Javier Solana, exministro: “Me preocupa Trump, me inquieta, no me gusta nada”

 

Por Carmelo Rivero / Domingo Negrín

En la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife (Rseapt), Javier Solana Madariaga analizó la actual situación política, social y económica. Con motivo de esta visita, el exministro, ex secretario general de la OTAN y ex alto representante para asuntos exteriores y de seguridad de la Unión Europea concedió una entrevista a DIARIO DE AVISOS. Incisivo, pedagógico y diplomático, su experiencia le autoriza a hablar en primera persona, con conocimiento de causa.

-Con un recorrido bastante largo y como actor en primera fila de grandes acontecimientos de finales del siglo pasado y comienzos de este, ¿participa del desconcierto generalizado o es más bien optimista?

“Yo no quiero ser pesimista, pero tampoco ingenuo. La situación es difícil. Han pasado muchas cosas inesperadas: algunas, malas; otras, muy buenas. En general, hay un cierto desconcierto desde el punto de vista político y económico, aunque la parte económica no está tan mal a nivel global. Tenemos los problemas en el comercio, con tensiones sobre todo entre Estados Unidos-China y Estados Unidos-Unión Europea que seguramente no van a ayudar al crecimiento mundial. Esperemos que eso se solucione en un tiempo corto. En la última reunión del G-20, Estados Unidos y China llegaron a un acuerdo de tratar de resolver los problemas comerciales en un periodo de tiempo razonable. Veremos si esa tregua se convierte en realidad. Sería estupendo”.

-¿España ha perdido el tren del liderazgo en Europa?

“España nunca ha tenido el liderazgo, pero sí un liderazgo importante en la Unión Europea desde que entramos nosotros [el 1 de enero de 1986, en las Comunidades Europeas]. Entonces había un motor fundamental, formado por Alemania, Francia y el presidente de la Comisión, Jacques Delors. Es verdad que el presidente del Gobierno, Felipe González, y los que hemos sido ministros de Asuntos Exteriores hemos estado metidos siempre en el corazón de la Unión Europea. España es un país muy proeuropeo y está llamado a jugar un papel determinante. No siempre ha sido así, al nivel de nuestra máxima capacidad. Creo que se está recuperando nuestra presencia en la parte altísima de la dirección de la Unión Europea”.

-¿El problema catalán es resoluble? ¿O conllevable, como dijo José Ortega y Gasset en las Cortes con motivo del debate de aprobación del Estatuto de Autonomía de 1932? ¿Qué aconsejaría, en todo caso?

“Es un problema serio. Creo que tiene solución, que debe encajarse en el marco jurídico en el que España vive desde la aprobación de la Constitución de 1978, votada muy especialmente en Cataluña. No va a ser fácil. Requerirá tiempo, paciencia, sentido común y personas que estén al mando de la negociación, llamémosle así, sensatas, con sentido de Estado y ganas de trabajar con tenacidad”.

-En esta especie de encrucijada, ¿un gobernante socialista como Pedro Sánchez tendría que apostar por el diálogo a pesar de que la derecha está pidiendo el 155?

“Yo creo que el diálogo no se debe parar nunca. Es una capacidad de las sociedades democráticas, que es la de poder hablar. Para intentar resolver problemas, no para crearlos. Por lo tanto, entiendo que algún tipo de diálogo hay que mantener abierto. Incluso en los momentos más complicados. Yo he estado negociando temas muy importantes para la comunidad internacional, como las armas nucleares de Irán, y nunca, ni en el peor momento, me he levantado de la mesa”.

-¿El riesgo de que España se contagie del efecto de Kosovo es remoto o habría que estar vigilantes por si acaso?

“Imposible. No tiene nada que ver lo uno con lo otro. Las circunstancias históricas son totalmente distintas. Querer aplicar medicinas que vienen de otras enfermedades o problemas para resolver los nuestros me parecería un gravísimo error”.

-Como la vía eslovena, ¿no?

“Yo la viví. Estaba allí. Toda la ruptura de Yugoslavia me cogió como ministro de Asuntos Exteriores y después como alto representante de la Unión Europea y como secretario general de la OTAN. Lo he vivido por activa y por pasiva. No se lo recomiendo a nadie como modelo. Diré más: el presidente de Eslovenia, que lo era rotatorio de Yugoslavia, fue amigo mío, hablaba castellano perfectamente y tuvo que dar salida a esta parte de la dificultad que era gestionar un régimen, el serbio, que estaba en manos de Slobodan Miloševic, el secretario general del Partido Comunista de Yugoslavia, dispuesto no solamente a que no se rompiera, sino a utilizar la fuerza. Hubo muertos y, desgraciadamente, la guerra no se ha terminado. No se ha llegado a encontrar una solución para Bosnia”.

-¿Qué salida tiene el brexit?

“Primero, la que quieran los británicos y que acepten los europeos. Al Reino Unido es al que le toca mover las fichas. En este momento, la primera ministra [Theresa May] sabe cuál es la posición de la Unión Europea, que no va a cambiar, y ese texto tiene que pasarlo por el Parlamento de Westminster. Está haciendo un esfuerzo extraordinario, pero hay gente que no quiere bajo ningún concepto que ella gane. Creo que hay todavía una fórmula para salir de esta situación, que sería un drama para el Reino Unido. El gobernador del Banco de Inglaterra ya ha advertido de los sacrificios que habría que afrontar [Mark Carney pronostica un desbarajuste económico, con una reducción del PIB y el desplome de la libra, si no hay un acuerdo antes del 29 de marzo] y les queda una oportunidad de no pasar por eso”.

-¿Existe por ahí alguna palanca para dar marcha atrás y revertir el proceso?

“Tendría que cambiar la decisión que adoptó el Reino Unido, presentada formalmente a la Unión Europea. Hay movimientos de diverso tipo [la presión aumenta]. Esta misma tarde ha surgido uno -voy a hablar yo con ellos- para formular una petición de un segundo referéndum [tras el que hubo el 23 de junio de 2016]”.

-¿Cómo ve a Europa?

“La veo con los ojos de alguien que la conoce bien, que la ha vivido intensamente. He estado más de quince años dedicado a la política europea y pienso que Europa es una necesidad del mundo de hoy, con tensiones comerciales, donde empieza a haber una deriva hacia regímenes autoritarios, una vuelta a un nacionalismo atemporal. Percibo un deseo en la comunidad internacional de que Europa siga funcionando y desempeñando un papel, que tenga una voz y la posibilidad de poner sobre la mesa soluciones a problemas que si se dejan solo a los que están participando ahora sin una voz sensata, responsable, como suele ser la de Europa, no se resolverán. No solamente creo que hay demanda de Europa para los europeos, sino para ciudadanos del resto del mundo”.

-¿Le preocupa la figura de Donald Trump?

“Me preocupa, me inquieta, no me gusta nada. Creo que es un gravísimo error la posición de Estados Unidos de situarse al margen de lo que ha sido siempre, en el marco de lo multilateral. En el mundo en el que estamos, con un elevado nivel de interdependencia, es absurdo, un disparate. Los problemas más graves en estos momentos son de naturaleza global y, consecuentemente, requerirán soluciones globales y necesitarán instituciones multilaterales. Por ejemplo, que Estados Unidos se haya bajado del esfuerzo por intentar resolver el problema grandísimo, global, como es el cambio climático me parece un acto de gran irresponsabilidad”.

-¿Y Vladímir Putin?

“Putin está siendo para Europa un problema, porque tiene abiertos conflictos en la vecindad. Ucrania es un país próximo a la Unión Europea. A la larga, sea quien sea el presidente de la Federación Rusa, tendrá que pensar seriamente y darse cuenta de que es más importante para su modernización la frontera con la Unión Europea que con la de China. Nos intercambiamos gas todos los días desde hace muchos años. Durante la guerra fría, también. En el futuro, la relación habrá de ser objetivamente mejor. Nos conviene que sea así”.

-¿Esas voces que alertaban de una guerra nuclear estaban disparatadas?

“No, no estamos cerca de una guerra nuclear, pero sí en una etapa de gran tensión conceptual. El despliegue de misiles nucleares de distancias intermedias fue decidido por parte de Rusia durante la guerra fría. Hubo una contestación: instalando en suelo alemán unos cohetes para contrapesar esa posición de misiles apuntando a Europa. Eso fue un durísimo trabajo para los europeos. Me acuerdo de que el canciller Helmut Schmidt [socialdemócrata], una de las personas más inteligentes que he conocido en mi vida, tuvo que tomar esa determinación. Después de la caída del muro de Berlín [el 9 de noviembre de 1989] y de la disolución de la Unión Soviética [1991], esos misiles fueron retirados y se firmó un tratado [el INF, suscrito el 8 de diciembre de 1987 en Washington entre Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov]. Lo que ha pasado es que, desde hace poco tiempo, hay un misil ruso que pudiera estar, con pequeñas adaptaciones, en el rango de aquellos. Eso nos ha metido en una situación complicada: los americanos han dicho a los rusos que tienen que corregir esa situación y que, si no, abandonarían el tratado. Si eso ocurriera, nosotros estaríamos en inferioridad ante Rusia”

[Putin se escuda en la amenaza de una confrontación nuclear frente a las sanciones de Occidente y el aislamiento].

-No solo a Trump le molesta el proyecto de un ejército europeo. Los recelos de Estados Unidos vienen de antes…

“Un ejército europeo no va a haber, sino capacidades de seguridad y defensa europeas. Se busca una conexión mucho más estrecha y una integración muy superior a la actual entre las fuerzas armadas de los distintos países, desde el punto de vista tecnológico, del armamento… La capacidad de acción estratégica autónoma de Europa está escrita en los textos, desde el que yo escribí en 1995 hasta los que acaban de salir. Eso no le gusta al presidente Trump, pero a nosotros sí”.

-¿Canarias ha estado siempre bajo el paraguas de la OTAN?

“Canarias es España y está en la OTAN como España”.

-¿El Archipiélago debería estar particularmente pendiente de lo que pase en África por lo que le pueda afectar?

“África va a ser el continente del siglo, por la población y los recursos naturales. En mi opinión, Europa debería tener una mirada hacia África mucho más atenta. A Canarias, como parte de Europa y por su proximidad, le interesaría fijarse más, involucrarse en la vida política, económica y social de los africanos”.

-¿Estamos ente una carencia peligrosa o inquietante de liderazgos en Europa y en el mundo?

“No estamos en el mejor de los momentos históricos que he conocido desde el punto de vista de las figuras capaces de liderar, de poner sobre el tapete ideas y de movilizar en el ámbito de la vida democrática, no autocrática. A veces echo en falta a personas con esas características que yo he conocido y que ahora veo con menos frecuencia”.

-Angela Merkel se retira ya…

“Lo ha anunciado. Le quedan todavía dos años como canciller [ha cedido el testigo a Annegret Kramp-Karrenbauer, su delfín, al frente de la CDU]. Creo que ha dado muchísimo de sí, no puedo nada más que emitir juicios cariñosos hacia ella. Me ha tratado muy bien, hemos trabajado juntos durante casi quince años. Nunca me olvidaré de que, cuando a ella la nombraron doctora Honoris Causa por la Universidad más importante de Alemania, la de Leipzig, que era el sueño de su vida, me llamó para que fuera yo quien le hiciera la laudacio en esa ceremonia. ¡Un honor enorme! Es una personalidad potente. En el delicado asunto migratorio, demostró una gran valentía que le costó algunos puntos en la política doméstica, pero hizo mucho bien a Europa”.

-Es curioso: a ojos de muchos españoles, por la austeridad en la crisis, parecía una mujer antipática. Luego su imagen se ha engrandecido…

“No hace muchas semanas escribí un artículo sobre ella y decía que fue demasiado tajante en los temas económicos pero que ha hecho cosas buenas”.

-La Constitución española acaba de cumplir 40 años. ¿Goza de buena salud?

“Yo estuve en las Cortes constituyentes y formé parte de la comisión que elaboró la Constitución, que nos ha proporcionado una estabilidad extraordinaria. Tiene capacidad de ser modificada, mejorada, sin olvidarnos de cómo nació y de los elementos que contiene. Hay que releerla con ojos bien abiertos para darse cuenta, en el mundo en el que vivimos, de la relevancia de contar con una Constitución duradera. Con eso no quiero decir que esté escrita en piedra. Está escrita sobre papel y existen unos mecanismos de reforma”.

MR. PESC ERA EL HOMBRE MÁS IMPORTANTE DE EUROPA

Ha sido uno de los líderes del planeta. En sus años de secretario general de la OTAN o Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad (Mr. Pesc), en que era el hombre más importante de Europa, Javier Solana era un español sin complejos que sobresalía en la esfera internacional. Desde entonces, y tras ser el triple mejor ministro de Felipe González, jugó en la liga de los grandes líderes donde los dilemas habituales giran en torno a la guerra o la paz. Ordenó el bombardeo de Serbia porque Milosevic amenazaba una catástrofe humanitaria. Solana parece ahora relajado, libre de las grandes tensiones que vivió. Físico como Merkel -a la que aprecia y considera una amiga- se abonó a la política internacional y destacó cuando el mundo gozaba de auténticos líderes enfrentados a auténticos problemas. Solana como excepción era un español desprejuiciado que todos valoraban en las altas instancias. En el club Bilderberg, donde anida el poder, también es respetado. La entrevista se celebró en el hotel Mencey, en presencia de sus amigos y anfitriones José Carlos Alberto Bethencourt y Marisa Tejedor.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

Añadir comentario