Pactos: la ceremonia de la confusión

La décima legislatura trae viento de cola: habrá cambio. Desde la noche más larga que se recuerda en una jornada electoral, este superdomingo portó en la mochila -pieza inevitable de la iconografía del último gobierno- la hipotenusa del cambio, que es el lado opuesto al ángulo desde el que se han proyectado los distintos gobiernos en los últimos 26 años. La puesta en escena de estos días de pactos será diferente a la de los dos meses de campaña que venimos de sufrir. Estos son los días de la ceremonia de la confusión. CC, curtida en maniobras disuasorias, hará toda clase de fintas, fingirá acuerdos fraudulentos y fungirá de mayorías consumadas para desanimar a Ángel Víctor Torres, que es el que tiene la sartén por el mango.

El cambio no es una entelequia. Como venimos narrando en las páginas de DIARIO DE AVISOS desde hace no menos de tres años, el cambio es una manifestación natural del grado de descomposición al que ha llegado la dinastía de CC. Es una consecuencia lógica e inevitable. La última gota del vaso fue el domingo 26 de mayo, y así quedará escrito para la crónica de esta legislatura, que se cimentará en una de las opciones depositadas sobre la mesa, pero los tiempos en que la argucia de perdedores se sacaba los gobiernos de la chistera han pasado a mejor vida. En las olas socialistas del 83 y 2007, Saavedra y Juan Fernando López Aguilar corrieron distinta suerte. El primero empezó gobernando en minoría, y con un pacto de progreso a mitad de mandato. López Aguilar chocó con la complicidad, cuando todavía eran confiables, de CC y PP. Pero las confianzas se han roto definitivamente entre coalicioneros y populares como entre socialistas y CC, que los expulsaron en diciembre de 2016. En las filas del Partido Popular han visto claramente las orejas al lobo: Coalición se apodera de los votos que se le fugan, y de ahí este repunte del domingo, que maquilla el fin de ciclo del cuarto de siglo de gobiernos coalicioneros. De otra parte, por más que Ana Oramas y Guadalupe González Taño se dejen ver en las cábalas de la investidura de Sánchez, la hipótesis clásica de ligar lo uno a lo otro, la patita en Madrid con el gobierno en Canarias, es una visión agotada de política vintage. Ya no cuelan chantajes de ese pelaje cuando PP y Ciudadanos, rebasado el atracón electoral, hablan de borrar líneas rojas y cordones sanitarios con el PSOE, y a poco que avancen los días -será en julio la coronación de Sánchez presidente- no me extrañaría una abstención holgada que libere de ataduras soberanistas al candidato del PSOE. Lo de Canarias es más sencillo, por más que reitero que nos adentramos en la ceremonia de la confusión de los pactos. Un partido ha ganado de calle y tiene el derecho a tomar la iniciativa y elegir con quién gobierna: si con la izquierda, sin con la derecha o si en minoría.

El PP se deja querer para el pacto de Mazo,porque se sabe necesario en el Cabildo de La Palma y en las principales instituciones de Tenerife. Y porque la suma da: 36. Pero el cambio prometido era de progreso, y de ahí que Torres no descarte la alianza con Román Rodríguez, Noemí Santana y Casimiro Curbelo. Que nadie deseche una fórmula a dos PSOE-Ciudadanos con Vidina Espino de vicepresidenta y apoyos externos de la izquierda. Ya dijo Rivera que Cs quiere reencontrarse con el centro, y para eso necesita pactar con el PSOE. Amén.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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