La cena con Rajoy que precedió al pacto

La noche del miércoles en que todos los sables del pacto de las flores se estaban afilando antes de que llegara la hora de la ejecución al amanecer, Mariano Rajoy cenaba en el Hotel Mencey de Santa Cruz con empresarios y amigos, en una velada informal organizada por DIARIO DE AVISOS en la víspera de la madre de todas la batallas. El reloj -que será un elemento esencial en los acontecimientos que aquí se narran- inició una carrera de nervios. Quien primero lo advirtió, a 90 kilómetros de distancia, fue Ángel Víctor Torres. “Es una guerra psicológica”, me previno al otro lado del teléfono. En la mesa los comensales comentaron ese extremo. El secretario general de Coalición Canaria, José Miguel Barragán, convocaba por sorpresa una “reunión EXTRAORDINARIA Y URGENTE” de su comité permanente nacional a las 8 de la mañana, por videoconferencia, en las sedes del partido en las dos capitales canarias. CC contraprogramaba ante la cumbre de líderes del cambio concertada para ese mismo jueves, en Santa Cruz de Tenerife. Al cabo de semanas de histeria, psicosis y desasosiego, todo apuntaba a que había llegado la hora de la verdad. De esos instantes se da cuenta pormenorizada en esta edición de domingo una vez consumada la firma y escenificación del Pacto de Progreso, que pone tierra por medio a un cuarto de siglo político bajo la égida de CC y abre un nuevo ciclo histórico a cargo del PSOE y la confluencia de Nueva Canarias, Sí Podemos y ASG.

Rajoy estaba al corriente de incertidumbres y siglas. Preguntó por el margen de maniobra de Casimiro Curbelo. A su lado, Asier Antona palideció y abandonó la cena momentáneamente. Román Rodríguez puso, entonces, un tono solemne al coloquio. “La política se ha mediocrizado, no hay cabezas que lleven el rumbo de los partidos y las negociaciones con la consistencia debida. Canarias, en estos momentos, es un ejemplo de ese declive. Esta noche estamos al borde de cualquier cosa”, vino a decir en una amplia exposición que no resumo de modo literal. Rajoy escuchó sin entrometerse. Habló también Paulino Rivero de política de Estado y de política insular. No aventuró desenlaces. “Yo soy de Coalición Canaria”, recordó. Pero Asier tardaba en regresar a la mesa y algunos se miraban pensando: “¿Hay pacto?”. La palabra más citada, la que ha marcado más tendencia en el buscador del conversatorio canario de estos días ha sido, sin duda, pacto. Cuando Antona regresó todos peroraban acerca de esa cuestión. Para entonces se hablaba más con los gestos de un extremo a otro de la mesa. Y el WhatsApp se incendió en los móviles de los comensales. Comenzaron a rodar cabezas como si tal cosa, en mitad de la cena de atún y postres helados. La de Clavijo, metafóricamente representada en aquella portada del DIARIO del 9 de junio… Pero también, desde aquel momento, la del propio Asier Antona, habida cuenta que en los mentideros se aireaba la hipótesis del doble veto: el de Clavijo por Ciudadanos y el de Antona por CC. El primero era vox populi: las de Rivera (Vidina y Berástegui) le habían reiterado el viernes anterior, en el almuerzo del palacete, que no podía ser miembro del Gobierno por estar imputado en el caso Grúas, aquel que este periódico había destapado e investigado desde hacía tres años con gran escepticismo en el universo mediático local. De manera que el cambalache de los pactos había descendido a aquellas horas a un burdo navajeo en los callejones traseros de la política entre contenedores y montañas de inmundicia. De lo sórdido de la escena, en mitad de la sobremesa, daban cuenta los móviles y las caras de algunos comensales bien informados. Me levanté para atender una de tantas llamadas esa noche larga. Asier había vuelto a ausentarse de la cena. Cuando terminé de hablar, pude comentarle algo, porque en ese momento se reincoporaba. No soltó prenda, pero sí le anuncié: “El pacto va en dirección contraria a la guillotina de CC”. Fue una noche singular. Allí estaba Rajoy, presidiendo la cena más insólita de mi vida, a pocas horas de que el jueves se sentenciara el pacto de progreso en la quinta planta del Parlamento. Los inescrutables caminos del azar habían traído a la isla al hombre que un año antes acaparaba toda la atención y se refugiaba en un restaurante cercano a la Cámara Baja mientras Pedro Sánchez esgrimía la moción de censura que lo apeaba definitivamente del poder. “No pasa nada, recoges tus cosas y te vas a tu casa”, comentó esa noche en que todos teníamos en la mente la refriega que vivía la política canaria y que ponía a Clavijo y a CC en la misma tesitura que Rajoy y el PP aquel 31 de mayo de 2018.

Rajoy fue elegante y evitó inmiscuirse en la crisis canaria. Conocía, conoce a la perfección todos los entresijos y actores de nuestra jungla insular, de manera más precisa que muchos canarios. Habló bien de Asier, ajeno a que para entonces los de CC iban a sugerir que su partido lo inmolara para que Australia Navarro fuera presidenta delegada. Uno de tantos ajustes de cuentas condenado a caer en saco roto. La única cabeza sacrificada realmente para intentar conservar el poder era la de Fernando Clavijo (haciendo buena la profecía metafórica de este periódico). Visto el resultado que tuvo, lo que agrava semejante acto de humillación impropio de un partido serio es que, además, se produjo tarde y mal. Para entonces, la antropofagia de los partidos del bloque de centroderecha se había desbordado, y ya no bastaba con apartar a Clavijo, sino que había que hacerlo también con Antona. Un espectáculo de necrofilia y canibalismo que espantó a Casimiro Curbelo. En el derramamiento de sangre, si tenía dudas, se le resolvieron esa misma noche en que el toque a degüello era un secreto a voces.

Un expresidente del Gobierno de España, que había sufrido como pocos algunos estoques y aceros, estaba entre nosotros por azar para asistir al Foro Premium de este periódico a la mañana siguiente. La cena cordial llegó a su fin. Pero no el presentimiento de lo que estaba aún por suceder. Y sucedió.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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