El disgustado voto de Pedro Quevedo

Mucho antes de que el PSOE hiciera planes de viabilidad en el poder, cuando era un partido menguante en las encuestas que pugnaba por hacerse visible y levantar cabeza, las islas eran un buen lugar para tomar distancia de los problemas del Estado y la crisis del bipartidismo. Sánchez y Ábalos frecuentaban Canarias. El actual presidente, bien amistado con algunos dirigentes locales que le fueron leales cuando Susana Díaz lo expulsó del paraíso, recorría los pueblos de Tenerife y se dejaba hacer selfies en la vía pública con una extraña sensación de querer pasar inadvertido en las ínsulas españas y al mismo tiempo reconquistar desde tan lejos el espacio político que el PSOE había perdido por las guerras tribales y el auge indiscutible de Ciudadanos. No era el caso de una cruzada oprobiosa que empezó en Canarias y acabó en el Pardo, pero sí, una vez más, la prueba de que las islas tienen un efecto estimulante en la política española. Son, históricamente, un punto de partida. Tanto vale para América como para la Moncloa.

Sánchez y Canarias tienen una buena relación sentimental. Aunque la plana mayor del Gobierno no lo refleje, ni este desencuentro por el 75% de bonificación para residentes sea el mejor aval. Ábalos tiene margen hasta el viernes.

El próximo Consejo de Ministros no será sobre Canarias, pero las islas (con Baleares, Ceuta y Melilla) protagonizan una suerte de conflicto político con el Estado, a causa de los billetes de avión y barco con la Península, lo que genera una lógica expectación ante lo que decida el Gabinete. Si Sánchez no cuida los gestos con Canarias se dejará llevar por ese tobogán que tantas veces ha desembocado en una confrontación social de Madrid con este archipiélago. La disensión jurídica sobre si cabe un decreto ley este viernes, que abarate de modo instantáneo el viaje al continente, tal como aguardaban 3,5 millones de potenciales beneficiarios, o si solo es posible un real decreto que retrase meses la medida y prolongue torpemente el contencioso, parece una trampa. Vista la diligencia para renovar el consejo de RTVE, la clase política local se pregunta si nos toman por ignorantes.

Al PSOE canario le ha cogido desprevenido esta papa caliente. El secretario general en las islas, Ángel Víctor Torres, alertaba ayer en Ferraz a su secretario de Organización, el compañero ministro de Fomento, de los riesgos de tratar a la ligera a los canarios, siempre aprensivos ante la menor muestra de insensibilidad. No es asunto de leguleyos, sino de juristas, y en la Abogacía del Estado sobran de los mejores para que el ministro no ponga al PSC en un brete desagradable con votantes de las islas. ¡Por una cuestión de tres meses, este sofocón! Antes de que el ministro tenga el suyo, ya circulan informes de expertos, como viene informando DIARIO DE AVISOS, que autorizan la aplicación de un decreto ley para salir de este bucle del descuento del desencuentro.

La trastienda de gobernar son las menudencias que acaban convirtiéndose en menudos problemas. ¿Quién iba a decir a Sánchez que, a la vuelta de apenas un mes en la Moncloa, iba a indisponerse con los canarios -no con los partidos, sino con los ciudadanos de a pie que estaban pendientes de viajar a la Península en las vacaciones de verano- por un quítame allá un decreto ley? Y que por la misma razón iba a romperse el cántaro con Nueva Canarias, cuyo disgustado Pedro Quevedo no es ya el voto 176, sino el 85. No está el Gobierno para perder ni un escaño, oiga.

 
Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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