Sánchez, en AVE y con gafas de cerca

Contra todo pronóstico, Sánchez va bien. La censura lo catapultó. En la política de héroes y villanos a que estamos abocados en la Europa y el mundo de hoy, el joven socialista presidente se está desenvolviendo con maneras de estadista virtuoso en mitad de una constelación de líderes, ciertamente, refractarios a los derechos humanos que tienden a la democratura, neologismo que agitan quienes se muestran más pesimistas ante el descampado de Occidente a Oriente en manos de gobernantes sin principios ni más ideología que el poder terrateniente de sus países. Sánchez ha erguido una estampa que reconforta en las cumbres donde ha debutado. España era un país de políticos bajitos que no hablaban inglés, como sucedía desde Franco a Suárez, con Marcelino Oreja, aquel buen ministro de Asuntos Exteriores que solicitó la adhesión de España a Europa y llevó el caso canario en África, disputando -pero no despuntando- en los foros internacionales por llamar la atención. Hasta Merkel, que era uña y carne con Rajoy, parece haber empatizado con Sánchez. Y este, usando la misma herramienta de inteligencia emocional, se las arregló para saltar la valla de su primera prueba con Trump: el jueves, tras conocerle en las sesiones de la OTAN, dijo : “Empatizamos”. La historia de la foto de ambos ha sido reconstruida con detalle, como en una incursión del cestista marcando al hombre. Simulando las tomas del VAR, se ha descrito el plano cenital de la escena: Sánchez busca a Trump en el corrillo de la OTAN, se aproxima por la espalda y este gira la cabeza para escucharle; el español ha logrado entrometerse entre el yanqui y el turco Erdogan, los interrumpe claramente y se adueña del plano, hasta lograr lo que quería, el presidente de los Estados Unidos le toma del hombro y él le sostiene el codo, cara a cara se saludan y se caen bien, es una escena afectuosa, que cellebra al fondo sonriendo la ministra de Defensa, Margarita Robles. Ya está. Sánchez en el Olimpo.

La política siempre fue una escenificación, pero ahora es una continua puesta en escena en toda regla, donde el secreto no reside tanto en el fondo como en las formas y los tiempos. Macron estrechó con ganas la mano de Trump en su primer encuentro, y le mantuvo la mirada como en una llave de judo putinesca hasta que le subieron los colores al del tupé bermellón. Y lo contó después: “Es que Trump siempre hace lo mismo, te atrae con fuerza agarrándote la mano y no te la suelta”. Si observamos la foto con Kim Jong-un, comprobamos, en efecto, que el magnate lo desarma con su truco infalible y el coreano, bastante simplón, pica como un novato. Otra vez, Trump le dio un codazo a otro colega extranjero para ganarle la posición y ponerse en cabeza del pelotón de líderes. Sánchez parece haber ido a la cumbre de la OTAN con la lección aprendida. Evitó hacer un ‘Zapatero’ (cuando no se levantó en el desfile al paso de la bandera USA) y le siguió la corriente al amo del mundo: subirá al 2% del PIB la aportación española a la Alianza Atlántica; lo hará con el tiempo, que es su arma favorita (llegó a la presidencia contrarreloj y sigue tejiendo y destejiendo el tiempo de llegar a las urnas). Acaso los votos escasos no lo dejen cumplir la promesa, pero queda dicho y el americano se ha ido contento con el español. Próxima cita en la Casa Blanca, siguiendo los pasos del rey. Ya verán.

Sánchez tiene el escenario lleno de calderos al fuego: Cataluña, la tele, el comején de Podemos, los restos de Franco y los muertos de las cunetas, el machismo de la Constitución y el calentón de Arturo Pérez-Reverte, los impuestos a los oligopolios, la sentencia de La Manada, la asignatura de Religión, nuestro arduo 75% y, ya en la hipérbole de la espiral, el escándalo de las confesiones de Corinna que profanan al faraón, en el serial de El ESPAÑOL que amarga el verano a toda la Familia Real. Como tiene los días contados desde el 1 de junio, su razón de ser es la de un presidente eventual que evite los charcos y convoque elecciones cuando le convenga. Nunca antes fuimos un país tan interino.

Rivera lamenta el fiasco de Rajoy, cuya imagen de político sin imagen le convenía. Ahora, Sánchez es la imagen personificada. Rajoy era la antítesis del hombre anuncio y nos había prohijado en su indolencia de plasma, dueño de sus indecisiones. Rajoy cayó por un cuarto de hora al vacío; si la sentencia del caso Gürtel se hubiera aplazado un mes y medio, habría tenido el impacto de una mosca contra el cristal que el caso Corinna acaba de romper en mil pedazos. Pero la travesía de Sánchez es la de una buena gesta que merecía su guion, y esta es la película. El joven exalero del Estudiantes encestó el triple de su vida y va “partido a partido” como buen ‘cholista’, según dicen. El hombre de la gesta y de los gestos lo está haciendo bien. Creo que es de justicia convenirlo.

Su arte será el de no gobernar y guardar la ropa, para quien actualice a Maquiavelo. Ahora le vemos pasearse por Europa, codearse con Macron y Trump como un colega, sonreír como si nada le perturbara, y abrirse puertas acertando en los temas de conversación: a Merkel le habló de La Gomera. Sánchez lo está bordando. Pronto se harán teorías de su talante, como aquellos exégetas de Zapatero que rizaban el rizo y la ceja a mayor gloria del líder. En la metamorfosis del presidente anidan recuerdos de Carme Chacón y de Borrell y todas las almas del PSOE que se quedaron a las puertas del cielo, y se reencarnan en su asalto. Esta vez hay algo que no se reduce al simple ‘turnismo’ de derecha-izquierda de la política española de los últimos 40 años de Constitución. Y esta es otra, le tocará el honor de celebrar en diciembre en el poder el aniversario más codiciado de la España democrática: la Carta Magna.

El éxito de Mr. Handsome (el Señor Guapo, para el Financial Times) no ha sido solo saber esperar (“En España, el que resiste, gana”, decía Cela), sino, además, saber apostar (“En España, el que arriesga, gana”, nos dice Sánchez). ¿Cuánto tiempo le durará el viento a favor y la bonanza antes de que explote el volcán de los catalanes, lo inunde todo el huracán ‘Corinna’ y se desate la ira de quien suceda a Rajoy el sábado en el PP? ¿Cuándo reaparecerá Rivera, que perdió el aura, pero no la paciencia?

Con Italia como está y la marea de estados populistas, hoy Europa es Alemania, Francia y España y poco más. Sánchez es el presidente de la cuarta potencia europea. Y no lo está haciendo mal. Pero viaja en AVE. Política de alta velocidad. Ese es el riesgo. Sánchez necesita gafas de cerca, y no las de sol con que le fotografió en el Falcon del presidente el periodista Miguel Ángel Oliver, secretario de Estado de Comunicación. Sánchez va bien, pero vienen curvas.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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