El mundo corriente de Leopoldo Abadía

Si Sánchez hubiera hablado antes con Leopoldo Abadía no habría desdoblado las urnas entre abril y mayo, dado el coste de cada convocatoria y las reminiscencias de la austeridad que aprendimos con Merkel en la crisis de 2008. Este doblete ya es inevitable, y estamos en pleno zafarrancho, sentando precedentes en Europa, que nos tiene en el punto de mira por nuestro catexit, nuestro comisario Villarejo, nuestros chalecos amarillos en Colón y nuestros lepenistas de Vox. Hasta Franco libra su batalla póstuma en este país de entierros, y es probable que Sánchez se quede sin tiempo de abrir el sarcófago con los restos del dictador. Bien vista, España está que se supera. Siempre fue un país de vodevil o de opereta chusca. Y ahora se reproducen y multiplican los pendencieros y endriagos. Torra es un esperpento del género echadopalante y en la entrevista con Carlos Alsina en Onda Cero se cubrió de gloria: “La democracia está por encima de la ley”. Hay veces que se habla igual que se escupe, sin pensar lo que se dice, y el oyente se lleva las manos a la cabeza. Ahora Sánchez cree que zafándose de Torra y dejando a los jueces que expurguen los demonios en el Supremo se desdramatiza el procés, pero el cuplé es el cuplé, y en el siglo XIX cobró notoriedad el cuplé político, que hasta hubo uno titulado, precisamente, Los presupuestos de Villapierde.

El 28A y el 26M. Alea iacta est. La suerte está echada. Lanzó Sánchez el dado y ya no hay marcha atrás. Para una sociedad, que fue tan cainita, como la canaria, celebrar elecciones a tutiplén no es ninguna desgracia, nos aúna. Siempre que la España peninsular toca a rebato y llama a votar, nosotros sabemos que tenemos una papeleta y una urna más: la de los cabildos. Y ahora se suma otra, la urna regional. Así que, pueblo de carnaval, no nos matan las fiestas. Y esta vez, doble. ¿No quieres caldo…¡Pues toma dos tazas! Leopoldo Abadía tuvo un golpe esta semana en el Mencey. Contó que había recibido una carta de un amigo, en la que le preguntaba si habría una crisis dentro de cinco o diez años peor que la anterior, y el conferenciante convirtió su intervención en el Foro Premiun de la fundación DIARIO DE AVISOS en una respuesta epistolar al amigo preocupado: “No hay peligro de una próxima crisis. Porque la crisis ya está aquí”. Era el día en que Sánchez haría las maletas y convocaría elecciones Al cabo de dos horas escuchando las enseñanzas del chamán de la crisis de 2008, el hombre sensato que contó las verdades del barquero, a uno le sobresaltó con pena cobrar concencia de que Abadía no es la clase de personas que se presentan a las elecciones. Es más, ahora mismo nos gobiernan los insensatos, como si se hubiera extinguido la cordura. La esperanza de este país, en vísperas electorales, es que siga dando motivos para que The Economist lo sitúe entre las únicas 20 democracias plenas del mundo, un registro de solvencia del que se ha caído, por cierto, Estados Unidos. Me reconfortaba Abadía cuando, ante los nubarrones, proclamaba: “¡Aquí nada se hunde! Todo siempre sale adelante”. Y tiene 85 años este optimista empedernido. Con 12 hijos, 50 nietos y una bisnieta, todo ya le trae al pairo, llueva o truene.

Si Leopoldo Abadía gobernara el mundo sería un presidente juicioso y divertido, con la edad octogenaria de un pibe, que haría presupuestos con la cabeza, evitaría disparar los intereses de la deuda, repartiría trabajo y riqueza “por decencia” y llamaría a las cosas por su nombre, sería ocurrente, inteligente e inteligible, sin la jerga incomprensible del prospecto del político, que este usa cuando quiere que la gente no le entienda. Pero Abadía no manda en el mundo, que es una familia muchísimo más numerosa que su hogar. Desde hace diez años este gurú del sentido común predica la prudencia, como Batasar Gracián, para las cosas de comer, como un Krugman amateur de la economía doméstica. Abadía es Larry King viviendo el momento estelar de su vida, ya jubilado, con la cabeza intacta como una profética bola de cristal. Cuando le llegó el éxito tenía 75 años; nos dijo que una tarde de domingo de enero de 2008 escribió una palabra en su correo electrónico: crisis. Y le salieron seis folios. Y el texto se disparó más allá del círculo restringido de sus compañeros de trabajo, a los que obsequiaba con una especie de diccionario de andar por casa. Hasta que un directivo de banco tuvo la osadía de fírmarlo como de su propia cosecha. Era un caso claro de viralidad, y su hijo Gonzalo le orientó: abrió un blog y escribió el bestseller de su vida, La crisis ninja. Hace diez años de la Gran Recesión y del boom Abadía. El jueves entró por el Mencey este abad ninja de apariencia ciertamente monacal embutido en su impecable traje oscuro profesoral de conferenciante pop, como un Leonard Cohen a darnos un recital de economía de la vida. Un hombre convincente y asertivo. Aquí no se hunde nada. Que no cunda el pánico. Echó un vistazo alrededor: brexit, deuda global, el pique comercial USA-China, Venezuela, corrupción…esas cosas. Y, por tanto, crisis. Pone ejemplos domésticos. En mi casa hay de todo, explica, hijos y nietos emprendedores y una mujer que refinanciaba los agujeros económicos del sobrecoste familiar. Los hijos nunca se amortizan, pero cuando su mujer enfermó de cáncer acudieron en batallón los 70 miembros de la familia a prestar ayuda, y eso no tiene precio. Por tanto, piensa que debería ser obligado tener 12 hijos .”¡Dios, qué mundo vamos a dejar a nuestros hijos?”, exclamó una mujer en una de sus conferencias. Y otra respondió: “No, qué hijos vamos a dejar a este mundo”. El mundo es maravillo, dice Abadía. La clave es formar hijos honrados y nobles para poblarlo debidamente. Formarlos con reciedumbre.

Antes de que recogiera sus bártulos, le pregunté por la libreta de notas y la tableta que usaba, por esas dos latitudes, y entonces el autor de El bitcoin y otros misterios del mundo actual recordó la sociedad de la que venía: aquellos años 30 no conocían el móvil, ni siquiera el coche. Pero no era un mundo bucólico, había olores distintos y sabores diferentes. Nunca ha habido un mundo bucólico, dijo afable y la función se terminó. Nunca se presentarán candidatos como Abadía a las elecciones. Y es una lástima.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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