La Primavera de la aldea global

La ola de manifestaciones que recorre América y atraviesa medio mundo, siguiendo la estela de los chalecos amarillos de París, en lugares distantes como Líbano, Irak o Cataluña, describe una suerte de Primavera multinacional bajo el aliento de una protesta heterogénea. El millón de chilenos que desafió a Piñera no tiene precedentes cercanos en un país que transitó una dictadura y albergó una democracia ortodoxa con una pasividad constructiva digna de una flema anglosajona que resaltaba en el entorno bronco de los países vecinos.

El presidente, Sebastián Piñera, un millonario conservador que regresó al poder tras protagonizar episodios tan mediáticos como el rescate de los mineros del desierto de Atacama en 2010, chocó con los ciudadanos a mediados de este mes cuando aumentó el precio del metro de Santiago. La medida desató manifestaciones, disturbios, incendios y saqueos, y fue decretado el estado se emergencia. La crisis -la subida del transporte fue revertida y el estado de excepción fue levantado ayer- derivó en un estallido social por el cúmulo de agravios en pensiones, sistema de salud, problemas educativos y casos de corrupción. La clase drigente de Chile se había olvidado de los problemas de la gente. “No es por 30 pesos, es por 30 años”, coreaban los alzados estos días en las calles de la capital.Nunca se sabe cuál es la gota que colma el vaso, pero en Canarias a menudo nos hacemos la pregunta sobre el límite de tolerancia de las desigualdades, a la luz de informes como el de Foessa que ha dado a conocer Cáritas para asombro de los incrédulos.

América es un espejo de los desagües de la democracia. Vuelve el peronismo al poder en Argentina tras sentirse amenazada por la justicia Cristina Fernández de Kirchner, y es inevitable recordar al soberanismo catalán pisando el acelerador al destaparse los escándalos de corrupción de Jordi Pujol y su venable dinastía.

En Irak se multiplican los muertos y heridos en las revueltas de Bagdad y varias provincias del país contra las reformas del Gobierno y las redes de corrupción de una élite política que se encaramó en el poder tras la invasión estadounidense sobre los escombros del régimen de Sadam Husein. En Líbano la gente se echó a la calle con coches y muebles, y una campaña invita por las redes sociales a dejar “un millón de vehículos en las calles”, como si las carreteras, con coches estacionados a ambos lados, convirtieran a Beirut en un gran aparcamiento al aire libre para boicotear la circulación. El objetivo de esta masiva contestación popular es echar un pulso, asimismo, a la corrupción.

En Hong Kong la revolución de los paraguas contra la reforma electoral de esta región bajo administración especial de la República China se erige en una referencia para otros tantos focos de este pandemónium internacional. Sin ir más lejos, han querido emularla en Cataluña, donde ayer se vanagloriaba Elisenda Paluzie, la presidenta de la ANC, de los altercados violentos, pues “hacen visible el conflicto”, dijo.

De América a Africa y Asia pasando por París y Barcelona esta ráfaga de movilizaciones está invitándonos a hacernos preguntas. ¿Qué está pasando en el mundo? ¿Quién ha tocado el pito y desde qué instancias y por qué medios y con qué fines últimos? Buenas y falsarias intenciones se mezclan en esta orgiástica invasión de las calles de la aldea global que nos ronda y nos interroga.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

Añadir comentario