Mardones y la fauna política

Mardones era un animal político. Dada su condición de veterinario, esta es una afirmación que le halagaba. Hace dos años quedamos citados en el Mencey para hablar largo y tendido de su andadura política. Tenía una pierna fastidiada, una quiebra en la cadera quizá, pero esa andadura política había sido dilatada y firme, representaba la era exitosa de los nacionalistas canarios herederos de UCD, los años exultantes con grupo propio. Mardones, alejado del escaño y el escarnio en que se había convertido la política española, seguía con nostalgia faunística las cuentas de CC en las Cortes. Una diputada tinerfeña y un senador herreño, resumía, recordando que hubo cuatro legislaturas con grupo parlamentario, en que los Presupuestos del Estado tenían una adenda canaria y cuatro diputados de las Islas guardaban una carta bajo la manga. Como si el hombre que encarnaba ese periodo de esplendor de las AIC, luego CC, mirara con desencanto los despojos del partido, ya desde la grada; Luis Mardones Sevilla se temía lo peor. “Tuvimos cuatro diputados, ahora uno, y después de uno viene cero”, me dijo aquella vez con resignación. Ya no militaba. Había dado un portazo cuando le dieron la consigna de votar contra los últimos Presupuestos de Zapatero.

Mardones era un nacionalista inconfeso. En la entrevista, el histórico diputado canario de Estado, me explicó qué era esto último que acabó de decir. Diputado canario de Estado. ¿Qué suerte de nacionalismo acuñaba este dinosaurio devenido gaviota en Madrid? Para Mardones, a sus paisanos nos convenía que la letra y la música fueran las mismas en Canarias y en la capital del Reino. “Esto no es Suiza”, remachó. No había otra si las Islas querían participar del gran banquete de los Presupuestos del Estado. No tenía ningún resquicio de duda. Su nacionalismo, me aclaró al fin, era una conducta pragmática. Desenterró los orígenes de su fuerza política, que provenía de la extinta UCD, y recordó: “Éramos el partido de la burguesía”. Las aptitudes políticas de Mardones eran como las de Suárez, del que me refirió una desconocida incursión por Córdoba en tiempos de Franco para promover un partido nonato en la España predemocrática y aún tardofranquista, la Unión del Pueblo Español (UDPE). Los dos caían bien, te amistaban a la primera. Era demócrata y ejercía una ética de consenso que ahora se ha vuelto prohibitiva en la España que entierra a Mardones y se enfrasca y se ofusca en las cámaras crispadas de un país envilecido en continúa campaña electoral.

Con esa lógica de bailar al son de los Presupuestos, votó la investidura de Felipe González en el 89, y no disimuló que a cambio consiguió perras para los baches de acceso a Los Rodeos y otras carreteras y subvenciones para viajeros y mercancías, amén del estribillo del REF. Ahora que ha muerto (durmiendo, como mejor se muere), quiero decir que un día, siendo casi niños, alguien de Los Fregolinos nos presentó -hace casi 50 años- a un canario que iba a dar que hablar. Mardones era el mejor ejemplo del fairplay. Decía que llevaba puesta la camiseta de Tenerife. También llevaba en la maleta del coche el traje de mago por si le pillaba una romería. Se metía a la gente en el bolsillo. Era un animal político .

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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