Crónica de un mundo de líderes canallas

1.Gorbachov tomó la pluma y estampó su firma en el documento del desarme junto a Reagan, y ambos inauguraron en la Casa Blanca una era promisoria de paz tras la guerra fría. Los dos países se comprometían a eliminar misiles de alcance intermedio (INF), destruir armamento atómico de corto y medio alcance, abriendo un período de desnuclearización en Europa en un avance histórico hacia el desmantelamiento futuro de las armas más potentes con que hacer guerras devastadoras. Era un acto solemne transmitido a todo el mundo en pleno auge electrónico de la aldea global. Fue el 8 de diciembre de 1987, un día para los libros de texto, como dijo Mijail Gorbachov, porque desligaba la época de mayor riesgo de guerra nuclear de una nueva etapa de desmilitarización de la vida de la humanidad. ¿Qué destino tienen después las plumas con que los mandatarios sellan sus acuerdos más célebres? Nos pica la curiosidad. Reagan y Gorbachov se las intercambiaron, y sus rúbricas plasmaron un deseo ferviente de paz, un acto de buena voluntad universal de quienes tenían, precisamente, en sus manos el botón nuclear. Las manos volvieron a ser bondadosas, eligieron el cielo, la antítesis de la tónica política del actual infierno. Se ha impuesto la ira, siendo cierto que sigue intacto el paréntesis sin guerras mundiales. Me importa menos a dónde van a parar las plumas de los nuevos dignatarios que signan acuerdos por doquier que van a la basura. Este, en cambio, duró más de 30 años.

2.Pero hemos capitulado. Estrenamos la crisis de los acuerdos y, como veremos en este glosario a vuela pluma de la visión de un mundo de los líderes más canallas que se recuerdan, se ha puesto de moda tentar al diablo de la guerra nuclear. Cuando conocí a Gorbachov en su retiro veraniego de la Mareta estaba orgulloso de sus esfuerzos a favor de la paz, que le merecieron el consiguiente Nobel. Tenía en Washington 56 años (Reagan, 76); en Lanzarote ya superaba los 60 y la sonrisa que lucía en el despacho Oval parecía cansada. Acababa de dejar el poder. Hoy, anciano, viudo y descreído, ha manifestado, tras la ruptura por Trump de su contrato con Reagan que el mundo se aboca a un desatino caótico: la autodestrucción por las armas más diabólicas. No sólo el cambio climático nos amarga la existencia y la dieta con los enérgicos propósitos de la ONU, es también la atmósfera política apocalíptica que respira el mundo lo que nos sumerge en esta tristeza ecuménica que anhela otra raza de líderes con más inteligencia emocional. Con estos vamos proa al marisco. Nunca hubo tantos torpes sinvergüenzas con la batuta de la orquesta. Y así suena el mundo, así desafina y chirría. Los perversos líderes de hoy han salido, en su mayoría, de las urnas, lo cual abunda en el descrédito del voto y la democracia en numerosos confines. Y obliga a una dramática reflexión: si las urnas ya no son libres, bajo una era de ciberataques e intromisión electrónica en las opiniones de la gente, ¿de qué democracia monstruosa estamos hablando?

3.Trump, en esta viñeta de Suja, de DIARIO DE AVISOS, fincha el tenedor en la bola del planeta y se levanta cada día más disparatado, más fuera de sí, más energúmeno. Es un paranoico y tiene todo el poder. Punto. Woodward (Miedo: Trump en la Casa Blanca) cuenta en su libro sobre el magnate presidente que algunos subordinados desoyen sus órdenes comparándolo con un niño de quinto o sexto grado malcriado y déspota. Sus últimas hazañas: la sobreactuación contra Putin (asediado por manifestantes que piden elecciones libres), suspendiendo la tregua de las armas más dañinas para desactivar el impeachment por sus lazos con Moscú (el rusiagate); las redadas inhumanas contra inmigrantes latinos cuyos hijos lloran desconsolados esperándolos en vano en las puertas de los colegios; la ira, el odio contra cuatro congresistas demócratas de color (“Vuelvan a su país”) y su encendida cruzada supremacista blanca, que ha traído como consecuencia el atentado de Crusius con un fusil de asalto AK-47 contra personas indefensas en un centro comercial de El Paso (Texas) tras diez en horas en coche para cazar a mexicanos en un baño de sangre, y antes la matanza de las mezquitas de Christchurch contra musulmanes… Trump (ágrafo, pero adepto a teorías como la gran sustitución, que alienta un escritor francés a la baja que se apellida Camus por casualidad, no sin algunas simpatías veladas en autores como Houellebecq, y que han generado una corriente de rechazo a los invasores) se merece el premio Nobel que aún no se ha creado al líder malévolo de su época. Se creará.

4.¿Es China la buena de la película o el presidente más poderoso de medio mundo y pronto de su práctica totalidad está haciéndose, no ya con la ruleta, sino con el casino entero y su moneda cotiza a la baja a capricho del amo de Oriente? Xi Jinping, que visitó Gran Canaria hace tres años para conocer la Casa de Colón, porque su país ha puesto el ojo y las perras en América (como en África, nuestro continente ignorado, donde anida la mayor riqueza y la peor vileza, también, de los dueños del poder y las vidas de millones de seres obligados a huir hacia la caridad de los barcos de rescate o la muerte), ha extendido su nueva ruta de la seda, a la manera colonialista de los chinos: invirtiendo en desarrollo para generar expansión. Su Huawei, sus tentáculos cada vez en más dominios, y esta semana, en una nueva vuelta de tuerca de su colega americano, en la titánica guerra comercial que vienen librando desde 2018 con la imposición de aranceles, decidió devaluar el yuan y dejar a todas las bolsas del mundo, incluidas las posaderas del loco Trump, con el culo al aire.

5.Y nosotros, europeos, españoles y canarios (con nuestra cuota zanata de vecindad africana), temerosos del brexit doméstico salvaje que se nos viene encima. Sabedores de que desatará una tormenta en nuestro turismo, nuestras exportaciones agrarias, nuestros paisanos residentes en la pérfida Albión, en la economía, la política y la cultura… Nosotros, que repelimos a Nelson, ahora cautelosamente deseando que lo ingleses no se vayan. Ya decía alguien (no parece que fuera Pérez Minik) que los dos mayores errores de Canarias fueron dejar salir a Franco y no dejar entrar a Nelson, lo que nos habría hecho súbditos de otro descerebrado, entre los comensales que devoran el mundo, ese clon de Trump, Boris Johnson, de greñas pajizas.

6.El sedal de un pez. Europa no vive sus mejores días, pero guarda las formas, los dirigentes, salvo contadas excepciones (Viktor Orban en Hungría, Salvini en Italia, Johnson en Reino Unido…) son lo mejor que se despacha en la política internacional, si los comparamos, además del trío del paréntesis, con Jair Bolsonaro (el Trump tropical), en Brasil, que honra como héroes a militares torturadores y es partidario de repartir armas a todo el mundo y sería incapaz de amar a un hijo homosexual…; Maduro, que estira el chicle del chavismo sin Chávez hasta límites ya inconcebibles con miles de víctimas sobre sus espaldas; Kim Jong-un, que lanza misiles y envía “cartas hermosas” a Trump desde Corea del Norte; Erdogan, que finge golpes de Estado en Turquía para hacer escabechinas masivas, o el príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman, que ordenó asesinar al periodista Jamal Khashoggi en brutal carnicería en el consulado saudí de Estambul. Sí, esos son el desierto y la fauna que rodea el oasis de Europa visto así. Europa tiene a Merkel, tiene a Macron, tiene a Juncker, tiene a Sánchez… Pero Europa le ve de nuevo las orejas al lobo de la crisis y se asusta con razón. Y no corren los mejores vientos de este a oeste, en mitad de una partida de matones jugado al póker con el porvenir de siete mil millones de cabezas que no paran de pisotear a modo de alfombra. El riesgo es continuo si a alguno de estos insensatos se le ocurre apretar el botón nuclear. La maldita idea que quitaba el sueño semanas atrás en estas páginas a Bernard-Henri Lévy. Un pequeño incidente puede desatar un gran conflicto. A veces -no es el caso-, basta que un guardia civil corte el sedal de un pez en aguas en disputa para que Gibraltar ponga el grito e el cielo. Jamás estuvo la esfera que degluten los maníacos que la gobiernan tan cerca de una guerra total. La que Stephen Hawking temía al pedir que conquistáramos cuanto antes el espacio. En Tenerife, Hawking no mencionó específicamente este tema en los días que lo seguí pegado a su silla de ruedas, sí reiteró el mantra de mudarnos de planeta para prevenir la desaparición de la humanidad (no es solo el cambio climático, es la guerra también, dadas las manos que mecen la cuna). La guerra que el Papa maldice cada vez que expresa sus presentimientos.

7.Como los conflictos se prolongan. Siria, donde la primera dama es una esposa occidental que secunda a pie juntillas la guerra de su príncipe azul, y tantos otros focos que mantienen activa la industria armamentística, hasta desembocar en el nuevo contencioso que acaba de sumarse a la ola pendenciera internacional: la abolición del tratado nuclear con Irán, la región más explosiva del planeta. Es otro de los espejos rotos de Trump, inagotable en su escalada de terror y en su obsesión por anular los pactos de Obama, en un continuo ataque de celos. ¿Terminará yendo a parar la sangre al río entre tanto incidente invidente, entre drones y barcos petroleros capturados en el estrecho de Ormuz, la estratégica bocana del Golfo Pérsico que atesora las minas de crudo? ¿O este tira y afloja es un capítulo más de la guerra de tuits sucedánea de la guerra fría, pero de segunda fila, en consonancia con el listón de la horda de bestias pardas que por desgracia nos ha tocado sufrir en esta era de mayor avance tecnológico y peor catadura humana de la política.

8.Ha vuelto el racismo por la puerta grande, tras décadas de la muerte de Luther King. Acaba de morir Toni Morrison y debemos releer su discurso (cuando alcanzó la gloria literaria en Estocolmo) del pájaro en la mano contra la xenofobia y la esclavitud y en defensa del lenguaje (¿cuál es el lenguaje instaurado hoy?: la irracional adoración de la guerra; esta es la orilla en la que estamos indefensos y expectantes, o, mejor, aturdidos, atemorizados). La moraleja de la paradoja de un mundo que se ha vuelto inmundo es que ese retroceso gana acólitos y el terrorismo antes encarnado en Estados Unidos por Bin Laden cede su sitio a lobos solitarios exterminadores de refugiados, la invasión de los foráneos que Trump, como dice María Rozman, pregona alentando los más bajos instintos de su sociedad. Salvini, el deslenguado enemigo número uno de los parias que emigran, el ultra que anhela gobernar a las bravas y que acaba de romper la baraja del poder en Italia para hacerse con todos los triunfos. Gobernantes pirómanos recogen la antorcha de los más incendiarios dirigentes del pasado, que sembraron la semilla de la Segunda Guerra Mundial. No hemos ido hacia delante, como predicaban los profetas de las nuevas tecnologías, sino hacia atrás, más atrás que hace cincuenta años, cuando el hombre pisó la Luna y nos prometimos un mundo más libre, más justo y más feliz.

9.No, en tanto las cifras de la desigualdad rebasen límites que amenazan con una situación irreversible, de discriminación patológica insuperable y de riesgo nunca tan cierto de una guerra nuclear. Acaso no sean nuestros oídos los que escuchen las sirenas bajo ese suflé de armas desconocidas, o quizá no caigan sobre nuestras cabezas nunca, pero serán nuestros hijos, si nadie lo remedia, los testigos directos o indirectos de la nueva nube de hongo que estos líderes lunáticos están invocando a cada bocado y dentellada con el tenedor de Lucifer.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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