El jueves se reparten las hostias

Dentro de 48 horas, saldremos de dudas sobre el galimatías catalán. La histriónica sucesión de acontecimientos desde el 1-O -que parece ya una fecha del calendario azteca- da para toda una saga de Netflix. Los Puigdemont, Junqueras, Romeva, Forcadell y toda la jarca traspasaron el velo del dosel de la Generalitat y se cuelan en la telerrealidad de la política catalana tras el 155, mitad brexit, mitad melopea con falda y gaita de secesionista escocés frustrado. El fake, como lo llama la vice Sáenz de Santamaría, tenía un aroma ultraterrenal que imponía lo suyo con cierto halo de predestinación, incluso de cara al Estado con su CNI, hasta que el procés se cayó por la barranquera y el molt honorable salió a espetaperros por la puerta de atrás y se recluyó en Bruselas camino de los altares o de las letrinas. Se vino abajo el glamour con el caganer.

Ya Junqueras blasfema de los traidores de la propia cuna como el huido Puigdemont cinco estrellas en la suite de Bélgica viéndolas venir: “Fui a prisión porque no me escondo y soy consecuente con mis actos”, afirma el exvicepresidente. La trifulca era de cajón. El de ERC se está comiendo la campaña entre rejas con sopas y oraciones en Estremera, según su carta a The Times, y no es plato de gusto esa vida monacal a la fuerza, mientras el zorrocloco tomó las de Villadiego y parece un turista francés acudiendo a los teatros de ópera con su abogado Bekaert. Las encuestas -esas diablillas de Slaanesh- ya se sabe que nos están tomando el pelo a todos. Si Inés Arrimadas gana, sin lugar a dudas es posible que sea presidenta y el asalto a los cielos de Podemos lo dé Ciudadanos y no Domènech. Pero el llamado efecto Borgen -en realidad, en la serie danesa, es mujer la que se convierte en primera ministra en un encaje de bolillos tan típicamente español y canario, por otra parte- no permite descartar ninguna hipótesis.

Si estamos a 48 horas del escrutinio catalán y a 72 del Gordo de la Lotería no es por casualidad; una cosa y la otra se encadenan con cierta lógica, regidas por una oculta ley de azar y suspense que engorda el misterio y alimenta las grandes esperanzas y las grandes decepciones. Una vez sepamos el desenlace de estos dos saltos mortales épicos de tahúr, la nigromancia de los sondeos será historia y seguramente historia nefasta para mayor incuria del género demoscópico, ya tan desacreditado de por sí. En una conversación privada, el propio Rajoy confesó a su interlocutor: “Nadie sabe qué va a pasar el jueves en Cataluña”. Esto lo dice todo. Como nadie sabía qué iba a pasar el 1-O, cuando el referéndum de las urnas chinas de plástico. Ni supo nadie prever que el president se iba a pirar. Esto de la inteligencia tiene su doblez. Ni los políticos tienen pajolera idea de política para adelantarse un centímetro al futuro y prever lo más mínimo para que la realidad no les coja con los pantalones por los pies, ni hay tal inteligencia en los servicios secretos, ni son tan secretos los servicios encargados de avisar al Estado de que viene el coco o se manda a mudar.

La verdad es más prosaica. La política es un oficio de palos de ciego. Aquel no vio venir la crisis económica y este no imaginó que el procés era más endeble intelectual y políticamente de lo que aparentaba ser. Pujol era otra cosa. Mantuvo el fake durante décadas. Reinó en Cataluña sin corona, pero era un gremlin cortejado por los presidentes del PSOE o el PP como la clave de bóveda de todo el poder del Estado. A Jordi Évole le habló de la corrupción como de la peor de las plagas del hombre, todo él lejos de semejantes zahúrdas. Luego salió la matriarca y traspasó dos misales a la biblioteca del capellán. Y el jueves se reparten las hostias.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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