Merkel, almogrote y jugo de naranja

La conversación de pasillo entre Merkel y Sánchez, en un aparte de la minicumbre europea de la inmigración, versó sobre La Gomera. Pocos recuerdan que cuando Canarias puso un pie en Europa, con aquella adhesión fifty-fifty de los años 80, la isla colombina pasaba por ser la más desasistida del archipiélago, y tenía razones objetivas para considerarse tautológicamente la más aislada. Recuerdo el caso de la niña Bárbara Paz Cabrera, una bebé de once meses, que murió de madrugada al estar suspendido el servicio del ferry, que era el método exclusivo de La Gomera de comunicarse con el mundo exterior. La única isla que no tenía aeropuerto tenía todas las cartas para que Europa se compadeciera y pusiera dinero. Aquella noche de marzo de 1983, la pequeña Bárbara aguardaba un helicóptero en una improvisada pista para ser evacuada a Tenerife. En el territorio vallado por el mar y sin aeródromo vivían 20.000 almas dejadas de la mano de Dios. Y Europa promovió uno de los primeros planes de desarrollo específico para un territorio alejado, cuando no existían las regiones ultraperiféricas que ahora se reúnen en Bruselas por los recortes del Posei.

Merkel y Sánchez se han saludado en la antesala de una rueda de prensa para dar cuenta de la crisis migratoria (que es la crisis de Europa y la crisis de nuestra sociedad globalizada y deshumanizada) y han hablado de La Gomera, como de una arcadia compartida. Los dos son fans del mismo peñasco.

En su Viaje a las Islas Canarias, Juan Cruz, que rendía homenaje al Cuaderno de godo de Ignacio Aldecoa. (se cumplen 60 años de su edición), recrea una escena genial de Merkel haciendo de goda, en el sentido coloquial de la palabra, pues a la canciller no se le ocurre otra cosa que mezclar almogrote con jugo de naranja en un alto en el camino. La política europea es un zumo de naranja con almogrote, donde los socios de la Unión no concuerdan ni hablan el mismo idioma, ni antes con la crisis económica, ni ahora con la crisis migratoria. Pero el idioma esta vez salva a España de un ridículo consuetudinario, cuando a nuestros presidentes se les atragantaba el inglés, unos por no saberlo, como Zapatero, y otros por chapurrearlo de mala manera como Aznar. Este Pedro Sánchez bilingüe está mereciendo por ello el elogio de la prensa, que no escatima palos ni zanahorias para el debutante, ya con aciertos y errores en tan corto espacio de tiempo. En inglés le dijo Merkel al verdugo de su amigo Rajoy lo que le entusiasma La Gomera, verdadero refugio de senderistas desde la década de los sesenta, en que fue una especie de Taylor Camp, el paraíso hawaiano de los hippies nudistas y porreros, y Elfidio Alonso escribió Con los dedos en la boca a propósito de las comunas libertarias que recalaban en los dominios ancestrales donde los barrancos inspiraron -hablando de lenguas- una jerga silbada propia de espías anacoretas celosos de su virginidad.

Merkel eligió su isla como hacen las celebridades donde evadirse y desconectar. Cuando tiene una crisis de Gobierno, busca La Gomera y se echa a andar. Así que pronto la volveremos a ver por aquí, con la que está lloviendo en su Gobierno de coalición por el problema migratorio desde que ese tal Salvini, ministro italiano de Interior, niega el pan y la sal a los barcos solidarios y les anima con estentórea xenofobia: “Llevaos a toda la carga humana a España”. La última vez que vino, Merkel se encontró un atasco en la autopista del sur y tuvieron que abrirle paso con las sirenas policiales. Quién sabe, si se cumplen los pronósticos y coge al piolet y al marido y se escapa a La Gomera, si va y la sorprende una oleada de cayucos.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

Añadir comentario