El follón de Zebenzuí

¡Y se armó la de Zebenzuí! Con la que estaba cayendo –misiles y microalgas-, este nuevo episodio es todo un filón, que inspira a Buenafuente –“en Canarias hay un cerebro menos”- y al guionista anónimo de la red –“no es lo mismo montar un follón que follar un montón”-. La pregunta ahora mismo en España es quién no se ha enterado del wasap de Zebenzuí. De Rajoy a Puigdemont y de Sánchez a Pablo Iglesias, todos hablan del espécimen y le dan cuero al estafermo, pero de puertas adentro hacen chascarrillos en los corrillos y echan lastre de la tensión por el proceso catalán.

Zebenzuí ha alterado los planes de los letristas de murgas, que ya andaban entre musas haciendo sus canciones. Y ha sido, sin duda, el gran estilete del inicio de curso, el Casanova deslenguado que farda de aventuras sin pudor por exhibir tales mañas con subordinadas. Una especie de Torbe del wasap, que habría dado mucho juego a Cela o Berlanga. Y que inevitablemente trae al recuerdo el pasaje inolvidable de la garrapata de Trump, fardando en la guagua con el presentador de televisión de que “me lancé a por ella como a una perra…, cuando eres una celebridad te dejan hacer lo que quieras…, agarrarlas por el coño, puedes hacer de todo”, ante de ser elegido presidente. Así que Zebenzuí –en la natural desolación por el renuncio de su vida- tiene ese referente y otros, y quién sabe lo que le depare el futuro.

Cuando corresponda –a la vuelta de la esquina ya restará el último trimestre- hablaremos de 2017 como cada año que pasa. De sus virtudes y defectos, de sus héroes y villanos. Sabremos si la escalada bélico-verbal del coreano hizo calentar definitivamente a los americanos, o si, por el contrario, se impuso la cordura, que es un néctar que rara vez liban estos insectos. Estamos haciendo este año de malos presagios y el cuerpo nos pide averiguar, desentrañar el desenlace que van a tener determinados fenómenos, pero a nadie se le oculta que es un mero deseo de supervivencia. No está el horno para bollos, ya abrieron la caja de Pándora, nos miró un tuerto… En los libros de autoayuda se refugia toda esa clientela a la que vapulean jefes de Estado, líderes de hordas maquiavélicas, portavoces del desastre y toda una ralea de la misma laya que está dándole a este ejercicio fama de año funesto. Están los poetas en retirada. John Ashbery, la voz de 90 años que acaba de irse siguiendo los pasos de Whitman, que era su abuelo literario, dejó versos como este, “pasa un halcón volando./Haced que todo el mundo regrese a la ciudad”, que parece escrito este jueves, cuando cruzó el cielo de Japón otro misil tocapelotas de Kim Jong-un. Por estos derroteros vamos leyendo recetas de autoestima y versos de poetas muertos. Están los cines y teatros como recurso y hacemos gala de un furiosa esperanza contra los males que nos aquejan. Vamos en fila al búnker a la ver la película o la comedia, a abstraernos del círculo vicioso y la penosa realidad. En este clima de desasosiego estamos ante un mundo que es más caldo de cultivo para Pessoa que para vates contentos. Es la tormenta perfecta que estimula al periodismo, que siempre fue un oficio de malas noticias. Si el trimestre que arranca en breve no lo arregla, prefiero no imaginarme el inventario de este año cuando toque. Ahora, bien, aquí solo se aburre el que quiere. Estamos viendo cine de verdad, historias cruzadas que están sucediendo…, como en un documental al estilo de Human, de Yan Arthus-Bertrand, que contó dos mil historias que van de la guerra al amor.

Ahora mismo, nos atrapa en la isla esta historia local de mensajes de wasap, que es como un arma que carga el diablo, y de ese hilo están tirando los cómicos nacionales y los tirios y troyanos del Congreso. La frase tórrida de Zebenzuí Hernández, “yo a follar con empleadas que enchufo en el Ayuntamiento”, ha sido como una válvula de escape, una salida de tono suficientemente insultante y políticamente incorrecta como para encender todas las alarmas y hacer del autor un híbrido explosivo entre Torrente y Arturo Pérez Reverte, amén de diana inmejorable para el desahogo de las redes y, ojo, como tema y anatema para una clase política nacional ensoberbecida, ensopada y ensimismada en el referéndum catalán.

A Zebenzuí González le va a costar la carrera municipal, sin duda, con las consecuencias colaterales de todos conocidas si se incorpora en su lugar una edil censurante, como parece, que es a estas horas la mayor preocupación del alcalde y su partido. Pero el mismo autor del proverbio sicalíptico que ha sobrevolado el país desde esta isla como si de un misil dirigido a Ferraz se tratara, tiene –si quiere- futuro en cualquiera de las tertulias mañaneras y vespertinas de la telerrealidad española especializada en levantar las faldas y los bajos fondos y airear los trapos sucios sin remilgos por la catadura moral de quienes forman su farándaula mediática. Zebenzuí puede convertirse en un influencer después de la que ha armado en vísperas del congreso regional del su partido. La sordidez del caso nos ha permitido asistir a una rocambolesca floración de las microalgas de ese pacto que nadie entiende ni se explica en La Laguna, del que ahora se está hablando con estupor en los cuarteles de Pedro Sánchez y –supongo- que en los de Ángel Víctor Torres. Incapaces de entender las claves que justifican este descenso a los infiernos en las grandes capitales del mundo, qué duda cabe de que ya todos han empezado a hacer preguntas –discretas e indiscretas- sobre la caverna de La Laguna.

Justo ahora que los coristas del espectáculo –y diputados y diputadas- en claro retroceso, alarmados por las informaciones de este periódico sobre las cianobacterias, acudían a Göebbels, removiendo tumbas que se les vuelven en contra, qué mejor oportunidad que esta –la del petardazo del axioma de Zebenzuí en el seno del pacto entre CC y PSOE en La Laguna- para devolverles el tópico a los admiradores del ingenio del jefe de campaña de Adolf Hitler, con una leve variante alusiva a lo incongruente de esta alianza política tan poco sanchista: “una mentira repetida mil veces no se convierte en una verdad”.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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