La rebelión de los niños

La rebelión de los niños que cumplió en agosto un año podemos considerarla ya como la única revolución de verdad en lo que va de este siglo.
El profesor Wildpret me resumió esta protesta escolar con una escena que suele presenciar en Radazul, fiel al rito de sus baños cotidianos: los niños instan a los padres a recoger las botellas de plástico y llevarlas a los depósitos de reciclaje. Aquí los hemos bautizado como los hijos apostólicos de Cousteau, el comandante del Calypso que hacía proselitismo en televisión a favor de los fondos oceánicos y que hace 25 años envió a la ONU en La Laguna su Carta de los Derechos de las Generaciones Futuras. La misma terminología que le escucho ahora en sus discursos a la niña del clima, Greta Thunberg, que el viernes fue la referencia del presidente Ángel Víctor Torres al presentar la declaración de emergencia climática de Canarias. Los niños dibujan un mundo que se parece a una hermosa utopía. El botánico y naturalista Wolfredo Wildpret me decía el mismo viernes por la noche que las utopías, tarde o temprano, se hacen realidad. Y convengo con él en que en las utopías y los cambios políticos -estamos asistiendo al cambio de un régimen político en nuestras propias islas- basta en ocasiones con la convicción de unas pocas voces para dinamizar un estado de opinión que subvierta el orden establecido. Así se hicieron revoluciones a lo largo de la historia, hasta esta sequía en que solo se merecen tal nombre los viernes al sol de los niños. La obstinación de la infancia, la única que conozco capaz de salirse con la suya, se revela como la peor adversaria de los intereses globales que se reían de los partidos ecologistas y las cumbres climáticas; la última, el Acuerdo de París (2015). Cuando niños, éramos invencibles, porque creíamos en los héroes.
Esta niña se inspira en la afroamericana Rosa Parks, la dama de los derechos civiles, y se reconoce introvertida, pero contumaz. Lo que nos debilita de antemano es ser realistas en exceso al cabo de ciertas edades. En un velero de cero emisiones y un príncipe de capitán, la niña sueca acaba de llegar a Nueva York como una mesías. Pasó cerca de estas aguas, en su travesía-travesura, indómita,rumbo a la conferencia del clima de Naciones Unidas como hubiera anhelado Cousteau y como si llevara en su barco autosuficiente la carta del oceanógrafo en su camarote infantil. La pequeña -hija de una cantante de ópera y de un actor- siente vergüenza a volar porque los aviones contaminan, y tiene, como digo, ráfagas de Cousteau en su visión consternada del planeta. Lloró en el Parlamento Europeo, y en Davos reprendió a los adultos más poderosos del mundo. Thunberg es la horma del zapato de Trump: que escuche a la ciencia, le dice. El 27 de este mes que empieza hoy se hará una huelga mundial por el clima.
Ese mundo contrahecho puede ser inhabitable en breve, acaso en 2030, cuando ella tenga 26 años y la Tierra no tenga remedio. Hace un año, un 20 de agosto, viernes, faltó a clase y se manifestó a solas delante del Parlamento unicameral de su país (Riksdag, en Estocolmo), bajo una ola de calor y una cadena de incendios nórdicos que arrasaron 20.000 hectáreas. Como si una niña canaria hubiera hecho lo mismo en la calle Teobaldo Power tras el fuego en Gran Canaria. “Nuestra casa está en llamas”, denunció Thunberg, que siguió fugándose los viernes del colegio con el mismo fin hasta engendrar un movimiento contra el calentamiento global en centenares de ciudades y miles de niños que imitan su gesto. Este último año, millones de jóvenes han salido a la calle en todo el mundo, pero no fueron tantos al principio. En DIARIO DE AVISOS hemos cubierto esas marchas testimoniales y las hemos llevado a Primera, como este sábado la emergencia climática acordada por el Gobierno precisamente un viernes siguiendo los pasos de La Laguna el 17 de julio. Es un asunto medular en nuestro diario ideario. Inspiró antes un festival de cine ecológico en el Puerto de la Cruz en los años 80, y a colectivos como el MEVO, ASCAN, ATAN o Ben Magec, y las campañas de Radio Club contra los enterramientos radiactivos en nuestras fosas marítimas. El mismo que alentó la guerra del petróleo en junio de 2014, o contra las torretas de Vilaflor en noviembre de 2002… Es lo que Al Gore llamó una verdad incómoda.
Ahora nos incitan los incendios forestales este verano. Los incendios son producto del calentamiento global, no por la intuición de una niña con asperger, sino por los informes del panel intergubernamental sobre el cambio climático, IPCC. Canarias declara esta emergencia climática, entre otras razones, por las pruebas indiciarias de los últimos incendios. Venimos de la mitología y los halagos de los viajeros, de los jardines de las Hespérides y de Humboldt, del aprecio de los clásicos y de nuestros propios profetas en su tierra, aquellos y estos, de Manrique a Wolfredo Wildpret. El viernes, Wildpret nos recordaba cuando 20 años atrás pidió una ayuda al Gobierno para instalar una placa solar en su casa y ducharse con agua caliente de energía limpia. La crisis climatica es la mayor crisis a la que se ha enfrentado la humanidad -dice la niña sueca-, y tiene fácil solución, pues bastaría con evitar las emisiones de gases de efecto invernadero, si no fuera porque nuestro mundo basa su desarrollo en la destrucción del planeta mediante la quema de combustibles fósiles. Es la pescadilla que se muerde la cola. Bolsonaro quiere pavimentar el Amazonas y las queimadas le vienen al dedillo. Los lobbies son los lobos de este cuento de Caperucita Roja que protagoniza nuestra ecoheroína con trenzas.
¿Estamos a tiempo? Por suerte el cambio climático también es un negocio, admite Wildpret de la Torre. Poblar las azoteas de paneles solares; fomentar la producción mundial de coches -y pronto aviones- eléctricos; limpiar océanos y atmósferas con futuros inventos a gran escala; adaptar la industria turística a las exigencias ecológicas del nuevo usuario… son un colosal negocio. ¿Quién dice que los niños no ganen felizmente esta batalla de la sociedad civil, y un viernes cualquiera canten victoria estos geniales Pokémon que no se dejaron capturar?

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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