Brotes verdes sobre el césped

Este va a ser, está siendo, un año para optimistas. La patología económica es sumirse en la depresión. 2019, fin de ejercicio, final de una década que estuvo dominada por el canguelo de la tristemente famosa recesión de 2007, que duró diez años. Y cuando ahora ya nombrábamos los primeros brotes verdes, con el consumo privado y la caída del precio del barril de petróleo, resulta que los augures -antes era el oráculo, ahora son las agencias de raiting y los analistas de bancos y patronal- copan las páginas salmón y no tan salmón con la profecía autocumplida de una nueva crisis. ¿Por qué digo profecía autocumplida? Porque en economía los pronósticos no son nunca inocentes desde que descubrimos que ciertos patriarcas del sistema habían decidido estallar la burbuja antes de abrir una nueva etapa a su conveniencia. Las crisis se han vuelto más conspiranoicas que nunca. Y nosotros. De manera que esta que nos endosan ahora como una secuela de la anterior es más de lo mismo. Pero nada podemos hacer contra los designios de los amos del mundo los enanos mortales que dependemos del pie con el que se levante Mr. X en Manhattan o en Pekín. Optimismo, por tanto, es la receta para afrontar el rigor mortis de los vaticinios de la nueva crisis, que ya está aquí, como decía Leopoldo Abadía en el último Foro Premium de DIARIO DE AVISOS.

Aseguraban la patronal -la CEOE de Tenerife- y otras fuentes bien informadas que Canarias no tendrá ni un solo dato positivo para salvar el año con buena nota. Que vamos a ir mal, regular o peor en turismo, consumo, matriculaciones, comercio, brexit, Europa y urnas. No hay sino que repasar la crónica de aproximación que firmó ayer en este periódico María Fresno -creceremos escasamente el 1,2% y por primera vez en diez años el turismo se comporta peor que el resto de la economía- para tomar conciencia del bulo o la incómoda verdad de la desaceleración de 2019. Italia y Alemania están de capa caída y nos salpican. Como para gustos se hicieron los colores, los economistas del BBVA Research le dieron ayer al presidente Clavijo la buena noticia preelectoral en tiempos de zozobra. Prevén un crecimiento de las islas este año del 2,4% y del 1,8 en 2020, sin negar la ralentización de la economía general. Es verdad -dice el banco- que el brexit boicotea ese optimismo; que la guerra comercial EE.UU.-China no es un invento; que la desaceleración viene a galope; que hay un estancamiento de la inversión; que el sector turístico canario se ralentiza a tenor del bache que atraviesan las economías emisoras y el repunte de las turquías y los egiptos; que la “incertidumbre” política es de cajón y bla, bla, bla. Pero se agradece el voto de confianza en vísperas de elecciones.

Es cierto que las encuestas cocinadas del CIS de Tezanos crean tendencia y en el resto de sondeos el PSOE da bien, como en una profecía autocumplida, que decíamos. Si la política, y más la economía, es un estado de ánimo, ayudan estas predicciones felices. Sánchez va lanzado en las encuestas gracias a Tezanos y a Vox -uno crea el paraíso y el otro abre una zanja que deja al PSOE en el centro y al resto en la derecha-. Pues que Canarias se lo crea, como en el fútbol, y salga a ganar, oiga.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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