Cuando Hitler y Churchill cortejaban a Canarias

El interés estratégico de alemanes e ingleses (y no sólo de ellos) por Canarias no es ninguna novedad. Hoy se cumple un nuevo aniversario de la entrevista Franco-Hitler en Hendaya, el 23 de octubre de 1940, donde la Alemania nazi puso sobre la mesa su preocupación prioritaria por el papel de las islas y su vulnerabilidad.

En reiteradas incursiones políticas, incluso de carácter secreto, o científicas se ha puesto de manifiesto ese grado de seducción por las Islas de parte de las potencias. El citado 23 de octubre de 1940, Hitler habló de ello con Franco abiertamente en la célebre cumbre que mantuvieron en el vagón del Erika, el tren del führer, en la estación fronteriza francesa de Hendaya. Estaba en su apogeo la II Guerra Mundial, y al alemán le preocupaba que los ingleses se adueñaran de las islas.

En aquella cita de jefes de Estado se pusieron las cartas boca arriba. Hitler mostró su trío de ases: Gibraltar, Marruecos y Canarias. Las tres cosas que más le interesaban, y las tres en relación con los ingleses, que, aunque atravesaban por serias dificultades, podían, a su juicio, apoderarse del Estrecho y de las Islas para controlar la navegación en ese punto neurálgico del Mediterráneo y del Atlántico en cuanto a África. Hitler trató de halagar a Franco espoleando sus demandas sobre Gibraltar y Marruecos.

Franco trató de escabullirse con una larga perorata sobre la maltrecha economía española tras la onerosa guerra civil (antes había pedido ayuda alemana en forma de trigo y combustible). La pretensión de Hitler era modificar la posición española de “no beligerancia” por otra de activa participación con el Eje en la guerra a partir de enero de 1941. El gallego daba vueltas y rodeos, con largas digresiones sobre los bolsillos vacíos de los españoles y las alicaídas fuerzas tras el conflicto desgarrador del 36 al 39, y consiguió, probablemente, desesperar al dictador alemán con sus circunloquios, pues Hitler comentó después a Mussolini que prefería sacarse “tres o cuatro muelas” antes que aguantar aquel sermón de reclamaciones territoriales, a su juicio, desmedidas (Incluían el Rosellón o Cataluña francesa, Orán y todo Marruecos hasta el paralelo veinte). Hitler tenía un pobre concepto de Franco, “un corazón valeroso, pero un hombre que sólo por carambola se ha convertido en jefe. No tiene la talla de político, ni de organizador”.

Con todo, si bien a Franco lo que le interesaba era dar largas a Alemania convenciéndole de que sumar a España a la contienda le saldría muy costoso en subvenciones, ayudas y pertrechos, el español intentó, es cierto, por todos los medios arrancar un compromiso a Hitler de que le cedería, al menos, el Marruecos francés una vez finalizada la guerra. Pero el führer no quería incomodar con semejante hipoteca al régimen acólito de Vichy. Y fue ésa –por encima, seguramente, de la soberanía en juego de Canarias- la razón por la que se cerró en banda y se dedicó a marear la perdiz.

CANARIS Y FRANCO

Bien es cierto que un destacado miembro del aparato nazi, el jefe de inteligencia (de la Abwehr, del Estado Mayor de las fuerzas alemanas entre 1921 y 1944) Wilhelm Canaris, del que constan varias visitas a las islas, pudo influir en Franco confesándole la impresión personal de que Hitler no iba a ganar la guerra, algo que casi nadie habría suscrito por aquellas fechas de su expansión.

Canaris siguió de cerca, desde los orígenes del golpe de Estado del 18 de julio, los pasos de Franco, su alojamiento en el Hotel Madrid de Las Palmas, su viaje en el Dragon Rapide a Marruecos y demás movimientos, y llegó a tener una relación de amistad con el dictador. En cierta ocasión, el famoso espía inglés Kim Philby (acusado más tarde de doble agente al servicio de Stalin y por éste, a su vez, de triple agente fiel a los británicos, dentro de una paranoica lectura de lealtades en aquel escenario bélico) se lo tropezó de frente en la calle Triana, y en sus memorias dejó escrito que “no le pegué un tiro allí mismo porque tenía órdenes expresas de Sir Winston (Churchill) de no hacerlo”.

Como debía de sospechar el primer ministro británico, Canaris, en realidad, no simpatizaba con Hitler y podía convertirse en un útil ‘enemigo en casa’. Cuando fracasó la Operación Valkiria y el führer sobrevivió al atentado, fueron ejecutados sus responsables, entre ellos Canaris.

Canarias no era una idea exclusiva de los alemanes, como sospechaba Franco. Simultáneamente, a mediados del mismo año (1940), los ingleses planeaban apoderarse de, al menos, de Gran Canaria y Tenerife en la denominada ‘Operación Pilgrim’. El plan se concebía como respuesta a la posible caída de Gibraltar en manos alemanas; Gran Canaria sería la base de reemplazo, y en Tenerife se establecería la guarnición militar. También comprendía la toma de Cabo Verde “y una de las Azores”. Finalmente, Franco reculó al ver la deriva de la guerra y poco a poco abandonó su postura oficial, que era filonazi, y los ingleses perdieron interés en Canarias.

 

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

Añadir comentario