Venezuela,otro 58

La puerta de salida ya está abierta. Otra cosa es que Maduro la franquee. Con el reconocimiento explícito de Juan Guaidó por parte de España y una veintena de estados europeos influyentes, la crisis política venezolana, inédita en su concepción y desarrollo, se globaliza como nunca antes otro conflicto semejante. En América las revoluciones socialistas no han acreditado sus bondades entre el pueblo y Estados Unidos se aprovecha de ello y se siente con ánimo para destronarlas, pues tiene el viento a favor en Brasil y Colombia tras los recientes cambios de gobierno. Todos somos conscientes del papel que desempeña el Tío Sam, de las fichas que mueve Trump dentro de un cronograma congénito de injerencia para cambiar un régimen por otro. En la Casa Blanca esto mismo lo hicieron en ocasiones anteriores, pero el método era menos alambicado, provocaban un golpe de Estado o invadían un país. En esta ocasión, el manazas de Trump cuenta con el concurso de democracias consolidadas como la española, la francesa, la alemana y la británica, amén de otros estados europeos que también se han sumado al respaldo internacional del joven ingeniero Juan Guaidó o que lo harán previsiblemente en las próximas horas. De manera que lo que hace singular el caso venezolano es esta alineación de astros no etimológicamente imperialistas. Diríase que Maduro se lo tiene merecido y sus estertores en Miraflores recuerdan a un pez boqueando en la superficie de un acuario con falta de oxígeno. Desde el 23 de enero, en que se proclamó presidente encargado, Guaidó es fácticamente un poder paralelo en constante ebullición,mientras el aparato chavista contempla el reloj de arena sin capacidad de respuesta. Las embajadas de Maduro en los paises que se adhieren a Guaidó pasan a representar a su país en un limbo y, salvo entrevistas y arengas selectivas en regimientos afines megáfono en mano, el presidente chavista es un hombre acorralado que agota sus días en una residencia blindada, asediado por los manifestantes que lo azuzan tras las rejas del aeropuerto de La Carlota, por donde Pérez Jiménez huyó con familia y botín en enero del 58 a bordo de su Skymaster, a las 3 de la madrugada. La historia parece decidida a repetirse. Hace 60 años las movilizaciones echaron al dictador y hubo elecciones tras una Junta de Gobierno que promovió la transición bajo el pacto de Punto Fijo, y el primer presidente del cambio fue el hijo de canario Rómulo Betancourt. Las democracias que se conjuran contra Maduro presienten que el desenlace será próximo y constitucional, al amparo del resquicio de la ley que avala al presidente de la Asamblea Nacional ante la pretendida perpetuación del régimen, que da la espalda al poder legislativo y amaña el resultado en las urnas. A Pérez Jiménez no le funcionó la treta, cuando forzó su continuidad contra el aliento de la calle, y huyó. Ahora Maduro le dice a Jordi Évole que sus seguidores están armados y puede haber una guerra civil, pero ni los bulos le ayudan, pues cuentan que Rusia anda sacando toneladas de oro de Venezuela por aire ante un inminente golpe de Estado promovido por el Pentágono, que esta vez tiene coartada europea, democrática y hasta humanitaria.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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