El ‘sino’ de la OTAN

Resulta que el referéndum de la OTAN ha vuelto a la palestra, y no por analogía con el del brexit de nuestras cuitas. Fue Casado, el Pablo del PP, el que desempolvó al fantasma en un mitin en Las Palmas para dar la alternativa a Asier Antona en la carrera electoral. Ahora bien, Casado quiso hacer lo contrario de lo que ha conseguido. Su plan era avivar el orgullo aplatanado, hacer de las Islas una sede promisoria de la OTAN para África, contando con que la Alianza Atlántica tiene ahora mejor cartel -con el yihadismo y todo eso- que en el 86, cuando Felipe González dobló el pulso a las encuestas y ganó el referéndum contra todo pronóstico. Pero la OTAN -y cualquier otro tema altisonante que se tercie- no escapa a la sed de argucias y argumentarios preelectorales con que alimentar Twitter y Facebook, que son insaciables por definición. Así que Casado, ingenuamente, echó leña al fuego y Coalición Canaria -que se disputa el mismo caladero que el PP, y siendo colegas se dan codazos por el voto- ha salido, treinta y tantos años después, capitalizando el no de Canarias a la OTAN, más allá de no querer cuentas con Trump, que ha encarecido los servicios.

Vamos, el referéndum es una pieza arqueológica de la España democrática. Corresponde al auge de las victorias absolutas del PSOE del rey Midas González y como tema da pie a recordar los aquelarres que parieron este modo de país y democracia disjunta, ahora en plena crisis de identidad. En aquellos siglos, había como hoy tirios y troyanos, pero Fraga (Alianza Popular) no estaba en vena (de hecho, tuvo la genialidad de abstenerse y nunca se lo perdonó la derecha) y González era un tótem demasiado poderoso, cosa que ahora ninguno.

Una de las preguntas que se me ocurrió, el otro día, en la entrevista a Javier Solana era relativa al mito de que Canarias estuvo en un tris de quedar fuera del paraguas de la OTAN. Algo así como las Malvinas, donde los ingleses no pudieron invocar a la Alianza cuando los argentinos se lanzaron a la reconquista. Y tampoco, que recuerde, están a ese recaudo Ceuta y Melilla, donde a España no queda otra que confiar en la buena fe del parisino Mohamed VI -y, pronto, de su hijo-. Solana se quitó la pregunta de encima. González ganó el sí a la OTAN, desmintiendo su “OTAN, de entrada no”, cuando el no era un clamor nacional, pero González vencía a las encuestas y por eso era el dios de la motorola. Y es verdad que Canarias votó en contra. Un no, para ser justos, de Gran Canaria, Fuerteventura, Lanzarote y El Hierro -donde Tomás Padrón era un dios bimbache y no se la colaban-. Pero en Tenerife ganó el sí, lo cual desautorizaría este antimilitarismo repentino de CC, que entonces era ATI y quizá después de mayo lo vuelva a ser.
El debate de la historia es un género adictivo. Porque si uno tira del hilo salen culebras por todas partes. Carter (EE.UU.) hizo saber a Suárez que si España no entraba en la OTAN, Cubillo recibiría apoyo y Washington independizaría a Canarias. España entró en la OTAN y a Cubillo casi lo matan. Y por último, llamemos a las cosas por su nombre. Africom es el Mando de Estados Unidos para África. Está en Stuttgart y se especula con su traslado a Rota, la base. Peor me lo pones. Si hay algo que irrita la pituitaria del inconsciente pacifista insular de los ochenta es que le hablen de montar una base yanqui en el terruño. De entrada, ni hablar.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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