Cómo seremos en 2023

¿Cómo seremos en 2023? Para entonces estaremos (de continuar aquí, vivos y coleando) al término de la décima legislatura que ahora empieza a fraguarse en el yunque de los pactos. Esta película la hemos visto repetida muchas veces en los últimos decenios y conocemos algunas de sus constantes. Es un tiempo de mentiras y disfraces, en realidad este es el carnaval político de los pactos. Como el brexit fue una burda farsa y ahora se disponen a juzgar a Boris Johnson, el político bipolar del Partido Conservador que engañó a su pueblo para ganar el referéndum de la secesión de la UE afirmando que pertenecer a Europa costaba a los británicos 350 millones de libras semanales. Si los vientos de cambio traen la tramontana de los alisios buenos y limpian los corredores de las estancias oscuras del poder, en las Islas aflorarán los embustes y falacias que definen estos últimos coletazos de 26 años puestos en solfa el 26 de mayo.

Dentro de cuatro años, en 2023, acaso ya el transporte público sea en buena parte alado, los taxis voladores de Uber quizá sean realidad, y los atascos, historia. Unos cuantos miles de robots incrementarán el índice de paro en las Islas y emigraremos de nuevo o nos fingiremos máquinas antropomorfas para competir con los androides y disputarles las ofertas de trabajo. La sanidad será milagrosa, como ya con esos robots quirúrgicos Da Vinci de nuestros hospitales, y es posible que la vacuna de Barbacid contra el cáncer de páncreas y otras variantes mortales se dispense en las farmacias o esté a punto de hacerlo. Como dice José Carlos Francisco, gurú a extramuros de la CEOE en sus libros y vaticinios de economía, la población se habrá disparado (aquí se duplica cada medio siglo) y habrá nuevas necesidades perentorias. Me intriga saber si seguiremos siendo líderes en pobreza y listas de espera, en dependencia y déficit de viviendas… esas innobles tasas de vagón de cola en las estadísticas de la vergüenza de un ciclo político que el huracán del 26-M ha puesto contra la pared.

Hoy me he levantado preguntándome cómo seremos en 2023. Y el viernes, 31 de mayo, porque sabía que Walt Whitman cumplía ese día 200 años, leí al voleo versos de sus Hojas de hierba, y aquel sonoro ¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán!, que dice, como si me estuviera leyendo el pensamiento: “Nuestro azaroso viaje ha terminado;/el barco capeó los temporales, el premio que buscamos se ha ganado;/cerca está el puerto, ya oigo las campanas, todo el mundo se muestra alborozado,/la firme quilla siguen con sus ojos, el adusto velero tan audaz”. Whitman escribió ese poema pensando en su admirado Abraham Lincoln, que había sido asesinado, pero no su empresa, su país, la envergadura de su proyecto nacional. Yo, lo repasé en silencio pensando en los días que transitamos, y sobre cuyo cauce discurre la bella idea del cambio. El cambio político de esta tierra, que a veces me sorprende entre los versos del gran Whitman, como en aquel poemita Mi canario: “Ave enjaulada, sentir jubiloso gorjeo”.

En Bremen gobernaba el SPD desde hacía más de 70 años y acaba de perder el poder. Coalición Canaria no debe, por tanto, perder las esperanzas. Pero le basta con 26 años, un cuarto de siglo en números redondos, para pasar dignamente a la oposición. En los albores de los 80 se sentaron las bases de un partido canario que velaría por los intereses de las Islas sin ataduras con las grandes fuerzas del Estado. Era tal la urticaria que provocaba entonces el todavía reciente centralismo franquista, que la metamorfosis de UCD a CC (primero ATI, después FRAIC, AIC… antes de convertirse en un mantra la doble C) se vio jalonada con éxito de una implantación de enérgicas islas reivindicativas. Al cabo de esta rueca de un cuarto de siglo se ha ido tejiendo una fuerza política que, por último, padece una longevidad anacrónica. Le llegó la hora de los astilleros, donde reparar las viejas cuadernas y prepararse para una nueva singladura, como cantaría Whitman de vivir estos días entre nosotros. Alargar los días estériles no hace sino demorar la hora final y contraer síntomas de decrepitud. CC es un partido llamado a renovarse si tiene verdadera vocación de continuidad en el tiempo. Ahora le traicionan los instintos de realeza y casta, le ciega el deseo de aferrarse al poder. ¿Qué tanto teme perder con la pérdida del Gobierno que ha perdido en las urnas democráticamente? No es el primero ni el último de los partidos gobernantes que se resisten a dejar el poder. El otoño del patriarca es la etapa más ingrata y hostil en los regímenes que han superado los límites razonables de hegemonía.

Es verdad que Canarias inventó los pactos de perdedores y no sería la primera vez que CC se resucita y reinventa sobreponiéndose a la derrota. Pero, como todo efecto de magia repetido hasta la saciedad, acaba por descubrir su truco. Y ahora ha agotado el crédito para un nuevo pacto de carambola. Los resultados del 26-M acotan los márgenes de los días contados que le restan. La suma de CC, PP, Ciudadanos y ASG, lo que llaman en esas aguas el pacto natural, es tan #frágil con su limitada mayoría absoluta de 36 escaños de 70, que bastaría que cualquiera de los dos pequeños partidos se viera tentado sustancialmente por el vencedor, el PSOE, dueño de 25 plazas en un poblado Parlamento que el Gobierno cambiaría de signo con una simple moción de censura. Son fácilmente imaginables las ofertas que recibirían multiplicando con creces la cuota que entre cuatro partidos (los dos grandes, CC y PP, se repartirían el grueso de la tarta) les tocaría a los más modestos, Cs y ASG, candidatos a la deserción desde el primer día. No es mera cábala. Las ventanas abiertas traen este chorro de aire. Son vientos de cambio, más impetuosos que los viejos resortes del poder, siempre capaces de antiguos pactos de intereses. Esto es distinto. Esto va más allá de los cálculos de antaño. Esto es el futuro. Y entró como una exhalación.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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