Cuando a Chile se le cayó el cielo encima

¿Por qué Chile hoy aquí? Mi intención no era otra que regresar al 73, contar qué era de nosotros entonces, sin Internet ni cosa que se le pareciera, imbuidos del Chile de Allende y de Pinochet. Pero llega el ministro astronauta a la isla y me distrae. Claro, Chile tiene telescopios… Por eso esta divagación.

El chileno Gonzalo Rojas, que adopté de poeta de cabecera hace años, entre otros -poetas-, habla del desierto de Atacama, adonde huyó por amor, y allí se yerguen los telescopios que se disputan el podio con los nuestros, el trono y el tronío de la astronomía, que ostentamos gracias al Grantecan. Quiero hablar de Chile, aunque sea mínimamente.

Pe(d)ro Duque preside hoy la cúpula del IAC en Tenerife, el día de la noticia del descubrimiento de material “probablemente” orgánico fuera de la Vía Láctea por un equipo de astrónomos liderados por Ana Monreal, que es de la casa. Yo pensaba hablar otro día de esto. El poeta nicaragüense Ernesto Cardenal posó su mirada sobre el cielo hondo y orondo, en su Cántico cósmico que leyó en La Laguna y nos preguntó, “¿y las galaxias hacia dónde van?”. Una clase de preguntas que rara vez respondería un ministro, salvo este Duque del Gobierno de Sánchez, que sabe de lo que habla en el Consejo Rector de esta mañana, porque es del gremio. Un astronauta no es nada político, como Nicanor Parra -chileno- era antipoeta, matemático y físico como Hawking, al que Rebolo reveló las últimas noticias de sus agujeros negros en la misma sede lagunera donde hoy preside Pedro Duque la reunión. Nuestro ministro de Ciencia se las tiene que ver con Chile tarde o temprano. Canarias se juega el oro de esa Olimpiada, y Chile, con la que nos llevamos bien -y a cuyos poetas adoramos- es nuestra competidora, como rivalizaban Parra y Neruda, que eran cuña de la misma madera: chilenos los dos.

Contemplamos las estrellas, porque hemos ido perdiendo el interés por los temas terrenales, los de comer y sembrar. Y nos volvemos poetas, nostálgicos, románticos, astrónomos o diletantes porque el día a día ha bajado de nivel, o porque hace calor. La política se ha devaluado. La crisis nos ha dejado su vitiligo, pero ya no acojona. Y nos aliamos con los poetas, de los que nadie se acuerda, por el rubor de ser lectores de versos y no de novelas negras, que es lo que viste. Un domingo, lo más razonable es comenzar a leer el DIARIO por El Perseguidor de Eduardo García Rojas, donde están las estrellas de las letras, como Ángel Sánchez, poeta, novelista, ensayista y antropólogo. Ya dije que quería hablar de Chile, de cuando la cultura no era clandestina frente al poder, ni este auge de la banalidad la trivializaba. Mi tema hoy era Chile, pero la culpa es de Pedro Duque, que viene a Canarias, la Atacama de Europa.

A Parra lo condenó la foto de un té con la esposa de Richard Nixon. La cultura ha tenido una relación difícil con la política. Los artistas -los de la ceja de Zapatero, en su día- han tenido gestos de complicidad con algunos políticos. No siempre acabaron bien los matrimonios de artistas y políticos. Pero este Gobierno de Sánchez, en el que viaja a bordo un astronauta y predomina un aire kennedyano de cielo abierto, parece que reconcilia a unos y otros. Nos queda poesía para rato ante la deriva de la política patán de los Trump, Salvini… Pero, con ocasión de Allende, hasta los poetas se congraciaban con los gobernantes. Eso ya quedó lejos, si bien ahora salta la noticia, casi inadvertida, de que han condenado a los autores de la muerte salvaje de Víctor Jara -que escribió un poema cuando lo iban a martirizar- y piden la extradición de Estados Unidos del militar que lo torturó y mató. Por eso hoy quería hablar de Chile, y casi lo consigo.

 

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

Añadir comentario