40 años y dos veces en la misma piedra

Aquel físico palmero Guillermo Rodríguez pronosticaba terremotos y catástrofes varias. En su base teórica ponía el acento en los fenómenos cíclicos. Sostenía a pie juntillas que los grandes eventos geológicos se repetían cada equis años, obedeciendo a una lógica ilógica de cataclismos históricos en efemérides redondas. Incluso, mi buen amigo Guillermo Rodríguez -que era garafiano y simpático en sus vaticinios dramáticos- me llegaba a asegurar que era capaz de adivinar accidentes de aviación, tragedias descomunales y desastres de cualquier naturaleza. Porque Guillermo creía en las calimas esotéricas que inducían a reacciones humanas colectivas, como una suerte de psicosis que determinaba hechos desgraciados con la puntualidad de los ritmos circadianos del diablo y los infiernos. O algo así. Estoy hablando de memoria, recordando sus teoremas transgresores, su heterodoxia científica, su locura. Lo llamaban “loco”, pero se mantuvo en sus trece.

Gracias al garafiano, colijo que asistimos a la repetición de un ciclo electoral que parece diseñado por azares de otro mundo. Y en medio de la histriónica farándula política del momento, no está mal que frivolicemos con las casualidades de las urnas. Resulta que hace 40 años -se cumplen mañana- en España se celebraron las primeras elecciones municipales en democracia. Fue un 3 de abril de 1979. Y un mes antes, el 1 de marzo, tuvieron lugar los segundos comicios generales. Era el fragor, en el sentido caluroso y entrañable, de la Transición, en que despuntaba Adolfo Suárez como el Mesías de la libertad tras la dictadura de Franco. Cuarenta años después, hoy, vuelven a encadenarse elecciones generales y locales en dos meses consecutivos. Guillermo Rodríguez, que era contumaz en sus peregrinas convicciones, habría dicho hoy que los famosos ciclos explican que Sánchez remedara a Suárez e hiciera exactamente los mismo: convocar las elecciones generales y las locales en dos meses seguidos.

Tanto se confunden unas y otras, que en realidad pareciera que estamos en el temido superdomingo, pues este mes de abril ya se han abierto las compuertas de una doble campanada de un campaña doble, que representa una carambola: por primera vez en cuarenta años votaremos, como en el 79, al Congreso pensando en los ayuntamientos, y, como quiera que hoy tenemos autonomía -cosas que entonces aún no-, también lo haremos con el Parlamento in mente.

El superdomingo retardado se evidencia en la cascada de líderes nacionales que vendrán estos días a pescar en el caladero de las Islas. Uno de los efectos colaterales de esta avalancha de Sánchez, Casado, Rivera…, es que los partidos de ámbito insular, como Coalición Canaria y Nueva Canarias, compiten con desventaja. Las cadenas nacionales de televisión les penalizan con la vorágine de información que capitalizan esos líderes, que actúan como apisonadoras en los territorios de la periferia sobre siglas locales que se juegan la vida por un escaño. Ana Oramas y Pedro Quevedo compiten en esa liga. Dice SocioMétrica en la encuesta para EL ESPAÑOL-DIARIO DE AVISOS que Oramas tiene 0-1 escaño, o sea está y no está entre las previsiones del 28-A. y Quevedo, según sondeos que se filtran, está a un paso de estar en el Congreso. ¡Ay, Guillermo Rodríguez, qué falta nos haces para resolver este galimatías!

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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