El salpicón electoral y el maretazo de Garachico

Este 20-N nos trae a la memoria -histórica, por supuesto- el recuerdo bituminoso de Franco, y Sánchez no ha tenido mejor ocurrencia que mandar al mensajero Ábalos a anunciar elecciones generales para el 26 de mayo. Entre el 20-N y el 26-M, en tan solo seis meses, se juega el partido de esta microlegislatura, pues antes de medio año debería ser exhumado Franco del Valle de los Caídos para que Sánchez cumpliera su palabra. Y el Vaticano se las entienda con la Almudena, tras aquella audiencia de Carmen Calvo con el secretario de Estado del papa y el desmentido inaudito de Pietro Parolin. El caso es que Franco se metió en la agenda -agendar a Franco dicen los cursis de ahora- y no ha habido manera de sacarlo del guion, como tampoco de la tumba por ahora. Y no sé si le dará tiempo a Sánchez, santo pagano, de desenterrar a Franco, que no es santo de milagro, cuando hasta Pío XII, el del silencio cómplice con los nazis, va camino de serlo si le consiguen atribuir uno con su intercesión.

El 26-M se convirtió ayer en una pesadilla, más allá de la resurrección del fantasma del dictador, para los partidos nacionalistas, toda vez que el ministro y secretario de Organización del PSOE deslizó -al modo de los globos sondas de toda la vida- la hipótesis de reunir todas las elecciones en un superdomingo: el 26 de mayo. Ábalos agita el patio con un totum revolutum de ese calibre, consciente de tocarle los telenguendengues a las pequeñas formaciones nacionalistas y, de paso, a la derecha, que está dividida como nunca en centro-derecha y extrema derecha, de Ciudadanos a Vox pasando por el PP. El mismo día comentaba en estas páginas Pedro Quevedo (NC) que a ningún líder nacional de la oposición le interesaban elecciones anticipadas, aunque las invocaran a grito pelado, dado que las encuestas no les sonríen y les conviene ganar tiempo a ver si Sánchez se desgasta entre la exhumación de Franco y la inhumación de los Presupuestos pactados con Podemos. Si las andaluzas no apean a Susana Díaz -ayer subía en el tracking de EL ESPAÑOL-DIARIO DE AVISOS -, Sánchez se echa al monte y llena la urna de papeletas el 26 de mayo. Canarias se va a hartar de votar: al Congreso, al Senado, al Parlamento europeo, al Parlamento autonómico, a los ayuntamientos y a los cabildos. Y si la circunscripción regional cobra carta de naturaleza por separado, tendríamos siete sufragios ese superdomingo, que barrunta una auténtica conmoción.

Si el oráculo Ábalos está en lo cierto -es la mano derecha de Sánchez, y la izquierda y la mano oculta que mece la cuna de estas cosas que se cocinan en la polítca a oscuras-, en partidos como Coalición Canaria (el PNV también teme por sus ayuntamientos) les sienta a cuerno quemado un salpicón electoral como ese. Porque los candidatos serían los nacionales, el Pedro Sánchez, el Casado, el Rivera y el Iglesias, y los cartelitos locales perderían protagonismo. No ha pasado nunca y se desconoce el efecto de un tsunami así. Puede suceder cualquier cosa, pero en CC son conservadores y no les apetece un garachico. Vistas las fotos del maretazo en el DIARIO -ayer estaban las calles que daban pena tras el revolcón de las olas-, Clavijo, que tiene, Estatuto en mano, lo malo y lo bueno -el desafuero y el adelanto electoral-, se lo piensa.

¿Adelantar las canarias si vienen las generales en tromba? Por ahora dice que no. Cuando los políticos niegan es que ya salió el motorista.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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