El cuento del descuento dentro de seis meses

Bastaría con asomarse al mapa (el de verdad, no al recuadro debajo de Baleares) y comprobar la distancia entre las islas y la Península para evitar incidir en la herida, en la distancia. El descuento de residentes es un aval que Ábalos tira por tierra llevado de la tentación de culpar a los predecesores, ese acto reflejo. Es posible que Montoro, perro viejo y trapecista, ingeniara una añagaza para aplazar en el tiempo la bonificación: si no es hoy, es mañana, incluso pasado mañana. Pero habría enfrentado un clamor como el de ahora, que es la ira congénita de estas islas -que a menudo recuerdo-, por la que este pueblo salta hecho un basilisco cuando nos toman el pelo en Madrid. Montoro habría dictado un decreto ley o un descrédito ley en su contra. Rajoy no habría tenido otra alternativa. Y Soraya Sáenz de Santamaría, la eficaz interlocutora de Clavijo y Román, habría reconducido el conflicto en un abrir y cerrar de ojos. El 75% estaría en vigor de inmediato, tras la pertinente ida y venida a la Moncloa de Asier, y alguna que otra cita nocturna de Pedro Quevedo y el ministro de Hacienda, como las que tuvieron en los días más negros del voto 176. Pero esto, esto de ahora, nunca habría sucedido. Esto no. Ábalos mete la pata hasta el corvejón.

Cuando sonó el teléfono y me llamó el jueves el director de Comunicación del ministro de Fomento, José Luis Ábalos, para regañarme por el titular del DIARIO esa mañana (Fomento abre un conflicto entre Canarias y Madrid al retrasar a 2019 el descuento de residentes), supuse que era una broma. El agitado portavoz de prensa reprendía al periódico, al periodista y al director por la ingratitud de la portada (la foto del ministro junto al titular citado) y la crítica del medio, que en esa misma edición insertó un Jaque mate (sucinto editorial), a su vez titulado Un maltrato inmerecido a Canarias. Huelgan los detalles de mi reacción y la posterior enmienda del dircom de Fomento (pese a todo, buena gente) destensando el clima de su debut destemplado con esta casa tras perder los nervios con la primera de un modesto periódico de provincias (fundado en 1890) y hasta tal punto influyente para todo un Gobierno de la nación. “Durarán poco en el poder con esa capacidad de encaje”, ironicé a posta, y le sentó mal. El síndrome del Gobierno de Sánchez (que aquí asocié a Kennedy y, al parecer, se finge deudor de Obama) es acertar en los golpes de efecto y evitar en lo posible meteduras de pata. Esta ha sido una soberana metedura de pata y el ministro no ha hecho sino pagar las consecuencias de una novatada, que va en la nómina del cargo. A jinete novato, caballo sin vicios. Hijo de torero, Ábalos sabe de malas cornadas. Que nos eche un capote.

Lo que por estos lares repele (la genuina godada) es la falta de sensibilidad con los ítems de la geografía: el aislamiento, la insularidad, la distancia… Y el descuento de residentes (exceptuadas las lacras del hecho diferencial: tasa de pobreza y de paro, dependencia y salarios) equivale a un derecho de cercanía que nos asiste de siempre pero que hemos alcanzado ahora, en los años del trauma territorial español. Este periódico calificó, al día siguiente, de “jueves histórico” la confluencia en una misma jornada (29 de junio) de tres noticias de considerable calado para el presente y el porvenir de esta tierra: la lluvia de los Presupuestos Generales del Estado (2.100 millones consignados a las islas) y la vía libre en el Congreso de las dos leyes más importantes para Canarias, la reforma del Estatuto de Autonomía y el nuevo REF en sus respectivas ponencias. Leyes que restablecen derechos que se remontan a vísperas de la guerra civil y a los Reyes Católicos, y cuya moderna revisión permanecía guardada en la gaveta más de veinte años.

Otros medios pasaron por alto esta alineación de planetas. Lo cierto es que en ese contexto de fiesta presupuestaria para las islas (jamás gozaron de semejante trato en las cuentas del Estado, una vez desvinculado el REF de la financiación) y de celebración por el desbloqueo de las dos leyes capitales, se produjo la interpelación de la diputada Ana Oramas y el jarro de agua fría de un ministro sin rodaje.

Ministros desentendidos de Canarias que nos despachaban con desaire, siempre los hubo del PSOE y el PP. Pedro Solbes no se cortaba un pelo negándonos la mayor, la existencia de un REF propio. Otros, como Abel Caballero y Enrique Barón le discutieron a La Gomera el derecho a un aeropuerto. Solchaga no secundaba a Saavedra en sus desvelos sobre un modelo económico especial. Aznar daba largas cuando tuvo mayoría absoluta y Rajoy, que ha sido el presidente más informado sobre Canarias, no dudó en cargarse los convenios y el plan de empleo bajo las restricciones de la crisis. Zapatero nos ninguneó hasta que, necesitado de CC, infló el globo del Plan Canarias -que era un documento concienzudo- y luego lo pinchó. González ya narramos aquí que nos amenazó con el artículo 155 por un desacuerdo arancelario. Suárez nos contentó con miles de millones cuando Cubillo apremiaba y el Sáhara dejó de ser español, pero, en una godada memorable, un día desmereció las primeras inversiones en telescopios desviándolas a carreteras por razones de “utilidad”. Aquella vez un joven profesor de Física rompió el protocolo y afeó la conducta al presidente. En Suárez hizo efecto la invectiva de Francisco Sánchez cuando nuestros cielos no se habían ganado aún ni uno solo de los EMI de María Rozman. El dinero fue para los telescopios y no para las carreteras gracias a Sánchez.

Ahora nos está faltando el Sánchez que salga al rescate del acuerdo entre Román Rodríguez y Mariano Rajoy para que los canarios viajemos a la Península con el 75 por ciento de descuento. Un tributo de cercanía que es la mejor réplica histórica a aquel tributo de sangre instaurado en el siglo XVIII, mediante el cual la Corona obligaba a emigrar a América a cinco familias canarias por cada cien toneladas de mercancías de los barcos que hicieran escala en las islas. Y no para dentro de seis meses ni para tres, cuando un decreto ley lo solucionaría de inmediato. Ábalos no tiene la culpa del ardid de Montoro, pero sí de pretender hacernos comulgar con ruedas de molino. El Gobierno de Sánchez ahora tiene que gobernar, salir del estado de ilapso, y husmear la tufarada, por ejemplo, de este cabreo de pueblo. Es un problema de días, no de meses, para un Gobierno de gestos, en tiempo de descuento.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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