Los pósits de verano

En la solapa de este verano hay varios pines como pósits a modo de recordatorio pegados en la puerta de la nevera. Uno de ellos -genuinamente canario- es la probabilidad de microalgas o cianobacterias. Casi como un estribillo, coreamos que el aumento de la temperatura del agua, la calma del mar, la ausencia de alisios y el polvo en suspensión o calima son el cóctel perfecto para que irrumpan las trichodesmium erythraeum, que el verano pasado cobraron fama en las páginas de DIARIO DE AVISOS y desataron un debate científico-político enfebrecido como pocos. De modo que en la cornucopia de escándalos mediáticos de más o menos reciente memoria por estas islas, mencionaríamos de corrido las manifestaciones universitarias de los años 80; la protesta contra el tendido eléctrico en Vilaflor de 2002; la crisis de los volcanes de 2004; la polémica del puerto de Granadilla a finales de la pasada década; la guerra del petróleo (2012); la erupción submarina de El Hierro (2015), y la controversia sobre las microalgas y el absentismo del Gobierno en el verano de 2017. Tan presente está aquella estampa de los mares defecando y el tufo de la porquería, que el inconsciente colectivo teme ahora a la par, cuando llega agosto, los incendios forestales y la mierda en las playas. Eso lo tenemos clavado con un pin en la frente. La gente está todavía con la mosca detrás de la oreja jurando en arameo por la inmundicia que se arroja a la costa cada día en Tenerife con los 57 millones de litros de agua sin depurar al mar. Tal cosa, sin embargo,sucede sin que se pongan coloradas las autoridades. Nuestra infinita paciencia acaba de ser elogiada irónicamente por la presidenta del Defensor del Paciente, Carmen Flores López: si a ella le dieran cita para el médico para 2021 dice que se iría directa a los juzgados. No somos estoicos, sino estólidos. Y gobernarnos es un chollo: ponemos siempre la otra mejilla.

Si las fuertes temperaturas no se esmeran esta vez, acaso cerremos el verano con mejores estadísticas en golpes de calor, que son el azote de una población envejecida como la nuestra. Y a propósito del abuelo, con un poco de suerte -o quizá necesitemos mucha- este año se le cae cara de vergüenza a la prole y no abandona a los progenitores en hospitales y gasolineras, según la leyenda urbana -y no tan leyenda- de semejante método familiar de soltar lastre de la vejentud para salir de vacaciones.

El verano es displicente y cruel. Si no estás bronceado, eres un paria. Y el moreno albañil delata al currante. Ahora dice la policía que se ha disparado la criminalidad por estos lares (violaciones y homicidios), lo cual describe todo un laboratorio sobre las raíces del odio humano y la psicopatología. Se nos ha acidulado el carácter de un tiempo a esta parte, somos más cascarrabias e irritables; a la primera saltamos, del volante a degüello como ilustran continuas entregas de vídeos que descubren nuestra faceta bronquista.

No cité en el baremo de verano de los debates más sonados en las islas la crisis migratoria de 2006. No fue una polémica, sino un drama humanitario. Y es cierto que en este verano, con el buen tiempo y la vista gorda marroquí, las pateras y cayucos han vuelto a la primera página de este periódico, como antesala de la noticia. Pues fue el ministro Marlaska el primero en poner la venda antes que la herida desde Mauritania: si cierran las rutas del Mediterráneo, las mafias volverán a abrir la del Atlántico. Canarias un día -hace doce años- trenía un cementerio en el mar. Todo viene y va por ahí, aunque aquí vivamos con la mente abducida por la tele, creyendo vivir en un continente.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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