Esperanza Aguirre, exclusiva en Tenerife

La política española no siempre lucía corbata en el traje de etiqueta oficial, así como Arabia Saudí abrió este viernes sus puertas a turistas extranjeras con visado y sin abayas. Pero sí cabe decir que en el último cuarto de siglo hubo pocas mujeres en la derecha española con papel preodominante, no secundario, sino casi estelar como Esperanza Aguirre, en cuyo look encaja el fular al estilo de Christine Lagarde. Siendo escasa la presencia femenina en la gran escena pública bajo los focos de la política nacional, el caso de Esperanza Aguirre eclipsaba buena parte de la nomenclatura masculina que disputó tras la dictadura el juego de tronos de la democracia. Mujer, y no cualquier mujer, expresión fehaciente de una tendencia de igualdad que, al comienzo de esta etapa, tuvo que fajarse con líderes de todo el espectro ideológico que miraban con desconfianza la irrupción femenina que desafiaba hegemonías atávicas. Aguirre, la cólera de Dios, en la selva amazónica de la política española. Ha habido en estos lustros de titanomaquia política sin tregua, además de titanes y olímpicos, algunas amazonas memorables, y Esperanza Aguirre es una de las más aguerridas. Aún en el retiro voluntario de un autoexilio quien sabe si provisional, Aguirre se define sinceramente en una de las tantas perlas que deslizó el jueves en el Mencey: “Rajoy es alguien encantador a quien no le gusta meterse en líos; a mí, sí”.

Y esta política de raza, jefa sin poder momentáneamente, que ha vivido travesías de mando en plaza y oposición, y que ahora, antes de medir sus fuerzas con testigos y fiscales, vino a Tenerife a romper su silencio en el Foro Premium de DIARIO DE AVISOS, no defraudó. En la entrevista de Jorge Berástegui que podrán leer en las siguientes páginas asoma la indómita lideresa que no se resiste a empuñar su ideario como si el 10-N la estuviera esperando. Podía haber declinado la invitación de abril, que fue el mes en que se concertó la cita del foro en Tenerife (el juez la imputó en agosto), pero la eviterna gladiadora no hizo ascos a la ocasión de manifestar en público cuanto piensa decir en los tribunales. Política, pero licenciada en Derecho, midió las palabras y los tiempos. Fue abrir la boca en el Mencey y propagarse por toda España la reaparición en la isla de la exdirigente irredenta que no deja indiferente a nadie.

Si Esperanza Aguirre hubiera sido yanqui o inglesa -esto último, sobre todo, por vocación- estaríamos ante una Hillary o una Thatcher. Pero se retiró antes de cumplir los setenta y ahora solo cabe que vuelva como Cristina Kirchner o como el gran Churchill si Churchill hubiera sido mujer, habida cuenta que a ella no le importaría esa reencarnación. Este periódico la tuvo el jueves en casa, la recibió y la acogió en el Foro Premium. Era como una secuela del invitado anterior, dado que Rajoy había venido un junio, un año después de retirarse, y con ello había roto un largo silencio, y Aguirre, su némesis más entrañable, también reaparecía, ya jubilada y exenta de cargos públicos, para hablar por primera vez tras la imputación del juez Garcia-Castellón. Este foro era un déjà vu en toda regla. Son cosas que dispone el azar. Aguirre, un lince en materia mediática, se impuso guardar silencio sobre su imputación en el caso Punica para reservarnos – en sus propias palabras- “la exclusiva”.

Esperanza Fuencisla -su nombre de pila- es una de las biografías políticas con las que hemos discurrido por 30 años de la amada democracia con alternancias del PSOE y el PP hasta que en 2015 el bipartidismo pareció sucumbir como en otros países de nuestra órbita. Nadie con sus arrestos surge todos los días en mitad de una nube de cañones y sale con vida siendo mujer y no hombre, condesa y no conde, de derechas y no de la movida progre, aunque ella , por cierto, sea prima de Ouka Leele. Tampoco todos los días alguien así pierde un zapato y se libra a toda pastilla de un atentado terrorista en un hotel de Bombay -acaba de estrenarse la película Hotel Mumbai- ni se precipita en un helicóptero en una plaza de toros y le ve los cuernos al morlaco en el ruedo, antes de vencer a un cáncer. Las hazañas políticas de esta mujer la hicieron heroína y villana, era una pionera de género al frente del Senado y fue una presidenta de Madrid que se batía el cobre con Gallardón -otro huésped de los foros- y con quien hiciera falta, En el PP de Aznar era una ministra que volaba sola y en el PP de Rajoy era una amenaza permanente, en un cul de sac. Aguirre, en el rincón oscuro, en un callejón sin salida, se las arreglaba para salirse con la suya aunque le hicieran luz de gas. Quería el puesto, la cabeza y esperaba su turno, encadenando mayorías absolutas en su feudo de Madrid, pero Rajoy la sabía capaz de eso y de más, de ser presidenta y lo que se propusiera, y, llegado el caso, cerró el paso a los dos, a ella y a Gallardón. Ambos competían -sin éxito- por ir en las listas del Congreso. Rajoy no les abrió esa espita. Lo que cuenta en Yo no me callo (Rajoy desideologizó al PP) lo reiteró en el foro y en la entrevista de esta edición. El PP perdió millones de votos por su indefinición, sostiene, y renueva sus reproches al expresidente por un discurso en Elche, antes del Congreso de Valencia, en el que invitó a liberales y conservadores a marcharse del PP. De entonces viene, a su juicio, el porqué de Vox. Y ahora solo encuentra un camino tras el cuarto intento electoral de los últimos cuatro años: una coalición entre el PSOE y el PP. Como hacen los alemanes, que practican el abrazo del oso, habida cuenta que en Italia en los años 70 ya hasta los comunistas de Enrico Berlinguer auspiciaban un compromiso histórico para facilitar el gobierno a la democracia cristiana con tal de alejar el fantasma del autoritarismo, que entonces preocupaba en Europa.

Un foro con Esperanza Aguirre en persona, el día que hace público su pliego de descargo antes de comparecer ante el juez, es una gran oportunidad informativa que ha reportado una enorme trascendencia al Foro Premium de esta casa. Como la vez que Luis de Guindos reveló los entresijos del no de Rajoy al rescate de la crisis, o aquella otra en que Monedero accedió a un auditorio de empresarios cuando Podemos prometía asaltar los cielos y el Ibex35 le puso la cruz hasta hoy. O cuando Garzón bajo a la tierra y se mostró en carne y hueso tras una vida con la toga al cuello perseguido por ETA. El destino de esta mujer no está escrito; queda en su impronta anglófila de devoradora de plenos de Westminster, y en sus lisonjas a Casado, al que un día dio la carta de libertad en su equipo para ver mundo y aprender de asistente de Aznar. Aguirre dice que no se ha ido de la política, sino de la primera línea. Y el que avisa no es traidor.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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