Elsa López y que baje el Quijote y lo vea

Lo de Elsa López, su ascenso literario y mediático en la escena pública de las Islas, no se debe a su activismo feminista, que sin duda la ha colocado en una nomenclatura de desagravio y justicia, desde el momento en que aquel concejal Antonio Érmetes dijo en Santa Cruz de La Palma que en la ciudad no había mujeres que merecieran el nombre de una calle. “Os aseguro que alguien se acordará de nosotras en el futuro”, ya dijo la poeta Safo.

Elsa ha cobrado un auge de mujer que data de mucho antes del MeeToo (cuando vino el 8M dijo, enérgica, “nos temen”, prevenida de Trump y machistas más domésticos), igualándose al eje masculino de las letras, en una relación de tú a tú, que le recuerdo junto a Gala o José Hierro. Es una mujer que escribe, piensa y dice verdades como puños en una sociedad donde empuñan más los hombres que las mujeres, como si ellas no pudieran liderar y liberarse. Así que estamos de acuerdo en que Elsa López es mujer y ejerce. Pero su relincho literario, las coces que dé a diestro y siniestro, defraudada por los derroteros del comunismo que siempre secundó desde una afección a Izquierda Unida que era más una afección a Julio Anguita que otra cosa, es decir, su papel en la literatura y en la cultura y en las tribunas es el de una autora con personalidad propia y coraje. Y tiene la costumbre de dar entrevistas que despejan las zonas oscuras que asoman cuando nos perdemos en el laberinto. Ahora ha dado una a este periódico, y le sigo dando vueltas a las cuatro verdades de esa doble página con Elsa, metidos como estamos en un gran bucle, buscando respuestas al caos, a este ocaso.

En la entrevista del domingo con la periodista Gabriela Gulesserian, en DIARIO DE AVISOS, evocó a tres mujeres de letras de América, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni y Juana de Ibarbourou, tres poetas como ella, que viene de una parte de África convecina de las Islas donde ser mujer tenía consecuencias. A Elsa no le perdonaron en Guinea Ecuatorial, donde nació, que bailara con un negro en su poblado y de ahí proviene su distanciamiento prolongado del continente que es suyo y nuestro, demostrando una vez más que todo desencuentro suele ser fruto de un malentendido que puede durar toda la vida. Durante siglos Canarias vivió de espaldas a África y, pese al recomienzo de una difícil convivencia que nos apremia, seguimos queriendo intentarlo en vano, y todo continúa envuelto en sombras a la espera de que sean disipadas (no las poéticas de la negritud de Sédar Senghor, sino las de comer y compartir): son las suspicacias sobre el Sahara, Argelia, Guinea… y más recientemente sobre Senegal o Mauritania. Todas las sombras de África se proyectan sobre nuestras cabezas y no somos capaces de librarnos de ellas, ni podemos eludir nuestro sentido geográfico. Vivimos puerta con puerta, pero hemos estado a años luz. Digo que Elsa López, poeta y novelista y filósofa y antropóloga, tiene una isla para salirse del mapa cada vez que quiera, que es La Palma, donde los enredos del mundo se ven desde otro cielo.

Esta mujer, de vuelta de las estancias en Madrid, Lausanne o Córdoba, es una canaria de Fernando Poo y de La Palma que se ha hecho un nombre y un sitio en todas partes. Una mujer con criterio y caminos elegidos. Cuando dio un portazo y disintió de su amigo Antonio Gala, tras conducirle la fundación de jóvenes creadores, recompuso esa manera de ser que la ha llevado de norte a sur y de este a oeste, como una autora de letras libres, alguien que tiene los idilios adiestrados. Dice en la entrevista: “Tiene que aparecer algún Quijote o un Cervantes que venga a decir todo lo que está pasando”. Lo que está pasando en el mundo, en España, en las islas…, es tan insólito como sensato. Nos estamos yendo por el sumidero. Y que baje el Quijote y lo vea.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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