La liga de las estrellas

Los famosos indicadores sociales nos sacan los colores un día sí y otro también. No hay manera de ascender posiciones en esa liga de los índices del bienestar: la pobreza, las listas de espera, la dependencia, los salarios, la vivienda… Y nos hemos hecho a la idea de que estamos indefensos ante una condena bíblica.

En un encuentro con periodistas, el presidente Clavijo ironizó con el castigo divino de los malos datos de Canarias en el vagón de cola de cada ranking social. “No crean ustedes que los políticos canarios somos unos tarugos”. Lo atribuyó a la falta atávica de financiación que padecen las Islas, abocadas a los puestos de farolillo rojo en las estadísticas de la vida común.
Dicho esto, saquemos pecho. No todas las materias son asignaturas pendientes en Canarias. El director del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), Rafael Rebolo, es un exponente de lo que digo, como lo era antes Francisco Sánchez, desde el día en que puso el grito en el cielo y, como tantas veces he recordado, le cantó las cuarenta a Adolfo Suárez para que no desviara dinero de los telescopios a carreteras.

Sánchez rompió el protocolo y soltó el speech al presidente del Gobierno, y el líder de la Transición fue receptivo y encajó el golpe: las perras fueron a parar a los observatorios y Canarias comenzó un idilio con la Astrofísica que cuarenta años después nos erige y elige como catapulta de la ciencia de vanguardia de España en Europa y en el mundo.

Es una aventura que conozco de primera mano porque estuve allí. Conocí a Sánchez en ese momento del umbral del IAC en nuestra tierra (hablo de mediados de los 70), viví el instante en que el complejo de lentes de nacionalidades diversas como una Babel de la ciencia del cielo arrancó en el 79 (de ahí el aniversario) y asistí a la puesta de largo de los observatorios con reyes y reinas y jefes de Estado y ministros de una decena de países en Tenerife y La Palma, en el mes de junio de 1985. Hasta hoy, en que tener el IAC equivale a tener una mina de oro en las faldas del Teide y del Roque de los Muchachos.

Rebolo recibió la semana pasada el Premio Nacional de Investigación, que le entregaron los reyes (Felipe VI es astrofísico de honor del IAC desde cuando era príncipe y su padre lo traía a mirar las estrellas como dicta la tradición de los reyes que eran sabios), y cuando lo llamé para felicitarlo, la conversación despedía noticias de primer orden, inversiones internacionales de extraordinaria rentabilidad social y económica… Me habló del centro tecnológico (Iatec) que abrirá sus puertas mañana en La Laguna y de la inminente creación del Edificio Hawking en un anexo del propio IAC. No somos unos tarugos. Podemos demostrarlo.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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