no venga. Pero hay una lección que la clase política no acaba de aprender por retorcida que sea su manera de cortarse las uñas, y es que si mete la pata una vez y no corrige el paso, acabará metiéndola hasta el corvejón.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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