La historia y el plató

Don Johnson y Philip Michael Thomas protagonizaban la serie de televisón Corrupción en Miami, cuyo último capítulo lo emitió en Estados Unidos la NBC en 1989. Se cumplen 30 años y marcó una época. La saga de televisión Hierro, que acabo de ver con la intriga partícipe de un vecino del plató del rodaje, demuestra que la historias y los escenarios tienen similar trascendencia en un paraje bucólico de los Estados Unidos que en nuestra local realidad siempre escéptica de pasar desapercibida. Uno lee A sangre fría, de Truman Capote -dicen que hijo adoptivo de palmero-, su novela-documento (non-fiction-novel), y se hace esa reflexión, pues el docudrama isleño suele ser prolífico en tramas que superan al atraco y asesinato de la familia Clutter, el matrimonio y sus dos hijos , en Holcomb, el pequeño edén metodista de Kansas,ocurrido hace ahora exactamente 60 años.

Y para demostrarlo nos enumeramos unos cuantos episodios escabrosos o de evidente impacto social, recreando, de paso, las imágenes que vimos o vivimos in situ: a Dámaso el del Batán, que nos inspiró una de aquellas odiseas de los buenos tiempos de Radio Club; a el Corredera de Telde ejecutado a garrote vil, del que retengo un recuerdo personal con el testimonio imborrable de Pedro Lezcano, autor del romance sobre el prófugo legendario; a Ángel Cabrera Batista, el Rubio, de Arucas, cuyos pasos seguí como un obseso hasta la casa familiar tras el secuestro del industrial Eufemiano Fuentes en Las Meleguinas, que si me descuido me cuesta un disgusto con la policía: baste decir que aquellas noches dormía en casas distintas por temor a caer en una redada de sospechas a ciegas … De manera que estos y tantos otros lances de la Canarias profunda han sido situaciones límite del último medio siglo del que uno ha sido testigo o actor que hacen pensar que los guionistas de las nuevas series de éxito, los cineastas en definitiva, no solo tienen en las islas un considerable incentivo fiscal, sino, además, un vivero insólito de contrastes y fenotipos, además del variopinto paisaje del finisterre herreño de sobra celebrado por una industria que cotiza las horas de sol.

La última cena de Robert Maxwell en el Mencey y su cadáver flotando en nuestras aguas arrastrado por la corriente de Canarias, lejos de su yate Lady Ghislaine, sorprendió al novelista Alberto Vázquez Figueroa en mitad de una trama ajena al suceso, pero las crónicas y reportajes que nos leyó en El País sobre la muerte inusitada del magnate británico de origen checoslovaco, dueño de uno de los mayores imporios mediáticos del mundo, le hicieron concebir un giro argumental. Y nos citó a mi hermano Martín y a mí en el mismo escenario de la última noche en tierra del editor y supuesto espía del Mossad, el hotel Mencey, donde el sommelier había corrido tras el corpulento empresario para entregarle la chaqueta que dejaba olvidada tras una cena interrumpida por continuas llamadas a través del Motorola, que era un móvil aparatoso hace casi 30 años, cuando sucedieron los hechos luctuosos aún sin resolver. Y Figueroa escribió Ciudadano Max. Hace ahora exactamente 40 años, el catalán Jordi Sierra i Fabra nos tomó de personajes en su novela En Canarias se ha puesto el sol sobre una guerra civil en las islas en tiempos del MPAIAC, el contexto sociopolítico que estos días ha recordado Juan Manuel García Ramos a raíz del cataclismo de CC tras las elecciones del 26-M.

Netflix, HBO, Movistar + y las cadenas televisivas de este país tienen aquí un granero de series de género policiaco y cine negro. El novelista Lorenzo Silva (La niebla y la doncella, con su pareja de guardias civiles Bevilacqua y Chamorro) es otro de los pioneros en la materia, descubridor literario del macondo gomero de 300 kilómetros cuadrados de extensión y emoción contenida de hechos calientes o húmedos tocados por los alisios de la historia en un lugar central para la humanidad si nos remontamos a 1492. En Cannes, allá por mayo, el Grand Theatre Lumière se puso en pie para ovacionar la película de Corneliu Porumboiu, La Gomera (The Whistlers), en su premiere mundial en la sección oficial, una cinta en la que un policía corrupto ligado a la mafia se traslada a la isla colombina para aprender el silbo al objeto de organizar la fuga de un poderoso malhechor en prisión. Como la ya célebre Borgen, la serie de televisión danesa sobre las complicidades de la prensa y el poder y las interioridades de los partidos, basta con repasar las páginas de DIARIO DE AVISOS durante estos últimos años para encontrar la materia prima que anhelan los seriéfilos de un género en auge en la pequeña pantalla. Dudo de que en otras latitudes de la conflagrativa política española se encuentren a la vez el plató y la historia. Hojeo los números del DIARIO que hemos ido cocinando a fuego lento hasta esta explosión final, y me entretengo como un lector de verano componiendo un puzzle mental de personajes y situaciones más propias de una ficción premeditada que de una vorágine de sucesos reales y de protagonistas de carne y hueso abocados por el destino a un desenlace que ni el guionista más rebuscado habría podido concebir.

La historia es tan potente, con sus amenazas y coacciones a un medio de comunicación, su caso Grúas y escándalos en las páginas de un medio en mitad de un apagón informativo bajo una cortina de humo lo más parecida a Alicia en el país de las maravillas; las demandas y movilizaciones ciudadanas en defensa de sus viviendas en Añaza, las asambleas en los garajes de las Chumberas y demás bloques con aluminosis, las quejas en las playas por los vertidos y la contaminación… Los lobbies de empresarios afines domesticando voluntades; el negocio de la noche y un asesinato a manos de sicarios una noche a la salida de la Escuela de Idiomas; las mordidas a cargo de una gran constructora; los pecados capitales de una región turística; la compraventa de medios; el submundo político de una ciudad en llamas judiciales, y el caciquismo… La vida cotidiana de Canarias discurría entre gobiernos rotos y gestos de prepotencia del poder hegemónico en el Gobierno, ayuntamientos y cabildos. Todo el poder todo en las manos de un partido eterno. La riqueza, en medio de grandes bolsas de paro y pobreza. Un estado de control de la opinión que apercibía por todas las esquinas a través de sus corifeos con que el lobo, tarde o temprano, se iba a comer a las voces discrepantes. A la voz discrepante. Un día y otro pasaban cosas, bajo el silencio de las ondas amigas y una lealtad rotativa. Las islas son un síntoma de lo que pasa en el continente. Europa está a la baja y sin líderes. España es un náufrago exhausto tras la crisis, la corrupción y la división política. Ahora mismo carece en la oposición de estadistas (Casado, Iglesias, Rivera… malu, malu). Pero, con todo, es tan intenso y apasionado cuanto sucede de islas adentro (Clavijo se evade a Madrid, Antona se debate en tierra movediza, Ciudadanos se deshace a pedazos, y suma y sigue en la resaca infinita), que hasta la investidura requetefallida de Sánchez queda relegada a un segundo plano. Silencio, se rueda. Canarias Vice.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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