La calistenia de Cerpa

Justo Cerpa es un atleta añejo que no pisa el gimnasio. Un atleta tardío que probó la maratón y se aficionó a trotar por el mundo como un campeón. Tiene títulos europeos por partida doble y varios nacionales y regionales; este provecto correcaminos no tiene más secreto que una dieta de potaje y gofio como Dios manda. Martín-Travieso, el periodista de DIARIO DE AVISOS que narra su heterodoxia deportiva, subraya esa vertiente del héroe de andar por casa que no sabe de doping ni de pesas ni de más calistenia que el puro ejercicio y el puro yantar que recetan las madres y abuelas a la más antigua usanza.

Cerpa me ha traído recuerdos culinarios de la adolescencia, cuando uno de pibe corría por laderas empinadas de Anaga desafiando el vértigo dueño de una forma física que no era fruto de otro milagro que los platos de potaje y gofio de Juana en El Lomo de Taganana. Hay atletas longevos hechos de una madera especial, capaces de echarse a la espalda kilómetros de montaña o de asfalto contraponiendo a la vejez de los años una insólita lozanía que desmiente a la ciencia y al tiempo. Conocí a un ciclista octogenario que cruzaba por Santa Cruz enfundado en su equipación transpirable con la mochila y el botiquín, y era todo un espectáculo verle dando un recital de resistencia envidiable con las canas y arrugas ocultas bajo el casco.

El footing de Rajoy no nos resulta novedoso desde que se ha generalizado entre los políticos españoles, pero no hace tanto que era una práctica importada de líderes europeos y yanquis, que, dada la falta de costumbre y la ignorancia, provocaba cierta mofa en los viandantes. Luego, se convirtió en un alarde del buen estado de forma del líder de turno y en una baza electoral. En Estados Unidos se preguntan cuál es la salud de sus candidatos, por lo que Hillary Clinton tuvo que acreditar que no estaba enferma cuando sufrió una descompensación y debió suspender algunos actos de la campaña frente a Trump, que ahora que lo pienso no tiene pinta de runner. Hillary era una fácil presa, pues había padecido en tiempos de Obama una conmoción cerebral.Ahora bien, esto de pasarse la vida corriendo como Forrest Gump tiene sus riesgos y sus contraindicaciones. La adicción del corredor se vuelve una amenaza. Sir ir tan lejos como don Justo Cerpa, que es un atleta que compite en europeos y mundiales a base de potaje y gofio, se ha generado el complejo del político que no corre, que es como ahora la del que no lleva mochila como Fernando Clavijo. Porque los presidentes crean tendencia. Paulino Rivero inspiró toda una manía de galgos en su partido, y esa faceta le sobrevive, pues Clavijo también corre con el TSJC pisándole los talones. Suerte que de este hábito se libraron Saavedra y Olarte. No me los imagino trotando con el vientre en los pies. A Román Rodríguez sí le encaja, de pública afición por el boxeo, que es herencia de padre.

Lo de Cerpa es un mensaje a la sociedad. Conviene darse un garbeo por el monte o la Avenida de Anaga y soltar lastre sin mayores pretensiones. Hacer deporte como quien no quiere la cosa. Porque lo malo del atleta sobrevenido es que luego se quiere comer el mundo y no para de correr, de ejercitarse como un poseso y de someterse a ayunos que están fuera de lugar. En privado, le pregunté a Iñaki Gabilondo cómo se las arreglaba para no engordar y mantenerse joven. Su respuesta, sin ser la de Cerpa, me hizo gracia: “Nada, comer sano, eso es todo”, porque luego añadió: “¡Ah!, y no hacer deporte como un obseso”.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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