Las ‘kellys’ se van de ferias

Una de esas piruetas sindicales que consigue conectar con la opinión pública es, sin duda, el fenómeno de las kellys. Un grupo de mujeres echadaspalante, con problemas comunes, horarios estajanovistas y enfermedades específicas, deciden ponerse manos a la obra y plantan cara al conglomerado turístico patronal. No están montando una película, aunque tienen su documental, su Hotel Explotación, dirigido por la periodista Georgina Cisquella, de vuelta de corresponsalías y de informes semanales en TVE. Las kellys tienen su marea verde de camisetas que las distinguen a lo lejos como un gremio con personalidad propia, y a veces lucen de marea blanca y parecen distendidas y hasta divertidas en su protesta sindical con viento fresco, pero son mujeres que saben de dolores del túnel carpiano, la lesión corporativa por excelencia, que da idea de lo que se traen entre manos.

Ayer trascendió que, al fin, les reconocen el catálogo de enfermedades profesionales, que es un lenguaje paliativo para no llamar a las cosas por su nombre, como ocurre con las otras afecciones célebres, como la disnea del minero o las cefalalgias del obrero de mar. Estas mujeres vanguardistas de la limpieza en acción no van a cejar, con todos sus síndromes a cuestas. Están listas para la batalla de sus derechos en el año de las mujeres, el año del 8M y del Me Too, de la igualdad y los géneros paritarios y la anacrónica brecha salarial. No paran. Van del tingo al tango con tal de hacerse visibles y pioneras de un sindicalismo de línea recta. Capaces son. Tienen narrativa para rato. Limpiar habitaciones de hoteles instruye mucho acerca del ser humano, son las madres de la civilización turística y cuelgan limpias las toallas, que es un rito materno ancestral.

En DIARIO DE AVISOS las recibimos como se merecen, vienen de hablar con Rajoy en la Moncloa y de ser escuchadas con desgana por el presidente Clavijo, que les despachó un “no puedo hacer nada” tan poco político como incierto. Puede perseguir las contrataciones irregulares y aplicar las sanciones pertinentes y puede contribuir a la dignificación de las limpiadoras de habitaciones en una tierra que vive de alojar turistas en hoteles -que del alquiler vacacional ya se ocupan otros y están que trinan desde ayer por el decreto de marras-. Las kellys empezaron a hacerse oír allá por 2014 y fueron primero las kellys canarias, las de Lanzarote, las más aguerridas y conflagrativas. No las detuvo nada ni nadie, ni los recelos de los sindicatos tradicionales porque iban por libre. Se habían quedado en terreno de nadie cuando los hoteles comenzaron a desprenderse de sus camareras de piso para externalizarlas. Piden que se aplique lo que llaman la ley kelly, como le dijeron a Rajoy en abril, para que cambie un artículo del Estatuto de los Trabajadores y se ponga coto a la subcontratación en el sector.

Según la teoría, una camarera de piso se curra veinte habitaciones por día, por dos perras, y trabaja como el médico del seguro, a veinte minutos por habitación, lo cual es una plusmarca que nadie consigue cumplir en la realidad. En la visita a este periódico y en el reportaje de María Fresno dejaron un aviso a navegantes. Si las autoridades canarias y sus prebendados hoteleros no secundan las peticiones básicas de contratación de más camareras de piso para verano y fin de año, no lo van a dudar: con armas y bagajes acudirán a las ferias turísticas internacionales a hacer ruido para hacerse oír. En noviembre las veremos en Londres, en la World Travel Market. Las kellys no son las Spice Girls, pero anuncian gira

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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