El Mundial de las Mujeres

Tiene esta isla una propensión natural a darse a conocer y asomar la cabeza. Es inherente a la idoneidad de Tenerife para celebrar acontecimientos. Y ese impulso que hace de un lugar apto para una determinada faceta, convierte, sin duda, a esta isla en particular en la sede cómoda y comodín para un congreso mundial de literatura, una exposición surrealista internacional, una competición planetaria de windsurf o de zonas francas o de lo que sea. Y, por supuesto, de baloncesto. La idea de hacer el Mundial de Tenerife -como ha quedado acuñado de boca en boca en los telediarios- fue una majadería sensacional de unos cuantos dirigentes del basket de la isla y de este país, de los Manolo Gómez y Garbajosa y adláteres. Cuando impusieron, contra viento y marea, la lógica irracional de una isla iluminada que apuesta alto, y las autoridades más renuentes dieron el brazo a torcer, trazaron su plan con la eficacia de una osadía calculada. Nadie es profeta en su tierra si no vence la resistencia local a lo nuevo. Esta isla (es su paradoja más célebre) siempre lleva la contraria al que tiene una idea. Y si la idea es colosal, hallará la oposición consiguiente multiplicada por dos, porque nadie está dispuesto a que otros se pongan medallas. Con todo, la leyenda nos dice que los sueños son lo más consustancial a este sitio de quijotes que tiene galones ganados a lo largo de la historia en materia de metas imposibles. Me vienen a borbotones los precedentes más conocidos. La audacia y agallas de Javier Pérez, que hace 25 años llevó al Tenerife a jugar en Europa, y la de José Emilio García Gómez que trajo a Michael Jackson. El imán del Teide concentra esas energías, y aquí muchos tinerfeños con un arrojo febril llevan colgado del cuello ese escapulario que invoca la fuerza del volcán. Nada se interpone entre los sueños y la desidia cuando a alguien se le mete entre ceja y ceja hacer aquí un Mundial, un aquelarre de esos, porque hay redaños de sobra para vencer los obstáculos económicos y políticos de pueblo chico, infierno grande. Los hados se han vuelto a conjurar para que este Mundial de Baloncesto Femenino haya sido un éxito. Tenerife se lleva el oro de la organización (“Ha sido un Mundial perfecto”, afirma Horacio Muratore, presidente de la FIBA). La muletilla del mejor Mundial de la historia con que titulábamos ayer en portada no es ninguna concesión a la galería, sino la convicción del estamento internacional de que este ha sido el mejor campeonato de cuantos se han celebrado, con el aliciente oportuno de coincidir con el año por definición del movimiento vindicativo de igualdad de las mujeres. La de sedes que se habrían dado codazos para acoger una edición como esta en la hora justa que la hace irrepetible, es algo que está en mente de todos, a la vista del éxito, y que ridiculiza la falta de visión de quienes, como el presidente del Cabildo, no vieron o no quisieron ver desde el primer minuto la trascendencia de la cita. En DIARIO DE AVISOS no dudamos en contrarrestar, al instante, y en la medida de nuestras fuerzas, la torpeza que entrañaba decir no al Mundial de Mujeres que nos ponían en bandeja. Una vez más triunfaron los soñadores, que llevan en la sangre el ADN de la épica de la isla.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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