Los almuerzos con Rajoy

Los almuerzos de Rajoy sustituyen a las veladas de la bodeguita de la Moncloa y los maitines de Aznar. Dice el CIS que el PP se mantiene en la cresta, pero cae ligeramente sin perder su hegemonía en el podio, y que el PSOE, con los mismos síntomas de decaimiento en la encuesta, resiste en la medalla de plata. El vendaval de Ciudadanos, que para el CIS es una nevada de algo más de tres puntos, incomoda en las dos grandes fuerzas. Rivera se macroniza, donde antes los populares se suarizaban tratando de heredar el éxito de UCD tras la dictadura. El PSOE de Sánchez tiene cuentas pendientes con Iglesias, que lo dejó en la estacada cuando tenía a Rajoy contra las cuerdas en aquel interregno del “no es no”. Pero es Rivera más que Iglesias, ahora mismo, el vórtice del huracán. Si la tormenta catalana se prolonga en la vida política española, Rivera, un chico majo, el majo desnudo de Goya, acapara toda la atención mediática vicariamente gracias a Inés Arrimadas, que es la Venus vestida de Velázquez, y una dama bien puesta que ha puesto en su sitio a los neonacionalistas de la república barataria de Puigdemont.

En la trastienda de estas encuestas está el lío de los populismos que no acabaron de llegar a España, como sí a Francia y Alemania, donde Macron y Merkel salvaron los muebles y Europa se los agradeció. Rajoy bate récords en las olimpiadas del poder y sobrenada contra el desgaste, sobreviviente al chapapote gallego, a los trenes de Atocha, a los bárcenas -los sms- y la Gran Recesión cuando disentía de todos contra el rescate como ahora con los nuevos delitos de la prisión revisable permanente tras la muerte de Diana Quer. De este está hecha la política española últimamente, de celadas (“en España el que resiste, gana”) y almuerzos con Rajoy.

El presidente ya no invita tanto -o nada- a Rivera a compartir mesa y mantel. Lo declaró no hace mucho enemigo directo y en el PP se encierran en hoteles -como Antona en Santa Cruz- para ver qué hacen contra Melisa Rodríguez -nuestra Arrimadas- y contra el Macron español. En esos almuerzos de la Moncloa los más recientes invitados son discretos políticos insulares, cuyos votos valen un Gobierno, que es de lo que se trata. Mientras Puigdemont va a la guerra en su cuartel-mansión de Bruselas, los canarios van a la Moncloa a almorzar con Rajoy para traerse su parte del botín. Porque a España le vacían los bolsillos contenciosos como el catalán, y si los canarios no se ponen las pilas, el nuevo sistema de financiación autonómica se lo guisan y se lo comen el PP y el PSOE para calmar las barricadas de las Ramblas de Barcelona y hacer fuerte a la Tabarnia si fallan todos los planes, incluido el plan B que pasa por Junqueras presidente.

Clavijo y Román Rodríguez han sido los comensales de Rajoy en estos ágapes de la Moncloa donde se cuece la política en estado puro, como diría Ana Oramas, que pasa su exilio de Madrid y de CC moviendo los hilos para continuar en el Congreso, donde la premian para mayor desdoro entre los suyos, que no la llevan a almorzar con Rajoy y la quieren prejubilar de la política nacional. Clavijo ha ido a preguntar “por lo mío”, los presupuestos para canarias, el REF y, ya sabe, la agenda canaria. Los políticos canarios no paran de agendar las susodichas muletillas para las islas, lo cual llegar a resultar cargante. Román, que parece ir al grano -el 75% de bonificación lo prueba- comenta que, muy bien, CC y NC van juntas en Madrid porque está en juego Canarias. Pero la reforma electoral no se negocia o se rompe la baraja.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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