La voladura

Cuardo buena relación con todos los expresidentes canarios. Y estos días de zorrocloco político durante partos incesantes de pactos nonatos he intercambiado impresiones con algunos de ellos sobre la querencia atávica de nuestros dirigentes a tenderse trampas y zancadillas antes de acordar un Gobierno en serio entre un número de de opciones elevado al infinito. En 1995 iba a ser presidente Manuel Hermoso (CC) con Augusto Brito (PSOE) y, como no se fiaban el uno del otro, firmaron un precontrato en el Puerto de la Cruz, en vísperas de la constitución de los ayuntamientos, como ayer. Se puso a prueba la diciplina de voto de la famosa teoría de los pactos en cascada, que entraba en vigor. Era condición sine qua non. CC cuidó la coartada, a sabiendas de que el PSOE erraría en alguna parte del puzle, como así fue. Y el cromo socialista pasó a ocuparlo el PP. El Parlamento se perdió a un presidente que le habría dado lustre: Eligio Hernández Gutiérrez.

Estamos ante la inminente inmolación del líder para salvar los restos del imperio. Es la entrega metafórica de la cabeza en cuestión, en bandeja de plata, como en el mito de la princesa idumea. Pero en el caso de CC estamos hablando de un trofeo, del canon para formar Gobierno con el consentimiento del partido que veta a Fernando Clavijo por estar imputado: Ciudadanos. El foco se proyecta, por tanto, sobre Albert Rivera. Cs pone a prueba en Canarias su profesión de fe: regeneración o degeneración.

Esta semana salen todos los cañones a la calle. Es la rebambaramba, tras el ocaso de algunas ciudades, ayer, y el terror a perder el Gobierno mañana. Si las escenas que están todavía por vivirse, se producen fieles al guion, CC renunciará a su debido tiempo al líder homérico, Clavijo, para contentar el decálogo de Cs y sumar 36 con PP y ASG, en un cuatripartito derechón y continuista,sin carátula ni embozo, pacto de mercaderes, punto. Donde los de Rivera se enfangarían a riesgo de descalabrarse. Esa amenaza está latente desde ayer, con el aluvión de militantes críticos en Cs tras las presiones recibidas ayer por los concejales Matilde Zambudio y Juan Ramón Lazcano, por el aparato local de su partido, para que, inhibiéndose, impidieran que fuera alcaldesa la socialista Patricia Hernández, haciendo, de paso, posible que prosiguiera en el cargo José Manuel Bermúdez (CC). Les abrirán expediente en falso, o sea, les harán mártires no adscritos. Es la punta del iceberg de un partido que emergió con la bandera de la regeneración y sucumbe al glamour de los nacionalistas, blandiendo el veto a Clavijo con una mano, y con la otra, bajo la mesa, sirviendo a sus intereses, como si de una marca blanca de CC se tratara.

No menor ha sido la servidumbre del PP, opresivo y vocinglero con la cantaleta de que Alonso era el leviatán de los atascos, pero a la hora de la verdad, se delata como socio de ocasión del Matusalén del poder en Canarias, la inveterada CC, que ayer perdió dos capitales regias, Santa Cruz y La Laguna, y desde hoy conoce sus nuevos límites y limitaciones. Todavía esto no es el desastre: faltan cabildos y Gobierno. Lo primero ya lo han perdido en las primeras islas caídas, El Hierro, Fuerteventura y Lanzarote, a falta de lo que provean Tenerife y La Palma. Lo segundo, está aún por ver. Por ver… pues depende de Casimiro. Y de Cs.

El maldito Antona se ha puesto digno otra vez, se lastiman en CC tras el fiasco de la presidencia subrogada del hombre de paja. Querían seducirlo dándole el cargo de mayor relumbrón, pero en Ciudad Jardín tiró las cartas sobre la mesa y descubrió el farol. Asier Antona, reincidente en decente (en julio de 2017 ya dijo no a Clavijo pese a la imposición de Cospedal), abortó la jugada y los comensales se marcharon como el rosario de la aurora. Hemos regresado a la casilla cero. Al pacto de los señores de la guerra, que ahora han vuelto a barajar y a repartir las cartas. Ante la mesa volverán a ser los mismos, CC, PP, ASG y Cs. El presidente en funciones no se quiere ir, pero se irá. “Su palabra no vale un clavijo”, ya dijo Nicolás Jorge, el otrora concejal de Granadilla. Cuando, en la mano correspondiente, Clavijo se levante de la mesa y venga otro (u otra) a suplantarle, confían en que Cs vea satisfecha su premisa y puedan terminar la partida como cuatro campeones para cuatro años de reparto de cuotas de poder.

¿Con la complicidad de Ciudadanos?, ¿de Rivera?, ¿de Arrimadas?, ¿de Villegas?, ¿de Vidina? ¿Qué pensará Macron, que ya pregona que Cs se ha escorado a la ultraderecha y no tendrá sitio en el grupo centrista renovado de la UE? Macron, que se profesa más cercano a Sánchez que a su par español. Macron, que es el espejo en que se mira Cs sin reconocerse con el paso de los días. Esta probeta del ensayo canario de Cs con CC o con el PSOE es el test de la gran disyuntiva. ¿Quién gritará eureka? Si la confluencia constitucionalista se abre paso en España, Canarias será el laboratorio, como ya sucedió ayer en el pacto de Cartagena (PSOE, PP y Cs).

Querían en Antona un presidente bufón para asistir a las procesiones, sin la Hacienda del paisito. En la sobremesa del palacete presidencial se destapó el pastel. CC brindó la cabeza de Clavijo (la profecía de la portada de DIARIO DE AVISOS el pasado domin go) con antropofagia calculada para saciar a Cs, pero solo como presidente, no como vicepresidente plenipotenciario. Y ahí se rompió la baraja.

Cuando sonó el teléfono de Casimiro Curbelo y era Felipe González, la fiesta se había tornado un funeral. Ya no era el Dios de Txiki Benegas, sino Dios emérito. Y el pacto de progreso volvió a la superficie. Como ayer brotó en La Laguna como un verode en el borde del cielo del tejado de una casona señorial. Y como en la Casa de los Dragos de Santa Cruz.

Los pactos tienen su bosón de Higgs, la diminuta partícula que explica que unos cuantos partidos interactúen y materialicen un Gobierno entre las fracciones insulares que se dejan pensar como si fueran un todo en las sinapsis del archipiélago.

De estas cosas he hablado estos días con los expresidentes. De la proteica política canaria, de los duendes y cismas tras las elecciones, y hasta del adelanto de las hogueras de San Juan, que han quemado pactos prematuros antes de que el fuego se deslice como una serpiente hacia el bidón que desate la gran voladura.

 

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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