El año que viene mañana

Se va el año cínico y pavo real, de los fastos y espumillones y troles y zascas, de apariencias y malcriadeces, y quizá venga caminando a estas horas un año cuerdo o cuervo. ¿Por qué me temo lo peor? Lo que no es normal -ni siquiera a estas alturas de la película- es que el personaje del año en Tenerife sea, sin lugar a dudas, Zebenzuí González, cuarto en el ranking machista del HuffPost por delante de Putin y detrás de Trump. Con esas armas se forjó un presidente en Estados Unidos -a quien terminas cogiéndole un cierto afecto bochornoso como te habitúas a un defecto llevadero e inevitable-. Aquella charla en la guagua, de contumaz machismo, con el presentador de televisión ya pertenece a los documentos incalificables del género. No es poca la paradoja de este tiempo que hoy acaba, pues el año se reivindica, en sus postrimerías, con la primavera feminista de Hollywood contra los tentáculos de Weinstein que son los mismos de Trump. Por eso dije año cínico, de dobles verdades (la palabra que lo resume, en el Diccionario Oxford, es, como saben posverdad).

Sobre el litigio entre la sinrazón y la cordura, por si esos fueran los escenarios del año que sale y del que entra, no me crean muy optimista, pero sí esperanzado. Ojalá el año que viene mañana quiera llevar la contraria a su predecesor y se recompongan algunas fracturas ciertas o eventuales.

Yo fui siempre aficionado a la caricatura. Esa deformación profesional me inclina a ver las cosas por su revés, por la antítesis de lo que son y de ese modo averiguo a menudo lo que ocultan. 2017 fue una gran caricatura morfológica y social. Salían las cosas como salían, exageradas, cómicas y desconcertantes. Nuestro año en Canarias, políticamente,se asociará al alcalde de Firgas, fíjense ustedes, el que suplantó al hijo en una oposiciones del Gobierno desafiando toda lógica y el más mínimo pudor. Lo iban a coger, lo cogimos, y en 24 horas el hombre dimitió con un último asomo de honorabilidad, el que invita al arrepentimiento para demandar indulgencia ante la ley y lavar el trapo sucio ante los votantes. Manuel Báez, ese alcalde de su época -al más puro trumpismo-, que simboliza de modo tan fiel un año de pícaros y fulleros en estas islas, se marcha, en cambio, pidiendo perdón. Le honra, aunque no le exonera. Pero lo de Firgas es genuinamente 2017, porque todo lo más notorio ha tenido ese perfil histriónico y grotesco y cutre y disparatado y rufián, como el brexit se perpetúa en calidad de rol aun de este año europeo -lo inconcebible y burdo que nos resultaba imaginar a Europa sin Reino Unido se dio ya en 2016-. O como Cataluña ha sido la peonza sobre la que ha girado el año español que hoy termina en ascuas -tan remota resultaba la mera hipótesis de un desmembramiento de esa parte considerable del Estado, que la inercia pareció cobrar cuerpo y el rey y el Gobierno salieron del paso sacando el pequeño tanque del 155, apenas eficiente-. Esa suma de monstruitos fingiéndose fenómenos y personajes irrepetibles del bestiario del año bufo -cuán premonitoria TVE ya en 2008 presentando al friki Rodolfo Chikilicuatre a Eurovisión- explica que un gordito aniñado y ruin haya apretado el botón varias veces con regodeo en su simulacro de guerra atómica desde un lugar de Asia donde la gente muere de hambre y se desternilla en su presencia porque lo ordena la ley. ¡Qué suplicio de año! ¡Vega presta la cordura a resetearnos tras los efectos de este virus informático devastador!

Cuando Radio Club emergió, en los 80 cobraron fama sus inocentadas del 28 de diciembre. Un tal Muntañola, de acento godo provocador, alcanzó el poder en la incipiente preautonomía ofendiendo los valores y el carácter netamente isleño. Aquel político insultante, antichicharrero y déspota, indignó aposta a la gente la mañana que le dimos forma en antena rozando la veracidad de Orson Welles en La guerra de los mundos. ¡Esa era la escuela de la farsa llevada al extremo en las ondas! Y los oyentes, fuera de sí, colapsaban la centralita vomitando fuego contra el intruso que nos quería gobernar a gorrazos. Paco Padrón daba siempre en la diana. Otro año convocó al catedrático de Filosofía Vicente Rodríguez Lozano -por entonces incurso en una querella militar por un artículo titulado La mujer del teniente francés y los amigos del capitán español-y, en una actuación impecable ante el micrófono, encarnó al supuesto director de la Gala del Carnaval que venía -también exhibiendo un acento castellano enfático y cortante- a desterrar del espectáculo a nuestras gordas de las comparsas, entre otras ocurrencias que más tarde casi haría realidad Rafael Amargo. ¡Es que aquellas inocentadas de Radio Club, en su edad de oro, anticipaban el mundo que estaba por venir! Este mundo falaz y caricato, que demanda una rápida cura de cordura, como diría Adela Cortina, que acuñó la palabra del año, según la Fundéu: aporofobia, o rechazo a los pobres. ¡Qué tramoya la de este año!

Si Chela, el periodista que en La Tarde entrevistó a Dios, levantara la cabeza, tendría tela que cortar con la deriva de sus profanaciones hechas realidad, como Chaves hace lo propio con sus personajes imaginarios. Cualquiera diría que hasta la entrevista -que es el género de la verdad por definición- acabará desvirtuada y adulterada en diálogos inventados sin más intermediación. Mantengamos la fiesta en paz, o nos comen las mentiras, como nos ha devorado este año embustero de líderes vacuos y alcaldes impostores en el mundo de Firgas. A tal punto no hemos dicho basta que el año se marcha dejando entrever que Puigdemont podrá ser investido presidente de Cataluña telemáticamente, lujo que no pudo permitirse Tarradellas cuando todo era más inocente, primitivo y racional. Cubillo habría tenido mejor épica y época de no haberse adelantado tanto al cubillismo del procés. Él hizo creer al Estado que tenía un ejército y lo mandaron matar. Sacaba conejos de la chistera de la radio desde Argel, sin necesidad de Internet ni la ayuda cibernética de Putin, como el catalán. Se va el año esperpéntico, este año Valle-Inclán por los cuatro costados, y ya está de parto la madre de todos los años. ¡Adiós, 2017! ¡La madre que lo parió!

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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